Opinión

¿Qué se cuece en la red?


Internet es uno de los inventos más fascinantes de la humanidad. No es nada difícil darse cuenta, pero hace sólo diez años había gente dispuesta a ponerlo en cuestión. Este invento va a cambiar el mundo porque permite a millones de personas, simultáneamente, compartir sus descubrimientos y crear una superbase de datos de conocimiento mundial sin precedentes en la historia. Las consecuencias de este “conocimiento compartido” para las ciencias, las letras, la cultura o la forma de ver el mundo son tan abrumadoramente formidables que no se pueden comprender en su totalidad.
Comparar a Internet con una enciclopedia, por muy buena que fuera ésta, es tan reduccionista que roza la ignorancia. Internet es mucho más que eso. La red es una ciudad en la que mil millones de personas, lejos de circular sin más o de leer sin más, comparten lo que saben, lo que piensan, lo que creen. Las páginas personales, los diarios electrónicos, las bases de datos, los foros o los blogs son el producto de una sociedad informada, culta, deseosa de comunicarse y de comunicar al mundo su forma de entender la vida.
Es interesante observar un fenómeno que se está produciendo y que es, también, resultado de todo esto: La red como fenómeno de agitación social.
Hace poco más de un año escribí en el prestigioso diario español El País un artículo titulado La red de pensamiento agitativo, que provocó un aluvión de críticas de unos cuantos sectores aludidos. Recibí más de cuatrocientos correos electrónicos con insultos, descalificaciones y todo tipo de amenazas. En el artículo había manifestado preocupación encuanto a que la red estuviera siendo tomada por un conservadurismo descomprometido, insolidario, insultante, ajeno a la conciliación y al diálogo.
El artículo fue mal comprendido. Debo añadir, en honor a la verdad, que también existe en la red una derecha insolidaria, liberal de principios económicos y sociales conservadores, pero dialogante y constructiva, ajena a lo anterior. Es cierto, sin embargo, que pretendía dar un zarpazo a la conciencia de algunos, pero no es menos cierto, que debía ser un zarpazo mayor contra la sociedad de progreso, idealista, solidaria y pacifista, de la que me siento cercano. Parecía increíble que no hubieran utilizado una herramienta tan poderosa como la red para luchar en igualdad de condiciones por un mundo más justo. El artículo no pretendía ser una excusa para la censura ni de lejos, sino más bien una llamada de atención. Para luchar contra la difamación de la red hay que aumentar y mejorar el nivel de información veraz para que el público, en la maraña web, se tope con la verdad junto a las mentiras. Afortunadamente esto ha cambiado y hoy hay cientos de páginas que equilibran en parte la balanza.
Sí, es cierto que mucha gente aprovecha Internet para insultar y descalificar amparándose en el anonimato. Sin embargo, no hay que llevar a la exageración lo que está sucediendo. La red no es impune a la ley, y el que considere que se ha cometido un delito contra su persona tiene la obligación de denunciarlo y verá la facilidad con la que puede ser perseguido. No deberíamos permitir que este invento tan fascinante se quede en manos de los trolls, pero tampoco ignoremos el derecho a la libertad de expresión. Gracias a él tenemos semejante invento en nuestras casas.

Director de Radiocable.com
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