Opinión

O cédula o green card


El problema de Nicaragua no es la injerencia de los funcionarios del Gobierno de Estados Unidos en nuestros asuntos internos; no es si el embajador gringo, Paul Trivelli, dice o no dice tal o cual cosa; o si se reúne o no con los candidatos presidenciales de las llamadas “fuerzas democráticas” (léase afines al Gobierno norteamericano).
El verdadero problema de los nicaragüenses es que seguimos, desde la llegada del primer filibustero al país, permitiendo que estos ciudadanos vengan a imponernos su forma de vida y lo que ellos consideran que es bueno para nosotros; como si no estuviera demostrado en el pasado que sus fórmulas mágicas nunca han tenido un buen efecto en la vida nacional.
Lo único bueno --al menos para mí-- de esta última intervención directa de la bandera de las barras y las estrellas es que el Gobierno de Enrique Bolaños dejó al descubierto a través de su canciller, Norman Caldera, su descarado servilismo hacia la potencia que lo mantiene en el poder.
Gracias señor Caldera por enseñarme públicamente el nuevo concepto del neocolonialismo (valga la redundancia), según el cual si un país rico coopera con otro pobre, el rico tiene el derecho “y la obligación”, según usted, no sólo de opinar, sino también de intervenir en los asuntos políticos, al punto que hasta puede decidir qué candidato y qué partido debe ganar las elecciones.
Bajo la premisa del Gobierno de Bolaños, a los nicaragüenses nos quedan dos opciones: la primera es que, por decreto presidencial y previo acuerdo con el señor George Bush, nos convirtamos en una colonia estadounidense o de una vez en el Estado número 53 y cambiamos nuestras cédulas de identidad ciudadana por las “green card”.
La otra opción es que --también por decreto presidencial-- permitamos a los ciudadanos de Estados Unidos tener la doble nacionalidad para que puedan votar en los comicios del próximo 5 de noviembre. De hecho, al primero que le extenderíamos su cédula de identidad sería al señor Trivelli y que, de paso, a lo mejor se inscribe como candidato presidencial el próximo 31 de mayo ante el Consejo Supremo Electoral.