Opinión

La opinión pública truncada


En Nicaragua nos estamos acostumbrando a que determinados fenómenos o situaciones de interés nacional que tienen lugar en el país no queden claros. Pasamos de un asunto público a otro, sin resolver el anterior. De esta manera se está conformando un ciclo que tiene más o menos los siguientes momentos:
1.- Aparece un “destape” en los medios de comunicación y se genera un estruendo noticioso. Las portadas de los diarios se llenan del asunto, las emisoras radiales alborotan el ambiente y los medios televisivos saturan los hogares con la noticia.
2.- Después inicia el juicio social del “destape”. Esto se produce en las casas, el barrio, los buses, las comiderías y en muchos lugares de reunión formal o informal. En este proceso, las personas toman posición sobre la noticia, argumentan a favor o en contra de los importantes personajes involucrados en ella, a los cuales acusan, defienden, condenan o absuelven. Estos coloquios muchas veces se politizan, se tornan agresivos y hasta terminan en riñas.
3.- Pasados un día o dos, o en cuestión de horas, aparece otro “destape”. La ciudadanía no ha terminado de cerrar el caso actual, cuando ya se enfrenta a uno nuevo, el cual interrumpe al recién pasado y lo manda al sitio de los recuerdos o del olvido latente. De esta manera, el asunto anterior queda en suspenso y se trunca la culminación de la opinión pública. No se logra dar un finiquito social a los destapes. Se salta de uno a otro, como de una tragedia a otra, pero sin tiempo de hacer duelo ni terapia.
4.- Luego surgen las nuevas polémicas sobre el caso naciente y se repite el ciclo.
Un ingrediente más que confunde a la opinión pública son los personajes civiles, políticos o gubernamentales involucrados. Algunas de estas personas acostumbran presentarse con aspecto de calma y seguridad ante la sociedad, prometiendo y prometiendo resolver los problemas algún día. Otras envían mensajes incendiarios a la opinión pública, agitándola y promoviendo la polarización de los juicios colectivos respecto a determinada cuestión. Es frecuente también observar intervenciones con fines propagandísticos.
En medio del desconcierto, la población parece haber forjado sus propias actitudes sociales. Por un lado, se percibe resignada ante la poca efectividad y contundencia de los actores claves para resolver los asuntos. Por otro, se siente como desamparada por la discontinuidad de los medios de comunicación respecto al seguimiento y aclaración pública final de los sucesos, la cual no se hace con el mismo vigor con el que se divulgan los destapes.
Además, gran parte de la sociedad nicaragüense ha adoptado la actitud de guardar distancia práctica y orgánica entre su lucha diaria por sostener la frágil economía familiar y los “clavos” nacionales. A fin de cuentas, se escucha decir a diario, el que no trabaja no come.
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