Opinión

¡Agua, agua!


Ese día era el tercero que no llegaba, como si nos hubieran condenado a un desierto. En mi desesperación, me aposté al lado de la llave del agua para vigilar que no fuera una avería nuestra lo que sucedía, y hasta creí oír que ya venía, pero era sólo el aire. Algunas veces han sido días enteros, uno tras otro. Otras, la mayoría de las veces, en muchas casas se han tenido que turnar a ver quién era el primero que se quedaba despierto en una silla o en el mismo suelo para cuando se escuchara el agua cayendo, levantarse a recogerla en los baldes que hay en la casa y en uno grande que alguien les dejó hasta ese momento. Luego dormir unas tres horas e irse de nuevo al trabajo, bañado con el agua del día anterior. El problema del agua en la ciudad de Managua es algo que va mucho más allá de la escasez, es un síntoma y un gesto cruel, además de las consecuencias en la salud, que algún día tendrán que saberse.
En primer lugar, el asunto del agua es discriminatorio, porque con algo tan esencial, no se entiende cómo se puede abrir la llave de cualquier casa de Las Colinas y ver el agua fluyendo, y sin embargo, a unos metros más abajo, en la otra ciudad al lado, el Reparto Schick, ver y saber que los vecinos que son muchos managuas, puedan decir que se han podido bañar con la llave abierta durante años. Se podrá decir que en muchas casas existen tanques de almacenamiento que suplen esta falta, pero también habrá que comprarlos y tener el dinero para ello. Un síntoma más de discriminación.
Al referirme antes a la salud, quería decir la salud de los enfermos que en muchas casas tenemos; quería decir los niños, proclives a ensuciarse en los juegos; quería decir nosotros haciendo todo tipo de tareas, desde la cocina hasta la limpieza, en fin, quería decir la vida, las horas que pasan de la noche a la luz, y luego otra vez la noche; quería decir todo el tiempo. Y sin acceso rápido y ágil a una fuente de agua limpia, nueva, es difícil mantener la higiene en una casa y en una familia. Las enfermedades, especialmente en los niños, se multiplican, así como la desesperación.
¿Quién cierra el paso del agua? Enacal esgrime siempre la falta de presión en las bombas, ya sea por la escasez de agua, ya sea por alguna avería, o porque están reparando algunos pozos vitales para la distribución del agua en una ciudad demasiado extendida para abastecerla sin problemas. Una persona al teléfono, la que contesta las llamadas cada vez, está entrenada para decir sin más estas excusas después de oír el nombre del sector desde donde viene la queja. Y cuando por fin viene el agua, lo hace como un favor, titubeante, como prestada, sin ganas, apenas un hilito pregonándose con mucho aire (aire que también se cobra en el recibo cuando la llave está abierta). No es un problema tan sólo de gestión de la Alcaldía, es un problema de SALUD PÚBLICA.
Y además está lo del gesto que antes mencionaba. El gesto de un gobierno, de unos gobiernos, de unos funcionarios puestos en esa empresa pública, de unos alcaldes que han pasado por Nicaragua, por Managua y por Enacal, y no han podido, y en muchos casos no han querido, resolver de una vez por todas este problema, heredándole a la ciudad una de las cosas más preciadas: el agua, pero no el agua en colores de una rotonda al final de una calle comercial, o el agua que baila al son de una música frente a las ruinas de una catedral, el agua que sale por la boca del final de unas vigas horizontales semejantes a rayos en la rotonda de Plaza Inter. No, sino el agua que puede beberse, el de la vida, el de las horas, el que puede tomarse directamente y utilizarse para la limpieza, para la cocina, para la salud. No puede ser un lujo. Bajo las temperaturas de nuestro país, y especialmente las de Managua, el agua es esencial. No se puede dejar a un pueblo sin agua.
Y esta excusa les sirve a algunos para decir entre dientes que la solución sería privatizar Enacal. NO. No puede seguir sucediendo que el Estado se desvincule de sus obligaciones básicas: garantizar la salud, la educación y un mínimo de servicios públicos. De lo contrario, estaremos viviendo en un Estado sin Estado; seremos un pueblo, apenas sin defensa ante cualquiera que venga y nos quite la luz (Unión Fenosa), o que nos utilice como esclavos, mano de obra, a pesar de estar expuestos a productos conocidos por su toxicidad (caso Nemagón por ejemplo).
No. Por vergüenza, por dignidad, este gobierno, antes de concluir su legislatura, antes de que vengan otros a alargar la toma de esta decisión, debería ponerse como prioridad garantizar la mínima y así llamada “calidad de vida” con la mejora de la distribución de agua en la capital. Es una cuestión de todos, bueno, tal vez no de todos, aquí lo sufren los más pobres, y debe ser por eso que nunca, dolorosamente nunca, es una prioridad. Es indigno la forma como se ha tratado este problema, es un desprecio a un pueblo ya de por sí demasiado golpeado. No es acaso suficiente la incertidumbre del miedo a no poder cubrir la canasta básica, del miedo a no poder cubrir el costo de los medicamentos, del miedo a no tener trabajo, del miedo a no poder quedarse y tener que partir. Acaso no es suficiente todo esto, para que encima nos quiten lo más básico para sobrevivir.
Aquella vez, después de pasar un rato creyendo que por fin venía y desilusionándome al instante, no fue verdad hasta las tres de la madrugada. Lo supe porque me quedé dormido y el charco llegó hasta mis pies. Un chorro de mendigo había venido por las tuberías, y yo no lo había visto. Tan sólo tenía la evidencia de que el balde estaba lleno e incluso se había rebosado. Hasta la siguiente noche, algo más temprano no conseguí verla salir de verdad. No sería extraño que todos los barrios se levantaran porque están reclamando algo que es una justicia, porque están diciendo la verdad. Esto debe ser una prioridad ya, y no más tarde, sino quedará en la deuda para un gobierno y una alcaldía que dice estar cerca del pueblo. Será mentira si no atienden algo tan del pueblo, tan de la vida, como es el agua. No será sólo un problema de sequías, de falta de renovación del sistema, sino un auténtico desprecio a este pueblo. De momento, seguimos pagando recibos. Se pagan más por el aire que por el agua. ¿Hasta cuándo?
franciscosancho@hotmail.com