Opinión

Bitácora


Trivelli, como Stimpson, quiere imponer presidente en Nicaragua

Ayer 4 de mayo, día de la dignidad nacional, se cumplían 79 años de la firma del Pacto del Espino Negro, que todo hace indicar que sigue vivo. En 1927 fue Henry L. Stimpson ahora, en 2006, el embajador Trivelli. Las historias a veces se repiten, pero nunca igual, sino en espiral, como dirían los sociólogos.
El ejército de los Liberales Constitucionalistas acampados en Teustepe tras librar las últimas batallas contra el menguado ejército Conservador se preparaba para emprender la marcha triunfal a la capital, Managua. La intervención del Gobierno norteamericano la detuvo, frustrando la victoria y humillando a los liberales constitucionalistas al comprarles a los combatientes sus armas por diez dólares.
La guerra constitucionalista de 1926 se gestó después del Lomazo ejecutado por el general Emiliano Chamorro Vargas contra el Gobierno Libero- Conservador, fórmula que apoyó don Bartolomé Martínez. Don Carlos Solórzano, conservador; y don Juan Bautista Sacasa, liberal, ganaron las elecciones de 1924; presidente el primero y vicepresidente el segundo. A la anterior fuerza se le denominó la “Transacción”.
La corriente conservadora liderada por el general Emiliano Chamorro Vargas tomó las armas y atacó la presidencia en 1925. Primero se fue don Carlos Solórzano y después fue echado Juan Bautista Sacasa.
Las Fuerzas Armadas de Sacasa regresan al país, Costa Atlántica, el 30 de noviembre de 1926 y se proclama el 2 de diciembre presidente constitucional de Nicaragua. El gobierno de EU reconoce como único Gobierno a su títere Adolfo Díaz, empleado de una trasnacional norteamericana.
En el camino a la victoria total, el ejército constitucionalista encontró un último retén, fuerte, de los conservadores en los alrededores de Teustepe, Boaco. El ministro de la guerra de los constitucionalistas, José María Moncada, pide ayuda a la columna segoviana, compuesta por 800 hombres y que comandaba el general Augusto C. Sandino. En la batalla del común, El Bejuco y Las Mercedes los conservadores son derrotados quedando el camino allanado para la entrada triunfal de los liberales. Aquellos fueron los últimos tiros de la guerra constitucionalista.
Entonces Henry L. Stimpson, representante del imperio se reunió en Tipitapa con Moncada, y bajo la sombra de un Espino Negro firmaron el rendimiento de las tropas constitucionalistas. Corría el 4 de mayo de 1927.
La parte toral del pacto era que se acabara la guerra, que Adolfo Díaz terminara su periodo presidencial y en las elecciones próximas ganaría Moncada la presidencia, elecciones que iban a ser manejadas por los gringos. Y así fue.
La tropa liberal fue desarmada. El desarme humillante se escenificó en Las Banderas, a 48 kilómetros de Managua. Los soldados entregaban a los yankis sus armas y recibían diez dólares.
Todos los generales aceptaron el Pacto de El Espino Negro menos UNO, el general Augusto C. Sandino, quien se fue a las montañas de Las Segovias, desde donde mando a decir que si querían las armas que se las fueran a quitar allá. Así levantó la bandera roja y negra, la dignidad y el decoro nacional.
En la farsa electoral del 4 de noviembre de 1928, Moncada se convierte en presidente. Presidieron las mesas electorales 45 oficiales norteamericanos; y el presidente de la Comisión Electoral fue el general norteamericano Frank Ross McCoy.
A 79 años de aquel 4 de mayo el representante de Norteamérica en Nicaragua, Paul Trivelli, se desplaza públicamente cuestionado al Consejo Supremo Electoral, a partidos políticos y diciendo quién deberá ser el próximo presidente de Nicaragua, obligando a que se vote por la fórmula de corrientes libero-conservadora, oligarquías bancarias y abiertamente pro imperiales. Por lo tanto, los hijos de Sandino y demás nicaragüenses patriotas nos uniremos para levantar en las próximas elecciones la bandera de la dignidad y el decoro de Nicaragua.

Decano de la Facultad de Periodismo de la Uhispam
Correo: trejosmaldonado@yahoo.es.
Managua 2 de mayo, antesala del quirófano.