Opinión

El derecho al aprendizaje permanente


Ph.D.IDEUCA

Cada vez con mayor seguridad se defiende como fundamental el derecho de toda persona a su educación. La escuela es apenas el espacio-tiempo donde se empieza a cumplir con este derecho. El verdadero espacio-tiempo de la educación es la vida misma. Esta educación sin fronteras aporta otra dimensión al derecho a educarse, se trata del derecho, no a cualquier educación, sino a una buena educación, cuya cualidad intrínseca se debe expresar y realizar en los aprendizajes relevantes y útiles para la realización de cada persona en su dimensión individual y como miembro de una comunidad, sociedad, es decir, de un ciudadano de calidad. Esta trayectoria nos conduce a profundizar aún más el sentido y ámbito del derecho a la educación en cuanto que este derecho acompaña a la persona a lo largo de toda su vida, es decir, se convierte en derecho a la educación permanente.
Hoy en día el derecho a la educación es no sólo el derecho al aprendizaje, sino el derecho al aprendizaje a lo largo de toda la vida o aprendizaje permanente. Es la tesis teóricamente indiscutible del Informe Delors bajo el título “La educación encierra un tesoro” (Unesco, 1996), tesis que en nuestro tiempo tiene un sólido fundamento.
Estamos en una era de crecimiento exponencial de la información y el conocimiento en todos los campos y de diversificación sin precedentes de los espacios, medios y lenguajes para la producción, circulación y uso de la información y el conocimiento. El nuevo orden económico globalizado exige renovar las miradas, los conocimientos, las habilidades, los valores y las actitudes personales y sociales para comprender, enfrentar y superar los problemas y aprovechar las posibilidades de estos nuevos escenarios. En este contexto de notable ampliación de lugares y herramientas para aprender, incluyendo las modernas Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), surge el aprendizaje a lo largo de toda la vida como una necesidad y un principio rector de la sociedad del siglo XXI, llamada “sociedad del conocimiento”, según la Unesco.
Nunca estuvo tan cerca y a la vez tan lejos la posibilidad del aprendizaje permanente para todos: cerca para quienes pueden acceder a los múltiples espacios y recursos contemporáneos de aprendizaje, lejos para la inmensa mayoría que no tiene acceso a ellos, ni siquiera al sistema escolar y al libro. En plena “sociedad de la información”, la brecha --de información, de conocimiento, de educación-- se agranda entre ricos y pobres.
La pobreza es la línea divisoria que excluye a grandes mayorías de la sociedad de la información y del conocimiento.
El aprendizaje a lo largo de toda la vida o aprendizaje permanente reconoce dos dimensiones interrelacionadas y la necesidad de potenciar y articular ambas: (a) qué aprendemos a lo largo de la vida (desde el nacimiento hasta la muerte), y (b) qué aprendemos a lo ancho de la vida (en todos los espacios, siendo el sistema escolar apenas uno de ellos).
Aprendizaje permanente y aprendizaje de jóvenes y adultos. A pesar de que la edad adulta es la más larga en la vida de una persona, ésta ha sido despreciada en términos educativos, bajo el supuesto de que “la infancia es la mejor (si no la única) edad para aprender”. Por ello, a la comunidad vinculada a la educación de jóvenes y adultos (EDJA) le ha tocado defenderla desde la educación no-formal, la educación continua y, en general, el más allá de la “edad escolar”.
En verdad, para los fines del aprendizaje y en el marco del aprendizaje a lo largo de toda la vida, existen múltiples oportunidades educativas. Por otra parte, la propia tradición de la Educación Popular destaca su impacto (personal, familiar, comunitario, social, político) en dimensiones tales como la concienciación y el empoderamiento, la participación y la organización comunitaria, la emancipación y la transformación social.

Aprendizaje permanente y primera infancia
No existe solamente un “después del sistema escolar” --en el que tiende a centrarse la educación de jóvenes y adultos-- sino también un “antes del sistema escolar”. La primera infancia es un período de aprendizajes esenciales y la familia continúa siendo el primer gran laboratorio formativo en la vida de las personas. La educación inicial es educación para la vida, no simplemente educación pre-escolar, en el sentido de preparatoria para la escuela, que es en lo que se ha convertido en la mayoría de países y pensada como una estrategia para ayudar a los niños y niñas pobres a “reducir el riesgo de fracaso escolar” (sic). Precisamente, en el marco del aprendizaje a lo largo de toda la vida se encuentran y potencian mutuamente los niños pequeños (pre-escolares, desde la óptica escolar) y las personas adultas (post-escolares, desde esa misma óptica), los dos grupos más discriminados, precisamente por estar ubicados en los extremos del espectro vital y del sistema formal. Aquí se da el marco propicio para desarrollar una nueva propuesta de educación inclusiva, capaz de romper con la edad como factor de discriminación, promover el aprendizaje intergeneracional y volver a juntar lo que nunca debió separarse: la educación y el aprendizaje de la familia como unidad, de hijos y padres, nietos y abuelos.

Aprendizaje permanente y TIC
Con todos los riesgos que ya se advierten y debaten, las TIC pueden ser aliados importantes para el aprendizaje de niños, jóvenes y adultos y de los propios docentes. Telecentros, infocentros, cabinas telemáticas y comunitarias y diversas formas de cyber cafés populares en los que interactúan aprendices y usuarios de todas las edades, no sólo en zonas urbanas, sino cada vez más en semi-urbanas y semi-rurales, vienen multiplicándose y popularizándose, generando nuevos espacios, modos y lenguajes de encuentro entre personas de todas las edades y prestándose para variados usos personales y sociales.
La educación-aprendizaje a lo largo de toda la vida entraña una concepción de persona en permanente perfeccionamiento, porque la persona es y se va haciendo día a día al ritmo de su vida.