Opinión

La muerte de la solidaridad


Desde los éxodos bíblicos, el mundo se mueve constantemente. Debido a la pobreza y marginación, que resultan de la falta de políticas integrales de desarrollo por parte de los gobiernos de nuestros países, muchas personas en el mundo nos vemos obligadas a abandonar nuestras familias para ir en busca de oportunidades de supervivencia.
Los destinos o capitales de la esperanza, como se les ha llamado a los destinos principales de la emigración en el mundo, no nos esperan con los brazos abiertos, y muchas veces nos ofrecen mayores dificultades que las que dejamos atrás.
En estos países, las personas ven a los foráneos como amenaza a su estatus y seguridad personal, y la expresan en xenofobia o miedo, a través de acciones violentas en contra de los nuevos vecinos, pero también a través de exclusión y marginación de comunidades que se forman en los países destinos de la emigración, ya que con la emigración aumenta el temor a una sociedad multicultural o el surgimiento de sociedades paralelas.
Este rechazo y odio a los extranjeros se deriva de la educación y valores que se nos transmite a través de todos los medios. Los medios y los estados son responsables. Los estados porque deberían definir políticas de desarrollo para sus poblaciones, de tal manera que las personas no tengamos que emigrar hacia otros países y los medios porque enfatizan los prejuicios y clichés o estereotipos que hay sobre los extranjeros o inmigrantes, como ladrones o usurpadores de espacio, como seres de categoría inferior.
Es así también que las formas de vida multiculturales se agotaron hace tiempo debido a una convivencia indiferente. Por eso se ha derramado la copa en países como Francia, principal destino de árabes y africanos, o Estados Unidos, destino de inmigrantes latinoamericanos, o Costa Rica, para los nicaragüenses.
En estos supuestos nuevos hogares la xenofobia alcanza niveles de terror, violencia y fanatismo. La muerte de la solidaridad la entenderemos como uno de los efectos de la globalización.
Muchas personas sufren la xenofobia a través de bajos salarios, condiciones de explotación, explotación sexual y abusos. Los jóvenes son las víctimas más frecuentes. Muchas de estas personas están en el limbo, sin documentos no hay forma de alzar la voz. Este limbo también alberga mucha impunidad.
Para personas que llevan muchos años o hasta han nacido y vivido toda su vida en otro país, o a quienes se conoce como inmigrantes de segunda y tercera generación, la pregunta de si están integrados en el país y cómo, así como lo que eso significa, les resultará extraña. Muchas veces cambiar de cultura y de costumbres no basta.
Aunque es visible el progreso económico en las familias que se quedan a la espera de remesas para su supervivencia en los países de origen, ningún bien económico suplanta la unión y el lazo familiar. Los efectos de esta ruptura, separación, escisión, son incalculables.