Opinión

Diálogos con la tradición - CULTURA


Desde Puerto Rico, donde Edmundo se encuentra pasando unos días, algo lejos de la Universidad donde enseña Literatura en Estados Unidos, y un poco más lejos de su Bolivia natal, bajo los focos de los medios de comunicación en la actualidad, nos dedicó esta entrevista donde conversamos de su próxima novela, de sus influencias y cómo no de otras cosas: Evo Morales, la función de los escritores en América Latina...
-Edmundo, cargas con dos títulos desde hace algún tiempo: ser el autor boliviano más conocido, y como representante de la literatura joven latinoamericana, además eres el más ortodoxo de todos, el más tradicionalista. ¿Te sientes cómodo con todo ello o reniegas de alguno de esos títulos?
“Jamás hay que renegar la tradición. Lo que hay que hacer es tratar de que ésta dialogue con nuestras preocupaciones de hoy. Eso es lo que he tratado de hacer en mis últimas novelas. En ellas aparecen paisajes, temas y personajes poco transitados por la literatura latinoamericana, y por ello poco tradicionales: piratas informáticos, realidades virtuales, el impacto de las nuevas tecnologías en la vida cotidiana. Pero me parece que todo eso puede quedarse en meros fuegos de artificios, si no están anclados a las preocupaciones de todos los tiempos. Por suerte, en literatura la pólvora se descubrió hace mucho tiempo. Mi nueva novela, “Palacio Quemado", que Alfaguara publicará en octubre: es la historia de un intelectual que le escribe los discursos al presidente de Bolivia en momentos de una gran convulsión social.”
-Para un joven escritor, los premios son una forma de salir adelante. Tú eres un autor premiado. Ante la debilidad de la distribución editorial en Latinoamérica ¿no hay otro recurso que el premio?
“En el caso de un escritor boliviano como yo, los premios me ayudaron a que mi obra se difundiera más allá de Bolivia. Me imagino que algo similar ocurre con los escritores centroamericanos. En la literatura que se escribe en español, el premio es una suerte de atajo, algo que permite que te conozcan más rápido de lo que suele ocurrir si no eres escritor mexicano, argentino o español”.
-Es una obra muy amplia para tan pocos años de vida y de escritor. Las nuevas tecnologías, la revisión del pasado o su carga han sido tus temas, tus obsesiones. ¿Seguirás cazando esa presa o estás cambiando? ¿El paso por España te ha cambiado en algo?
“No creo que el paso por España me haya cambiado mucho. Pero sí siento que por ahora las preocupaciones tecnológicas las voy a dejar de lado. Estoy fascinado por temas políticos, pensando en la situación histórica de cambio que vive mi país. De eso trata mi nueva novela, Palacio quemado, que Alfaguara publicará en octubre: es la historia de un intelectual que le escribe los discursos al presidente de Bolivia, en momentos de una gran convulsión social.”
-De tu obra aún me da escalofríos la novela Sueños Digitales, por la forma en que se puede trastocar el pasado. ¿Todavía se puede convertir un dictador en un demócrata?
“En Bolivia esto ha ocurrido de verdad. Al hecho de siempre de que nuestras sociedades no tienen mucha memoria se añade el peligro de que las agencias de marketing han perfeccionado las técnicas de manipulación de imagen hasta al punto de hacerte creer que ese cruel dictador de apenas años atrás es un demócrata converso”.
-Has criticado el distanciamiento político y social de los escritores de los noventa. ¿Sigues pensando que ese distanciamiento es negativo? ¿Para quién, para los escritores o para los países?
“Creo que en los noventa intentamos rebelarnos contra ese compromiso con la realidad política-social que es una de las grandes tradiciones de nuestra literatura. Ahora pienso que rebelarse por el hecho de rebelarse no sirve de mucho; la tradición tiene cosas buenas para rescatar, te puede enseñar cosas. El asunto es vivirlo auténticamente. Creo que en mi generación hay espacio para escritores desinteresados del tema, pero eso no debería convertirse en dogma. De otro modo reemplazamos un estereotipo con otro estereotipo”.
-Has vivido fuera mucho tiempo y vuelves siempre a Bolivia ¿Cómo se ve el país en esta forma de ida y vuelta? ¿Tienes ahora más interés en volver?
“Hace más de veinte años que vivo lejos de Bolivia, pero no paso mucho tiempo sin volver. Me gusta el vaivén. Cuando estoy en los Estados Unidos extraño Bolivia, y dos meses después de estar en Bolivia extraño los Estados Unidos. Creo que esa inestabilidad te da la mejor perspectiva como escritor: mirar siempre las cosas como si fueras extranjero. Así, nada te parece natural. No me interesa volver a vivir a Bolivia, pero sí he estado siguiendo muy de cerca el proceso de cambio político y social y he estado viajando mucho a mi país”.
-¿Viste la entrevista interrumpida de Evo Morales con Jorge Ramos? ¿Qué piensas de ese gesto? Lo digo por tu interés en los medios de comunicación y su influencia en la sociedad, además de en la literatura…
“No la vi”.
-Bueno, es que en realidad no pudo emitirse porque fue interrumpida por el propio Evo cuando Jorge Ramos intentaba llevar la entrevista a opiniones sobre Cuba y sobre la coca. ¿Dónde se posiciona ahora el autor ante la victoria de Evo Morales, ante el ascenso por primera vez al poder de movimientos de trabajadores e indígenas? ¿Qué le queda por decir a un escritor?
“Lo de Evo Morales me parece un fenómeno importante, hasta necesario para Bolivia. Yo quisiera mantener mi independencia, para poder ser un testigo crítico de lo que está ocurriendo. Alguna gente que ha leído mis artículos sobre el tema dice que soy "anti-Evo", otros dicen que defiendo al Evo. Eso me gusta: tener la libertad de poder aplaudir y criticar a Evo al mismo tiempo. Hay mucho por decir todavía: esto recién comienza y los escritores e intelectuales debemos registrar este proceso, analizarlo, diseccionarlo. Evo no debería recibir elogios fáciles sólo por el hecho de que es el primer presidente indígena de Bolivia. Y las críticas tampoco deberían ser gratuitas”.
-Recordamos la antología Se habla español con Alberto Fuguet sobre las nuevas voces latinas en Estados Unidos. ¿Crees que lo nuevo está allí?
“Las antologías son más recordadas por lo que dejan afuera que por lo que incluyen. Con todo, siento que Se habla español recogió muchas voces que hoy ya están consolidadas, y se atrevió a sugerir que una parte importante de la literatura latinoamericana se escribe hoy en inglés. Ese tema, creo, no ha sido debatido como debería ser”.
-La generación del “crack” mexicano supuso una ruptura importante y se crearon muchas expectativas de la nueva narrativa latinoamericana a partir de la publicación de En busca de Klingsor (de Jorge Volpi). ¿Crees que sólo se trató de un movimiento editorial o realmente es un nuevo camino?
“Fue un nuevo camino, siempre que recordamos que Octavio Paz decía que una de nuestras grandes tradiciones es la de la ruptura. En todo caso, 1996 fue el año de Macondo y el crack. En el caso específico del crack, creo que hubo un intento explícito por romper con esa tradición muy latinoamericana de pedirle al escritor que dé cuenta de la esencia de su región, país o continente. El crack rompe la atadura de la novela con la nación. Por supuesto, esto ocurre antes en América Latina, hay muchos ejemplos de ellos, pero se intensifica en nuestra generación. El crack es uno de los puntales para que ello ocurra”.
-Asimismo, la novela ha perdido capacidad de representación del mundo. La novela de Latinoamérica todavía no tanto, pero también. ¿Qué papel le queda ahora a la novela en medio de un mundo de nuevas tecnologías que cambian todo vertiginosamente?
“La novela tiene una distancia crítica e irónica sobre el mundo representado que otros medios no tienen. En este momento de gran confusión, en el que muy fácilmente nos descentramos, la novela podría, gracias a su perspectiva crítica, ayudar al individuo a resituarlo en medio del caos mediático en que vivimos”.
-Siempre se habla de referentes literarios muertos, pero cuáles son tus autores vivos más importantes o preferidos. ¿Javier Marías y...?
“Marías, Vargas Llosa y Philip Roth, en cuanto a afinidades. Autores preferidos vivos, otros más: Sergio Ramírez, Ian McEwan, Alice Munro, Neal Stephenson, Ricardo Piglia… Podría seguir...”
-Pero entre lo más nuevo, ¿podrías decirme dos autores latinoamericanos o españoles que hayas descubierto en el último año y que te hayan sorprendido?
“Eduardo Halfon, por El ángel literario. Horacio Castellanos Moya, por Insensatez. Dos centroamericanos: esto, lo prometo, no es demagogia”.

* Tomado de Carátula (www.caratula.net)