Opinión

Todavía es posible formar una alianza electoral victoriosa


A siete días de que concluya el plazo para inscribir alianzas para los comicios generales de noviembre del presente año, creemos que si existe una clara visión política, buena voluntad y espíritu patriótico en los liderazgos emergentes, aún es posible formar una amplia alianza de las fuerzas que se apuntan al futuro y que realmente desean promover un cambio que consolide nuestra institucionalidad democrática y deje atrás para siempre el pasado, representado por el dominio del país por caudillos anacrónicos que controlan el PLC y el FSLN.
Los esfuerzos por unificar las llamadas “fuerzas democráticas”, identificadas únicamente en el PLC y la ALN-Partido Conservador, parten de un error inicial: si el líder emergente del liberalismo Eduardo Montealegre cediera a las presiones foráneas y del gran capital, y terminara asociándose al PLC, cometería un verdadero suicidio político; desde luego que estaría declinando todas las banderas que enarboló para distanciarse del PLC arnoldista y ofrecer al país una opción liberal nueva, libre de la tutela del caudillo, que está siendo procesado por graves delitos, y de la cúpula partidaria que le rodea. Una alianza del ALN-Partido Conservador con el PLC inevitablemente le haría perder a Eduardo Montealegre el respaldo de amplios sectores, que no le perdonarían que al final depusiera lo fundamental de su propuesta al pueblo nicaragüense: su apuesta por un futuro distinto.
El escenario que se vislumbra para noviembre de este año es una competencia electoral a cuatro bandas donde existe, al menos como un alto riesgo, la posibilidad de un triunfo del FSLN con el 35% de los votos, dada su reconocida organización a nivel nacional, disciplina partidaria y ahora, al parecer, gran disponibilidad de recursos. Y aunque es muy cierto que las propuestas emergentes (MRS y ALN-PC) obtienen un mayor puntaje de apoyo ciudadano en las encuestas de opinión, no es prudente confiar mucho en las encuestas, dado su poco acierto en otros procesos electorales recientes, como han sido los casos de Bolivia y Costa Rica. Lo que está en juego (el futuro de Nicaragua por muchos años y la posibilidad de terminar con el pacto entre los caudillos) es tan importante que no podemos darnos el lujo de correr ningún riesgo. El triunfalismo y el personalismo son sumamente peligrosos en estas circunstancias, donde el amor a Nicaragua debería disponer el ánimo de los candidatos emergentes a asumir cualquier sacrificio, con tal de garantizar el triunfo de una opción de futuro y no dar lugar a ninguna posibilidad de que el país siga atado, por muchos años más, al pasado.
Quedan pocos días, pero aún es factible cambiar el escenario electoral a cuatro bandas por otro a tres bandas, que asegure el triunfo de una Nicaragua mejor. Para ello es urgente que las dos fuerzas electorales emergentes: ALN-Partido Conservador, encabezado por Eduardo Montealegre, y el MRS, encabezado por Herty Lewites, formen una sólida alianza electoral que permita construir el futuro que la ciudadanía consciente anhela para el país y que nos haga salir de la “política fangosa” (R.D.) en que estamos sumergidos. Ambas fuerzas marcharon hombro con hombro en las grandes marchas cívicas que convocó el Movimiento por Nicaragua y coinciden en lo fundamental de sus planteamientos. Ambas tienes fe en la democracia y en el futuro del país. Ambas son contrarias al pacto y sus consecuencias. Por lo tanto, una alianza entre estas fuerzas no contradice el discurso de ninguna de ellas. Ninguno de los candidatos emergentes sufriría un “descarrilamiento”, como dicen quienes hablan de “rieles paralelos que no se juntarán”. Si no forman una “alianza providencial”, es la democracia la que corre el peligro de descarrilarse.
Ojalá los dirigentes de las opciones emergentes y quienes les asesoran no dejen pasar esta oportunidad histórica de construir una auténtica tercera vía democrática, que ofrezca al pueblo nicaragüense el cauce electoral que espera para derrotar definitivamente el caudillismo y la corrupción. Las circunstancias y la conciencia patriótica así se los exigen. Las esperanzas de este pueblo están en sus manos. Ojalá que el día de mañana no tengamos que lamentar que la dirigencia de esas propuestas emergentes puso oídos sordos al clamor popular, que demanda un cambio en nuestro modo de hacer política. La responsabilidad de esa dirigencia es muy grande. Confiamos en que sabrán asumirla, porque así se los demanda el futuro de Nicaragua.