Opinión

De frente


Notas sobre las derrotas electorales del FSLN
Antes de la derrota electoral del 90, la unidad partidaria en el FSLN se exigía sobre dos ejes: uno patriótico para resistir la agresión armada propiciada por el gobierno de los Estados Unidos, y otro político, para apoyar los programas del gobierno revolucionario. La amenaza de una agresión armada ya no está vigente, y se han acumulado 16 años intentando gobernar desde abajo.
A partir de la derrota electoral de entonces, las circunstancias cambiaron, pero el FSLN no ha podido, todavía, adecuar sus objetivos y concepciones de la vida partidaria a la nueva realidad, que haga posible una victoria electoral, y asumir el gobierno utilizando las reglas de la democracia que aceptó con la entrega pacífica a doña Violeta.
Cuando se realizó la primera reunión de cuadros militantes, después de la elección de doña Violeta, ingresaron, ya instalada la reunión, los altos mandos del Ejército y la Policía para saludar a los miembros de la Dirección Nacional que presidía el acto. La impresión inmediata fue que el partido conservaría —para mantener el poder sobre un gobierno débil, y por lo tanto temporal—, el control político sobre las fuerzas armadas.
La crisis —normal después de una inesperada derrota local y el desmoronamiento de los gobiernos socialistas en Europa— alentó el señalamiento de errores y responsabilidades causantes de la derrota, lo que de una u otra forma, hizo que afloraran vicios y defectos que no se veían o no se querían ver.
Ya de hecho concentrado el poder partidario en los hermanos Ortega, la primera opción real que tomó entonces la Dirección Nacional, fue la de acumular bienes, que, en definitiva, beneficiaron a una cúpula que hasta hoy se aprovecha de un partido forjado a costa de la honestidad y sacrificio de la mayoría de sus miembros.
La profesionalización del Ejército y la firmeza de la presidenta Chamorro, demostrada en las circunstancias del anuncio y efectivo retiro del general Ortega, hacen que éste deje a cargo de Daniel, como Secretario General, los asuntos del partido; el General no se reincorpora al FSLN y se dedica a cuidar de sus negocios y su ego.
No supimos aprovechar el gobierno de doña Violeta para buscar una coexistencia respetuosa que impidiera el regreso al somocismo, y que permitiera al FSLN adecuarse a las nuevas circunstancias políticas, internas e internacionales, de un mundo que cambiaba a velocidad y profundidad no previstas.
Los cambios de conducta de los principales dirigentes responsables del FSLN aglutinados a la sombra del Secretario General como único caudillo para competir en una nueva elección, frente a Arnoldo Alemán —ya conocido como corrupto en el ejercicio de su cargo de alcalde de Managua—, al triunfar éste, impulsan al Secretario General del FSLN a entenderse con Alemán para repartirse el ejercicio del poder y los beneficios económicos que éste genera.
La historia de ese bien hilvanado pacto es de sobra conocida a pesar de las rabietas, maromas y atajos, que en algunos momentos utilizaron para no aparecer hermanados por iguales intereses. El sainete montado con el procesamiento y “prisión” de Alemán ha puesto en evidencia cuáles son los intereses de los dos caudillos.
Tercera derrota electoral, ahora frente a un terco empresario escogido por Alemán, que inicia su gobierno denunciando la corrupción de quien lo llevó al cargo. Vencedor y vencido se ven obligados a un intento de acercamiento. O porque al presidente Bolaños siempre se le siguió “revolviendo el estómago” al conversar con Ortega, o porque éste no supo distinguir entre los intereses que perseguía Bolaños y los de Alemán, se perdió otra oportunidad de buscar un entendimiento básico que hiciera posible el desarrollo político civilizado que pudo generarse desde el 90.
Quienes tienen cargos de dirigencia en el FSLN actual, deben recordar que a los miembros y militantes se les inculcaba que para llegar a ser dirigente, tenían que ser los mejores, los más honestos y auténticos defensores de los pobres y explotados. Si esos dirigentes aspiran a merecer respeto y votos, deben ganárselos por su forma de vivir y actuar ahora, y no por un pasado que voluntariamente han dejado a un lado.
No se puede pedir respeto de santos o héroes para quienes ahora son empresarios que defienden sus bienes y acumulan capital practicando las reglas del capitalismo salvaje, y no la hermandad revolucionaria que un día pudieron haber practicado. No se puede exigir credibilidad política para el partido cuando éste se utiliza para conservar intereses y privilegios personales.
El doble discurso es resultado de una doble moral que difícilmente puede esconderse.

27 enero 2006.