Opinión

Falsas interrogantes y tu quoque


La “falacia interrogativa” consiste en hacer una pregunta sin intenciones de contestarla o de que sea contestada. En La Prensa del 25 de abril del corriente año, Ariel Montoya publicó un artículo titulado: “¿Es injerencismo lo que hace los Estados Unidos?” Las personas que leyeron ese artículo habrán notado que Montoya nunca contestó su pregunta.
Montoya gasta el 90% del espacio de su escrito para criticar el pacto, la corrupción, las aventuras bolivarianas de Daniel Ortega, los esfuerzos de Hugo Chávez para manipular los resultados electorales de noviembre y otras cosas. Pero nunca dice si es o no es injerencista la conducta del embajador estadounidense, Paul Trivelli, en Nicaragua.
Casi al final de su escrito, Montoya se acerca a su pregunta. Pero en vez de responderla, decide hacer una segunda pregunta que, al final, tampoco contesta. Dice Montoya: “Si injerencismo es la declaración pública de un embajador acreditado en el país en contra de la corrupción... ¿cómo podríamos catalogar otros hechos concretos, palpables, medibles, tales como el ofrecimiento de petróleo, fertilizantes, helicópteros, miles de computadoras y otras ‘donaciones’ de un extranjero, no al Gobierno, sino a un candidato y a su partido político? ¿Y cómo podríamos también catalogar la crítica pública del otro embajador acreditado en el país en contra de la actuación de nuestro canciller?” Después de esto, silencio. Montoya tampoco responde su segunda pregunta.
Ayudémosle a Montoya y digamos: Las acciones que él describe son todas injerencistas. Injerencistas son Chávez y su embajador. Y la madre de todos los injerencistas es Paul Trivelli. Punto.
Montoya hace uso de otra falacia que se conoce como “tu quoque” (“y vos también”). Esta falacia se utiliza cuando uno argumenta que la conducta de la persona que uno defiende no debe ser criticada, porque otros también se comportan como nuestro defendido. Montoya no dice que Trivelli no es un injerencista. Simplemente dice que Chávez también lo es. Para otros ejemplos del uso de esta falacia ver el artículo de Álvaro Taboada Terán, “Soberanía y crisis nacional”, La Prensa, 27 de abril, 2006.
Sigamos con Montoya. En su artículo se aprecia una conciencia atormentada. Digo esto porque la calidad de su texto está muy por debajo de sus capacidades como escritor. La mayoría de sus párrafos son sencillamente incomprensibles. No hacen sentido. Un ejemplo: “Esos mismos que junto a los pactistas cierran sus ojos ante el hecho evidente de que la lucha contra la corrupción y el narcotráfico, como dijera recientemente el presidente Enrique Bolaños, no tiene fronteras, pero que seguramente los nicaragüenses no lo olvidaremos al momento de votar”. Otro ejemplo: “En esta confrontación hemisférica, entre una supuesta invasión en las decisiones propias de los nicaragüenses --en el caso de Trivelli-- y una permanente y adoctrinada invasión de petrodólares “donados” a organismos de clara filiación sandinista, de parte de Venezuela”.
Otro artículo, escrito por Eduardo Enríquez y publicado en La Prensa el 22 de abril de 2006 (“Injerencismo del bueno”), confirma que para defender a Trivelli es necesario recurrir a los sin sentidos y las falacias.
Enríquez reconoce que Trivelli es un injerencista, pero alega que, sin embargo, el embajador estadounidense es un injerencista de los “buenos”. Para apoyar su insólita aseveración, él ofrece dos “pruebas”.
Primero, dice Enríquez “tenemos que recordar que a la sombra de la ‘autodeterminación de los pueblos’, o conceptos tan vilipendiados como ‘soberanía’ o ‘dignidad nacional’, los gobiernos despóticos del mundo han cometido los más graves abusos”.
Este argumento constituye una versión diferente de la falacia “tu quoque” que antes identificamos en el artículo de Montoya. Los abusos que se cometen en nombre del principio de la soberanía no justifican el injerencismo de Trivelli. Las dos cosas son malas. Y dos malas no hacen una buena.
Para presentar su segunda prueba, Enríquez pregunta retóricamente si algo de lo que ha dicho el embajador estadounidense contra el pacto, la corrupción, etc. es mentira. Y responde “Ni una sola palabra [es mentira]. ¿Estaríamos los nicaragüenses mejor si las cosas no fueran así como las critica Trivelli? Definitivamente que sí. ¿Entonces?, ¿por qué vamos a enojarnos o sentirnos insultados con el ‘injerencista’ Trivelli?”
La segunda “prueba” de Enríquez es, sencillamente, un sin sentido. Constituye, simplemente, una mezcla ilógica e incoherente de palabras; es decir, es un cantinflismo.
Enríquez termina su artículo con una contundente verdad: “La dignidad no es un derecho de nacimiento. Se gana”. Con los artículos de Montoya y Enríquez, Nicaragua perdió un poco más de su vergüenza y dignidad nacional.