Opinión

Un artículo infernal


Dijo Harold Bloom que quizás la “grandeza” no esté de moda, como no está de moda lo trascendental, pero es muy difícil seguir viviendo sin la esperanza de toparse con lo extraordinario.
Si la grandeza no está de moda, ¿qué es lo que ciertos políticos, comentaristas y periodistas nicaragüenses entonces asumen? ¿Debemos considerar como “extraordinario” el comportamiento de Paul Trivelli o considerarlo como lo más ordinario que debamos sufrir?
Lo ordinario es que nos prediquen las bondades del Mercado, porque lo demás huele a izquierdas. A Satanás hoy se le ve entre los que desean, supuestamente, romper con el orden constituido, recurrir a las viejas recetas del populismo y “repartir miseria”, como aseguró sin las dudas necesarias de todo intelectual, Mario Vargas Llosa.
Michelle Bachelet dijo en su primer día de mujer electa, que no quiere ni va a caer en “conceptos de guerra fría”. Y lo dijo con toda esa veracidad que uno puede hallar en una sonrisa agnóstica. Ésta debería ser nuestra actual “regla de oro” en Nicaragua. Por supuesto, hoy ya no hay conflictos congelados en el freezer, porque el equipo de W. Bush se encargó de colocarlos sobre la parrilla y desde entonces, hay demasiadas papas calientes en el planeta.
La “papita” que nos toca a nosotros no es de esas grandezas magistrales que ponen a funcionar a las mentes más ilustradas de Europa. Cómo nos va a tomar en serio un universitario para su tesis cuando se nos dice adónde ir, por dónde seguir y a quién elegir. Y hay hasta quienes sacan pecho de que eso es “democracia”.
Bien se habla en estos tiempos de una izquierda moderna, sólo que para estar “al día” debe considerar en su nueva liturgia al Mercado como el último criterio de la verdad. Ésta es la sartén donde se dora la “papita”. Mammón es el Camino. Así lo plantea el orden establecido, y todo lo que se salga del rito es condenable, dicen sus sacerdotes. “Nos descarrilamos”, es la advertencia favorita del neoliberalísimo candidato Eduardo Montealegre.
Un modelo alternativo es imposible, señalan los fundamentalistas. El punto es que todo lo que diga la santa Trinidad Neoliberal: FMI, BM y BID es un dogma de fe. Se debe rezar, es decir, repetir, y no orar porque la oración implica un diálogo con Dios. Cualquier diálogo, en vez del monólogo recetado, resulta en herejía. Por eso, debemos arrodillarnos ante estas nuevas divinidades y alabarlas. Alabar, por ejemplo, que la industria envíe 270 mil árboles cada año a las letrinas del Viejo Mundo, como denunció Duncan Pollar, Director del Programa Forestal Europeo.
Alabar que “de acuerdo al informe oficial de la ONU sobre el desarrollo, los recursos monetarios de los 358 privilegiados más ricos del mundo son equivalentes a los de las 2.300 millones de personas más pobres [citado por Viveret, P., Esprit, noviembre 1996, p.129]. “¿Cuál es, se preguntaba el diario inglés The Guardian 10/12/1993, la diferencia entre Tanzania y Goldman Sachs? Uno es un país africano que gana 2.200 millones de dólares al año y los reparte entre sus 25 millones de habitantes. El segundo es un banco de inversiones que gana 2.600 millones de dólares, que distribuye, esencialmente, entre 161 personas [citado por Clairmont y Cavanagh, p.35]”.
Mantener este sistema es lo que se llama el modelo perfecto. El Mercado como medida de todas las cosas, diría Protágoras. Si se cuestiona, se comete no sólo un error, sino que “descarrilamos” el mundo. Por eso, es ordinario que el actual Presidente de Estados Unidos defienda ese próspero modelo y que luego, su oficial en Managua, se comporte como un policía, enarbolando “conceptos de la guerra fría”.
Debo recordar que Martin Luther King, a quien la embajada le rindió tributo el lunes pasado, pronunció esta profecía “olvidada”, tras su histórico discurso en Nueva York:
“No permitan que nadie les haga pensar que Dios escogió a Estados Unidos como su fuerza mesiánica divina para ser un tipo de Policía del mundo entero. Dios tiene una manera de presentarse ante las naciones con justicia, y parece que puedo escuchar a Dios decir a Estados Unidos: ‘eres demasiado arrogante, y si no cambias tus modos, me alzaré y romperé la columna vertebral de tu poder’”.
Nuestro Rubén lo vio así: “Crees que la vida es incendio, / que el progreso es erupción, / que en donde pones la bala / el porvenir pones. / No”. Yo pienso, si no me equivoco, que el líder de los derechos civiles y nuestro poeta estaban lejos de ser “comunistas” o peor “terroristas”, a menos que Mr. Trivelli decida lo contrario.
Fue el propio Francisco Láinez --- una de esas grandezas que no están de moda-- quien escribió “La última creación ideológica de los círculos más reaccionarios (es): el neoliberalismo”. Precisamente el mejor economista que haya dirigido el país en toda su historia, también aconseja:
“No se debe hacer, igual que se hizo del comunismo, un bolsón del socialismo y perseguirlo. Hay que reconocer que el proceso de globalización y de tiempos de relaciones multilaterales con otros países, regiones, son tiempos de convivencia, tolerancia, las hegemonías tienen que desparecer y cada país latinoamericano trabajar por sus intereses nacionales”.
Todo nos hace pensar que si en las próximas elecciones merecemos un buen presidente, pues también es necesario un mejor embajador que el señor Trivelli, demasiado atorado, por no decir atrasado, en “conceptos de guerra fría”. Si se pide “modernización” a los “diablos” de la izquierda, también urge que don Paul le otorgue su visa personal a la modernidad y se ponga al día.
Y un ponerse al día no significa que yo termine este artículo con la última arenga de Hugo Chávez, sino citando a un pensador y economista católico, el señor Carlos Ferrero:
“Así llegamos a lo que podría llamarse un proceso de devaluación de lo colectivo. Como el mercado ha dejado ‘suelto’ a todo el mundo en una degeneración de la libertad, el individualismo se convierte en la conducta natural. El interés general, el bien común, ‘lo colectivo’ aparece como innecesario y frecuentemente es hasta presentado como un estorbo o un retroceso histórico”.
“Para los católicos, para quienes la solidaridad es un concepto crucial y la autoridad terrenal es necesaria y útil, resulta repudiable intentar disminuir el Estado a su mínima expresión o, peor aún, olvidar que la defensa de lo colectivo es central en nuestra doctrina. En efecto, nadie da si no sale de sí mismo, nadie llega a Dios si no va hacia el prójimo y con el prójimo hasta Dios. (Biblioteca Electrónica Cristiana)”.
Todavía hay esperanza de toparse con lo extraordinario, aunque el señor Trivelli siga contradiciendo la grandeza de su nación, con su monocular visión del mundo. Hay que tener fe, aunque sea del tamaño de toda la mostaza procesada por la industria Hellmann´s desde 1905, en la evolución de don Paul.
Pd: Que conste: ni Evo ni Ollanta Humala ni ningún otro demonio inspiró este artículo infernal. Fueron las palabras de un héroe de los Estados Unidos, los versos de un clásico de la literatura universal, los escritos de un ex alto cargo de la Administración Somoza, las reflexiones de un católico militante y de un intelectual norteamericano, en fin, esa inteligente manera de ver el mundo por encima de guerras frías y calientes.