Opinión

Azuzaron al pueblo, ahora retroceden


Es una irresponsabilidad lo que ciertos dirigentes y locutores comerciales han hecho con el pueblo latino de los Estados Unidos. Alborotaron, soliviantaron y azuzaron al pueblo inmigrante. El pueblo, que de idiota no tiene nada, comprendió que su futuro, su vida y su familia se encontraban amenazados por la fascistoide ley Sesenbrenner y el pueblo respondió.
Según esta inhumana ley, si usted lleva a una vecina de urgencia al hospital y esta vecina está ilegal en el país, usted también es culpable de un delito mayor, penado con cárcel. Si en una iglesia le dan de comer a un anciano hambriento y este anciano es un indocumentado, el párroco o pastor se arriesgan a ser arrestados por ayudarle a un “ilegal.”
Un médico que atiende a un indocumentado, un maestro que acepta en su clase a un niño indocumentado o un pastor que auxilia a un feligrés enfermo, todos corren el riesgo de enfrentar cargos criminales según esta draconiana ley del congresista James Sesenbrenner, republicano de Wisconsin.
El pueblo respondió al llamado a volcarse a las calles con orgullo, gallardía y heroísmo; el pueblo respondió con la dignidad inherente a su propia nobleza. El pueblo se lanzó a las calles por millones en Dallas, Milwakee, Houston, Nueva York, Phoenix, Los Ángeles y Miami. El pueblo demostró que aun en circunstancias desiguales, no se amedrentó e hizo derroche de dignidad.
Ahora que despertaron al gigante, muchos dirigentes que responden más a empresas comerciales que a los intereses populares, más preocupados por el qué dirán, temerosos de perder quizás el financiamiento federal para sus proyectos, le dicen al pueblo que vuelva al mortal sueño histórico aprovechado por comerciantes inescrupulosos para enriquecerse con la mano de obra inmigrante, abundante y barata.
¿Para qué despertaron al gigante si ahora huyen despavoridos y retroceden ante las demandas de ese pueblo generoso y noble, cansado de tanta bajeza, de tanta humillación? ¿Por qué hicieron llamados tan vehementes para ahora salir aplacando la justa ira de la comunidad inmigrante? ¿Es que les asusta el desborde de energías creativas de que ha hecho gala el sufrido, pero heroico pueblo latino?
Está bien que pidan prudencia. Si dijeran, por ejemplo, que los muchachos antes de faltar a la escuela, obtuvieran un permiso escrito de sus padres y que hicieran arreglos con sus maestros para reponer las horas perdidas, eso sería razonable; si le aconsejaran al pueblo que obtenga autorización de sus patrones para ausentarse de sus trabajos, unirse al boicot y no poner en riesgo sus trabajos, sería diferente; si le pidieran al pueblo hacer todo lo posible por evitar consecuencias negativas, eso sería una señal de madurez, de un serio compromiso con el pueblo.
Pero señores, no le dan una salida decorosa a la comunidad, más bien le piden al pueblo que retroceda, cuando las redadas están en todo su furor. No le dan alternativas al pueblo. Le piden al pueblo que después de una larga jornada laboral, salgan a marchar ya avanzada la tarde, cuando a esas horas pico, se dan gigantescos embotellamientos vehiculares. ¡Qué falta de seriedad! ¡Qué irresponsabilidad!
Las multitudinarias megamarchas que se dieron en más de 130 ciudades el 25 de marzo, no fueron suficientes para hacer reflexionar a las elites políticas dominantes del poderío blanquoide del complejo industrial militar. Demócratas y republicanos, luego de acusarse mutuamente del fracaso en aprobar la ley pro inmigrante McCain-Kennedy, u otra versión menos draconiana, tranquilamente se fueron de vacaciones por dos semanas.
Ahora que es tiempo de presionar fuertemente a un Congreso que no es otra cosa más que un club de millonarios “Demo-publicanos”; ahora que quedó claro que las imponentes megamarchas, aunque espléndidas, magníficas y bellas, no fueron suficientes para sacudir al Congreso estadounidense, surgen respetados dirigentes religiosos como el cardenal de Los Ángeles, Roger Mahoney, algunos locutores comerciales sin trayectoria de lucha política, y “activistas”, pidiéndole al pueblo que baje la guardia, y en vez de ponerse a la vanguardia, retroceden ante la oleada popular que sólo pide una oportunidad para alimentar a sus hijos con decoro.
Es una vergüenza que no muestren el mismo celo ante las redadas. El establecimiento blanquoide ha respondido con saña. Las elites dominantes, parasitarias y explotadoras han respondido con crueldad. Mientras tanto, tiernos niños ven cómo fieros uniformados arrebatan a sus padres y los deportan. Familias enteras son violentamente separadas y desgarradas. Si la comunidad latina no se levanta con más firmeza, con más fuerza, con mayor ímpetu, la infame ley Sesenbrenner será aprobada para la delicia de racistas, nazis y traidores.
Si esta ley es aprobada en términos ignominiosos para el pueblo, los culpables serán esos dirigentes que lanzaron al pueblo, que despertaron al gigante dormido, pero que ahora retroceden amilanados por la magnitud de la lucha popular para la cual obviamente no estaban preparados.
Basta de jugar con el sufrimiento del pueblo. Si no son capaces de aguantar el calor, sálganse de la cocina; si no son capaces de acompañar al pueblo en su dolor, hasta las últimas consecuencias, de mostrar un liderazgo valiente y heroico, emulando a Martin Luther King y a César Chávez, no le pidan al pueblo que retroceda, no traten de dividir su lucha, porque la historia ha demostrado que el pueblo unido jamás será vencido.