Opinión

Google y nuestro Plan de Lectura


Mientras América Latina enfrenta el reto de avanzar hacia un proyecto alternativo frente a una propuesta del motor de búsqueda Google, en Internet (que aspira a digitalizar el contenido de bibliotecas enteras), el Instituto Nicaragüense de Cultura apenas empieza a moverse perezosamente en un Plan Nacional que intentará promover la lectura como herramienta básica para el crecimiento del país.
El director de la Biblioteca Nacional de Francia, Jean-Noel Jeanneney, realizó hace poco una gira para instar a Latinoamérica y a otras regiones a sensibilizarse sobre la necesidad de digitalizar su patrimonio literario como respuesta a Google, que anunció que realizaría este procedimiento con 15 millones de libros. Aunque en nuestro caso, nuestras principales bibliotecas públicas (incluyendo la moderna y cómoda del Banco Central) ni siquiera cuentan con los archivos microfilmados de los que desde hace décadas disponen casi todas las bibliotecas y hemerotecas del mundo.
El INC pretende aprovechar la existencia de una relativamente joven Red Nacional de Bibliotecas en la mayoría de los municipios del país. Su programa de lectura supuestamente arrancó el pasado 31 de marzo en la biblioteca pública Augusto C. Sandino, de Niquinohomo, y será ejecutado durante cinco años, tiempo en el cual nuestras autoridades culturales esperan estimular el hábito de la lectura entre los nicaragüenses. Bien por el INC, y les deseamos suerte. Pero ya es tiempo de modernizar también el acceso a nuestras fuentes de investigación y documentación en las bibliotecas nacionales, departamentales y universitarias. Hay que buscar fondos con urgencia.
Aires de familia
Pasando a otro asunto relacionado con la lectura, pero en este caso de la imposibilidad de leer, al menos por ahora, la poesía completa de Carlos Martínez Rivas, supimos que la familia del escritor mexicano Juan Rulfo demandará a la asociación civil que, junto con la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, maneja el premio literario hispanoamericano que lleva el nombre del autor de “Pedro Páramo”.
La FIL hizo pública hace unos días, como cada año, la convocatoria para el premio, a pesar de la oposición de los sobrevivientes del autor de “El llano en llamas”. Y lo que se viene ahora es un pleito terrible.
El último escritor en recibir el prestigiado premio fue el español-mexicano Tomás Segovia, cuyos méritos son indiscutibles. Sin embargo, el pobre, en medio del bochinche, parecía más bien avergonzado por recibirlo en semejantes circunstancias.
El pleito por el nombre y los derechos de Rulfo nos hace recordar un conflicto parecido, del cual hemos sido testigos aquí y que mantiene en el “limbo editorial” la publicación de toda la poesía de Martínez Rivas.
Los bandos están divididos en cuatro: Por un lado, el hijo mayor del poeta, enfrentando legalmente a su madre y a la editorial Hispamer (que encargó a Álvaro Urtecho el prólogo y la edición de la obra), mientras la flamante viuda del escritor prohíbe a su hijo cualquier trato con la editorial, y hace extensiva la prohibición a la UNAN-Managua, que también encargó al poeta Pablo Centeno Gómez otra edición de la poesía de Martínez. Otro pleito terrible.
Creemos que una posible solución salomónica sería la aprobación de ambas ediciones por separado. Me parece que nadie saldría perdiendo.