Opinión

Las fuentes y el profesionalismo


Francisco Chamorro

Casi todos hablan de la responsabilidad del periodismo de consultar todas las fuentes posibles, de ser profesional y de mantener un balance en la información que llevamos los periodistas a la población. De lo que se habla muy poco, o no se habla del todo, es de la responsabilidad de la fuente de brindar la información apropiada para ayudarle al periodista a mantener ese profesionalismo y el balance en la información.
Recientemente escribí un artículo sobre el lago Cocibolca, titulado “Agua o tilapias” donde criticaba fuertemente el cultivo de tilapias en ese cuerpo de agua, desgraciadamente lo hice sin tener todos los elementos a mano, sobre todo no contaba con la versión de la compañía dueña del proyecto, a pesar de que la buscamos en varias ocasiones. Estoy seguro que si el vocero de la mencionada empresa, así como el Ministerio de Industria y Comercio (quien otorgó la concesión), nos hubieran proporcionado la información del impacto ambiental del cultivo de tilapias en el lago de Nicaragua, los artículos hubieran sido más balanceados.
Casi la mayoría de las personas y autoridades a las que tuvimos acceso expresaron una opinión negativa sobre el cultivo del pez en ese cuerpo de agua, en algunos casos se exageró, por las fuentes, la cantidad de comida que se vertía en las jaulas para la alimentación de los peces.
Tampoco nosotros consultamos a un especialista en acuicultura, que nos hubiera dado una explicación más científica y menos alarmante sobre el cultivo de la tilapia, ese fue un error nuestro y lo asumimos, sin embargo sí entrevistamos a expertos en agua y recursos naturales que han afirmado, en más de una ocasión, que sí es contaminante su cultivo.
Afortunadamente, la acuicultora Agnes Saborío, en un artículo publicado en estas mismas páginas la semana pasada, esclarece muchos mitos y deja clara otras tantas realidades sobre la tilapia y su cultivo que nos dieron esperanza de que esa actividad no es tan contaminante como han afirmado. No se trata de conservar los recursos naturales sin explotarlos, hay que aprovecharlos, explotarlos pero racionalmente. Nuestros recursos deben ser explotados para que el país pueda desarrollarse, lo contrario sería un extremismo conservacionista que no nos lleva a ningún lado.
Creo que es importante resaltar que nuestra preocupación por la conservación de la calidad del agua del lago es legítima, y que este tema debería de tener una mayor prioridad en la agenda nacional de la que ha tenido hasta el momento. Todos los focos de contaminación del lago deben de ser tomados con seriedad, no sólo los que están poniendo en peligro el agua y su calidad, sino también los que amenazan su fauna. Las ciudades que vierten sus aguas negras en el lago o en su cuenca, como Granada, San Jorge, San Carlos, o los contaminantes agrícolas de la siembra de sandías de Malacatoya o de desechos mineros que se vierten desde Costa Rica y que alcanzan la cuenca sur del río San Juan.
Pero, volviendo a lo de las fuentes ¿qué fue lo que pasó con esta información? Algunas personas involucradas en la actividad pesquera pensaron que esa serie de trabajos era una “campaña”, realizada por razones que todavía no tengo claras, en contra de ellos, cuando otro diario también publicó algunos reportajes sobre el mismo tema, esto vino a confirmar que la “conspiración” se extendía a los medios de todo el país.
Y es que eso de llamar “campaña” a cualquier información que tenga más de dos publicaciones continuas, no es patrimonio exclusivo de los políticos. Si queremos hablar, por ejemplo, sobre el futuro de la educación, o peor aún, sobre una posible reestructuración del presupuesto a la educación, incluyendo el 6% para las universidades, inmediatamente surgen voces que alertan sobre la “campaña revanchista” de los medios de comunicación.
Lo mismo puedo mencionar sobre casos de investigación que hemos realizado sobre la gestión de algunos diputados o ministros que conservan la esperanza que, aislándose en sus altos puestos, los artículos nunca serán publicados. La verdad es que, al final, son publicados sin su versión, que perjudica tanto el profesionalismo y balance del periodismo como al derecho del pueblo a estar informado de una forma veraz.
Desde hace algunos años, en la Asamblea Nacional, se encuentra el ante proyecto de Ley de Acceso a la Información Pública que, una vez aprobada, sería un instrumento de vital importancia para que los periodistas podamos realizar un trabajo todavía más objetivo, profesional y, como exige la sociedad nicaragüense, más balanceado.