Opinión

Más papisa que el Papa


El artículo de la señora Élida Z. Solórzano, publicado en la página de opinión del diario La Prensa el sábado 29 de abril de 2006, bajo el sugestivo título ¿Regalo de aniversario?, es una clara muestra de cómo opera el Opus Dei en Nicaragua, una de la sociedades secretas que ejercen poder sobre nuestro país y el mundo. Doña Élida, fiel exponente de la ideología del Opus Dei, se ha caracterizado en su labor de constructora de opinión por claros y contundentes artículos, donde ha atacado toda la ideología feminista en una defensa irrestricta del catecismo católico.
Dicho sea de paso, nunca he leído que nuestras feministas más lúcidas en términos teóricos la hayan confrontado. Las feministas muy astutamente han dejado pasar todo lo que ella afirma desde su fe, para no encarar problemas éticos como el aborto, cuya defensa abierta les crearía problemas políticos en esta sociedad atrasada. Las nicas son las feministas más cómodas o las más interesadas del universo. Problema de ellas. Doña Élida Solórzano, por supuesto, está en todo su derecho de hacer una defensa irrestricta y sesgada de los mandatos de su iglesia, pero nosotros no tenemos por qué tragarnos todo lo que escriba al peso de sus teclas, menos cuando pretende manosear problemas epistemológicos como la relación ciencia y teología o afirmar que Hans Kung es un teólogo de cafetería. ¡Qué soberbia y falta de caridad cristiana!
Hans Kung, teólogo católico al que doña Élida en su farisaica soberbia le niega su catolicidad y toda su capacidad teológica, únicamente está cumpliendo con su fe cristiana y con el mismo mandato papal y aquí podemos citar el acápite 16 de la Encíclica Unt unun sint del mismo Papa Juan Pablo II, sobre la necesidad de reformar constantemente la Iglesia: En el magisterio del Concilio hay un nexo claro entre renovación, conversión y reforma. Afirma así:«La Iglesia, peregrina en este mundo, es llamada por Cristo a esta reforma permanente de la que ella, como institución terrena y humana, necesita continuamente; de modo que si algunas cosas, por circunstancias de tiempo y lugar, hubieran sido observadas menos cuidadosamente [...] deben restaurarse en el momento oportuno y debidamente». Ninguna Comunidad cristiana puede eludir esta llamada.
Si Benedicto XVI ha tenido el gesto cristiano de entrevistarse cuatro horas con su antiguo condiscípulo Hans Kung es porque sabe que, aunque le guste el café, no es un teólogo de cafetería. Y para que doña Élida se muera de envidia, además de recibirlo, emiten una declaración conjunta Benedicto XVI y Hans Kung. En circunstancias que este o cualquier Papa no atendería por cuatro horas a doña Élida, solamente le daría su rosarito, su bendición en una audiencia de minutos y la regresaría a su té canasta.
También Doña Élida Z. Solórzano se ha creído el cuento, todavía oficial, inventado en el papado de Juan Pablo II que la Iglesia Católica es la única iglesia aceptada por Dios y que los católicos son los únicos que van a accesar (palabrita de moda) al Reino de los cielos, como dogmáticamente se afirma en el acápite 14 de la encíclica arriba citada: De acuerdo con la gran Tradición atestiguada por los Padres de Oriente y Occidente, la Iglesia Católica cree que en el evento de Pentecostés, Dios manifestó ya la Iglesia en su realidad escatológica, que Él había preparado «desde el tiempo de Abel el Justo». Está ya dada. Por este motivo nosotros estamos ya en los últimos tiempos. Los elementos de esta Iglesia ya dada existen, juntos en su plenitud, en la Iglesia Católica y, sin esta plenitud, en las otras comunidades, donde ciertos aspectos del misterio cristiano han estado a veces más eficazmente puestos de relieve. El ecumenismo trata precisamente de hacer crecer la comunión parcial existente entre los cristianos hacia la comunión plena en la verdad y en la caridad.
¡Qué señores más terribles, antievangélicos y anticatólicos! Católico precisamente significa universal... Y del mismo evangelio, bástenos recordar la historia del fariseo y el publicano o la parábola del buen samaritano, para enterarnos que no nos salvaremos por judíos o por católicos, sino por nuestras buenas acciones y por la fe. ¿Se imaginan a doña Élida, la farisea, de ama de llaves y portera del cielo en vez de San Pedro? Sólo ella se daría visa de entrada. La señora debe estar copiando la nueva ley de inmigrantes de los Estados Unidos para aplicarla in the heaven door.
Aquí tocamos el problema del dogma de la infalibilidad del Papa. Yo pregunto, si el Papa es infalible y el catecismo católico, por lo consiguiente... ¿por qué Juan Pablo II tuvo que pedir perdón por los genocidios, guerras y matanzas que en nombre de esta fe se han realizado en contra de árabes musulmanes (las cruzadas), indios americanos (conquista y colonización de América) y protestantes (la noche de San Bartolomé o las guerras de sectas cristianas en Europa) e hizo oración por el gran pecado de omisión cometido por un papa Pío XII, a propósito del holocausto judío? Y que los católicos del Opus Dei no vengan con el cuento que es la leyenda negra de la Iglesia inventada por comunistas, apostatas y herejes. Ese muerto no lo cargo yo, la Iglesia misma ha escrito su historia y consta en documentos oficiales.
Otra causa que provoca gracia es la llamada de atención que doña Élida le hace al diario La Prensa como voz oficial del Opus Dei: estoy decepcionada, estamos decepcionados con la publicación del artículo de Kung en ocasión del primer aniversario del papado de Benedicto XVI. ¡Qué pena doña Élida, ese Papa debe estar senil! ¿No cree usted que hay que darle un tecito como a Juan Pablo I?