Opinión

La delgada línea entre la delincuencia y la Policía


Karla Castillo

Me pregunto, con lógico temor, qué separa hoy a la delincuencia de la Policía Nacional, o más bien de algunos de sus altos mandos, en estos tiempos en que parece que cada día salta un caso más que hace dudar de la estatura moral de nuestras autoridades.
Y temo más aún cuando en vez de ver fortaleza en la investigación para “limpiar” la institución del orden se ve por todos lados “paños tibios” para los involucrados, lo que hace dudar de que tenemos una Policía honesta, que vela por nuestra seguridad. Remitámonos solamente a la “justificación” que hizo la inspectora de la institución y posible sustituta del primer comisionado Edwin Cordero, comisionada Aminta Granera.
Renuncia para su investigación
Veamos el caso del comisionado mayor Carlos Bendaña, jefe de la Policía de Managua. En cualquier país del mundo que se precie de acatar sus leyes, este jefe policial debería haber renunciado a su puesto y ponerse bajo investigación, voluntariamente, para no ser juez y parte en el proceso por el esclarecimiento del asesinato atroz del empresario del espectáculo, Jerónimo Polanco, y por muchos detalles más de este escabroso y penoso caso que se mantiene en la opinión pública.
Sin embargo, Bendaña se ha escudado en su puesto y estableció distancia con su chofer, pese a que él mismo admitió que el joven era una persona de su entera confianza, y que el otro autor material del espantoso crimen es hijo de uno de sus “mejores amigos”, el oscuro sujeto William Calderón, quien, además, parece haber gozado de los favoritismos de otros personajes de la vida nacional.
Casos antiguos
Esto no es de ayer, ni de hace un mes. Desde hace muchos años se ha sabido de jefes policiales que cometen ilícitos, pero que en su momento algunos pocos han sido sancionados, expulsados o pasados al cómodo anonimato, mientras la opinión pública “olvida”.
Han existido otros casos sonados, como el del ex jefe de la Policía de Bluefields, en la Región Autónoma del Atlántico Sur, comisionado Róger Ramírez, quien salió de la institución del orden público casi con baja deshonrosa, pese a su trayectoria que incluía su carácter de fundador de la Policía Nacional, en 1979, y, además, haber sufrido secuelas por los charnelazos recibidos en la guerra de los 80.
Róger Ramírez de pronto apareció involucrado en tráfico de armas y él mismo declaró que se dedicaba a esa actividad para apoyar a la narcoguerrilla de Colombia, por razones ideológicas.
También a Ramírez se le achacó la posesión de una cantidad de cocaína encontrada en casa de su ex esposa. Fue condenado y permaneció algún tiempo en la cárcel, aunque si mal no recuerdo no cumplió por completo su pena tras las rejas, por las múltiples enfermedades derivadas del impacto de los charneles.
Supe que el comisionado Róger Ramírez hoy ejerce la profesión del Derecho y que litiga libremente, ya sin deudas pendientes con la justicia. Pero él es el único ex miembro “grueso” de la Policía Nacional que cumplió con una condena, aunque corta, pues hay otros que ni siquiera pasaron por un proceso de investigación, como es el caso del subcomisionado Óscar Larrave Chamberlain, ahora con un puesto en Plaza El Sol, después que se le mencionó como relacionado con narcotraficantes y hasta con el asesinato masivo cometido en perjuicio de agentes policiales en la delegación de Bluefields, hace dos años.
La única mujer
Ahora tenemos el caso de la capitana Nubia Díaz, jefe de la Comisaría de la Mujer en Jinotepe y esposa de Eddy Antonio Leypón, mencionado en el hallazgo de un buzón de armas y vehículos relacionados con el traslado de estupefacientes.
Si bien la capitana Díaz fue suspendida --quiero pensar que es coincidencia que sea la única mujer en estos escándalos y la única suspendida hasta el momento-- y su esposo arrestado, para su investigación, la sensación que nos deja es que la Policía Nacional está “corroída” por la delincuencia organizada, hasta de las maneras más sutiles, como es una relación marital.
Todavía hay más. En el caso de la banda de “El Negro Davis”, que fue desarticulada la semana pasada, hay evidencias de que policías de Tránsito activos y no activos están involucrados en el tráfico de vehículos robados, que eran legalizados con artimañas y vendidos a precios ridículos en los departamentos, pero nadie se ha pronunciado aún.
La misma medida que se le aplicó a Díaz debería haberse empleado con los mencionados, tanto en el caso Polanco como con la banda de Davis; pero mi percepción es que se ha tratado de desviar la atención, y con las palabras lapidarias de la comisionada Granera, casi como que podemos esperar que todos los “investigados”, de entrada, están exonerados.
La seguridad ciudadana empieza con que ostentemos y nos enorgullezcamos de una Policía honorable, sin manchas, que no deja levantar cabeza a los elementos corruptos, mucho menos les permite acceder a altos puestos. De otra forma, existe la sensación de que tanta delincuencia hay fuera como dentro de la institución del orden público.