Opinión

La izquierda en la pasarela


En estos locos tiempos postmodernos –alegres para unos y miserables para otros- la izquierda, cual diva, se ha tomado la pasarela mediática y se ha puesto de moda. Todo el mundillo intelectual está hablando de la izquierda, decodificándola, interpretándola, leyéndola. Puliendo aristas y perspectivas de un fenómeno social latinoamericano polisémico, interesante y tangencial. Queramos o no, seamos zurdos o derechos, este fenómeno nos toca o nos tocará haciéndole bien a unos y daño a otros. De allí lo tangencial y lo maniqueísta del asunto. Esperemos que lo light del mundo mediático postmoderno la tome como una moda más duradera que un rap o los pocos segundos de fama a los que tenemos derecho.
A nivel mundial, en los peores momentos de reflujo de la izquierda, solamente nos acompañó en los microbuses, buses, camiones, murales, camisetas y pósteres, la imagen icónica del Che Guevara convertida en símbolo ideal de una ideología en vías de extinción o desaparecida, según Fukuyama. A muchos izquierdistas sobreviviendo en su reconcomio, les disgustó y condenaron la utilización por parte del capitalismo mundial de la imagen del Che para obtener ganancias. Llamo la atención sobre esto y, como semiólogo, reflexiono sobre lo peligroso de la utilización de imágenes icónicas.
Aunque sean simples imágenes masivamente diseminadas, para diluir su impacto, la fuerza ética de las acciones y el pensamiento de los humanos que se convierten en símbolos revolucionarios es muy fuerte y su utilización por el mercado es peligrosa para el mismo capitalismo. Igual fenómeno –perdonen la grosera comparación- ocurrió con la masificación de la imagen de Jesús de Nazaret que hizo la Iglesia Católica. La fuerza del evangelio, la buena nueva, es tal que ni la misma iglesia, la estructura de poder más formidable de Occidente, con todas sus relecturas, ha podido desvirtuar el mensaje de liberación del cristianismo.
Lo anterior se me ocurrió cuando miré en CNN la visita del Sub-Secretario de Estado, Thomas Shannon, al Presidente boliviano Evo Morales. En una de las paredes del sencillo apartamento del nuevo inquilino del Palacio Quemado, había una foto del Che Guevara y pensé en el icono. Este argentino-cubano-latinoamericano Ernesto Che Guevara, me dije, se ha convertido en el icono universal de la izquierda y la rebeldía mundiales y ha tenido un desempeño mítico mayor que las imágenes de Marx, Engels, Lenin, Trotsky, Mao o Fidel.
También reflexioné sobre la internacionalización o globalización de la lucha que pretendió el Che. Recordemos que los comienzos de sus avatares como libertador anticolonialista y antiimperialista se encuentran en el continente africano. Encontré la actitud de Guevara de internacionalizar la lucha, como una respuesta a aquel viejo debate en la izquierda mundial que protagonizaron León Trostky y José Stalin. Trostky pugnando por una revolución mundial como única manera de realizar la revolución socialista y Stalin, defendiendo la tesis de revolución en un solo país (la URSS), para plegar todas las fuerzas alrededor de la defensa de ese imperio y su PCUS.
La misma perdurabilidad del régimen socialista en Cuba se explica por el internacionalismo de esa revolución, por el carisma de Fidel Castro, por el apoyo que durante varias décadas le proporcionó la URSS en uno de sus mejores desempeños como país internacionalista, por la internacionalización de la lucha anticolonialista en África, por el apoyo a los movimientos de liberación y gobiernos progresistas de la región y por el casi siempre acertado manejo de la diplomacia cubana. La existencia de Cuba, su perseverancia en sus objetivos socialistas, su aliento a los movimientos de liberación y a los movimientos sociales latinoamericanos, más el fracaso estrepitoso del neoliberalismo y de las políticas hacia América Latina por parte de Estados Unidos, explican en alguna medida el florecimiento de la izquierda en la pasarela. Cuba, con todas sus monstruosas dificultades en el proceso de construcción de una sociedad distinta, ha sido un referente obvio, concreto y válido para el resto de países latinoamericanos.
Hoy se habla, en nuestro continente, de revolución bolivariana, de países de socialismo responsable, de populismos de izquierda y de presidentes indígenas. (Recuerdo que Carlos Martínez Rivas solía decir que lo importante no era que se hablara mal de uno, sino que simplemente se hablara). Como nicaragüenses, no debemos olvidar que el general Augusto C. Sandino, en su lucha antiimperialista, a partir de nuestro mestizaje, reivindicó siempre a la raza indohispana. Y esto a los seudo izquierdistas radicales de antaño nos parecía absurdo y demodée.
Al calor de la hora de los hornos de América Latina es digno de releerse las tesis de Sandino y de otros libertadores de nuestro continente, que en vez de copiar los dictados de Moscú o Pekín, intentaron crear movimientos libertarios de acuerdo a las particularidades nacionales y regionales. Pistas epistemológicas interesantes que debemos profundizar en su análisis, como una estela de perfume de hembra en celo desplazándose en una inmensa pasarela. Nuestra América llena de selvas y desiertos, de caudalosos ríos y secas acequias, de nevadas cumbres y calientes depresiones, paisajes poblados de gentes varias que siempre han sabido luchar por la libertad y la igualdad. I am sorry Fukuyama.