Opinión

Si Bachelet militara en el FSLN


Es inevitable que a cada victoria electoral de la izquierda en América Latina cunda el júbilo en los seguidores de Daniel Ortega por efecto de la suma mecánica y de las comparaciones simplistas. Por ejemplo, si “Lula ganó a la cuarta, por qué no Daniel”, o “si lo logró Evo, enemigo jurado de los gringos, por qué no Daniel”, o mejor aún: “El avance arrollador de la izquierda en el continente mejora nuestras posibilidades” (t. borge dixit). Pero vistas las cosas desde otros ángulos, las cuentas pueden ser diferentes. Por ejemplo, ¿qué sería de Michelle Bachelet si hubiese sido miembro del Frente?
Según todas las crónicas, Michelle se presentó ante los milicos cuando asumió el Ministerio de Defensa, como “mujer, agnóstica, separada y de izquierda”. No es seguro que con estas credenciales llegara muy lejos dentro del otrora partido revolucionario.
Primero, y antes de valorar cualquier cualidad personal, Michelle jamás habría sido candidata a la Presidencia de la República, ya que para ese cargo no hay más candidato que Daniel Ortega Saavedra. Entonces no cabe especular, en el Frente Sandinista Michelle no habría llegado ni al círculo de espera.
Segundo. Ser mujer dentro del FSLN sigue pesando como una discapacidad natural, y si además se es mujer de las que osan desafiar la autoridad del máximo jerarca, se paga caro. Los casos de Mónica Baltodano, por oponerse al pacto; Dora María Téllez, por encabezar una corriente interna; y de Vilma Núñez, por atreverse a disputar la candidatura del líder en unas primarias, son las muestras más palpables de que semejante osadía de Michelle le hubiera costado por lo menos el carné. De modo que es poco probable que Bachelet hubiese corrido como candidata por el Frente, y de regalo la habrían premiado con una campaña de injurias de las más sucias posibles, sin importar su trayectoria, ni aunque se hubiera jugado el físico en las calles de Managua o de León frente a los genocidas.
Tercero, su agnosticismo en este FSLN orteguista habría sido, sin duda, otra de las piedras en el camino. Mientras Michelle ha demostrado que se puede ser atea y a la vez candidata vencedora en un país tan conservador y marcado por la impronta iglesiera como Chile, Ortega y sus comensales han sido protagonistas de la regresión más patética que un ex movimiento revolucionario haya escenificado. Si Michelle se ha mantenido lejos de pagar cualquier tributo a una Iglesia Católica cómplice hasta el tuétano de la dictadura, Ortega, en cambio, se ha prestado a todo tipo de maniobra para hacerse potable ante los prelados, con la esperanza de mejorar sus acciones en el mercado electoral.
Cuarto, ser mujer separada con tres hijos de diferentes parejas. De haber pasado los filtros anteriores, en este Frente Sandinista reconvertido a los valores y modelos más retrógrados de la familia, a Michelle le habrían buscado marido o algo parecido; luego, la harían pasar por los santos sacramentos del matrimonio religioso, mientras más pomposo mejor, con retransmisión por televisión y crónicas sociales. Porque la máxima líder de la sociedad tiene que estar apoyada por la figura protectora y firme de un varón, último garante de la estabilidad nacional.
Quinto, la autodefinición de izquierda o simplemente socialista en Michelle Bachelet quizás se pueda prestar a todo género de malabares y hasta intentar una parentela ideológica con el FSLN. Pero si nos atenemos a su discurso de proclamación el pasado 15 de enero, Michelle tiene claro un proyecto de Estado y de sociedad: la excelencia en el desempeño gubernativo para llevar el bienestar social a los excluidos. En cambio, de las movidas y amarres de Ortega sólo se infiere que quiere el gobierno para repartir cuotas y prebendas entre sus incondicionales. Es aquí donde mejor se advierten las diferencias entre una izquierda de principios y otra de conveniencias, en el terreno de los hechos. Por mucho que Bachelet haya perdonado a sus verdugos, habría sido difícil colocarla en la foto del pacto, revuelta con los ladrones y los asesinos. ¿Alguien se la imagina posando junto a Pinochet para robarle votos a Lavín o a Piñera?
Sería difícil que una persona como Michelle Bachelet corriese como candidata del FSLN con tantos obstáculos en su contra. Después de intentarlo de forma infructuosa, habría terminado linchada políticamente por los tribunos del pacto, los mismos que siguen adosados a las costillas del gran líder.
Afortunadamente Michelle no tuvo que besar el anillo de ningún capellán de la corrupción para hacerse potable ante los electores, fingir matrimonios de conveniencia, o entregar los fines a cambio de los medios. Por suerte, para los chilenos y los latinoamericanos, tenemos de presidenta a una mujer que supo mantenerse fiel a sí misma y asumir sin tapujos “que dirá lo que piensa y hará lo que dice”.
Hacía falta una dirigente que hiciera suya esta divisa en tiempos en que la doble moral, la opacidad y el caudillismo amenazan con tragarse las últimas esperanzas de quienes creemos que “otro mundo es posible”. Qué mejor estrategia que hacerlo desde la diferencia y la renovación de los liderazgos.
Por eso no sólo resultan atrevidos los parangones entre la victoria de Michelle y los planes de Ortega para noviembre, sino que además huelen a “cuentas de lechera”, a la autocomplacencia en sus propios espejismos. Michelle Bachelet ha vuelto anticuados a los dinosaurios.