Opinión

Investigación para la Gioconda


¿A qué machos se cogió el rey Enrique II de Castilla?, sepa la bola, seguro que a ninguno relevante, tal vez a muchachos aldeanos o campesinos de sus feudos, porque no pasaron a la historia, nadie registró los nombres ni apellidos de los que anónimamente le dieron la rosca, satisfaciendo los homoeróticos y exaltados deseos de su real señor maricón.
Al Primer Rey de la Dinastía Trastámara también le dio por cochonear, es difícil creer que su preceptor don Rodrigo Álvarez le indujera tales mañas. El bastardo, cuarto hijo extramatrimonial del rey Alfonso XI de Castilla y doña Leonor Núñez de Guzmán, era bien guapo. En una miniatura de 1594, lo vemos empuñando su espada bien alzada con los ojos entrecerrados de forma tan placentera que no parece apretar un instrumento para matar, dulce es su expresión somnolienta, la barba espesa igualmente rizada como sus pelirrojos cabellos le circunda el rostro fino sonrosado. La miniatura no lo representa con corona, nuestra loca luce una especie de turbante amarrado con una cinta, es seguro que le gustaban los árabes, los moros o mozárabes que quedaron después de la reconquista convertidos al cristianismo, porque no quisieron regresar a sus desiertos con camellos, dando masajes, fabricando telas y olores, untando afeites y en especial manteniendo al día el acervo de la cultura griega a través de los excelentes eruditos traductores de Aristóteles y su pandilla.
El crío era andaluz, igual que Lorca, vio por primera vez la luz en la Sevilla de 1333. ¿Y quién dice que a los cochones les faltan huevos?, ni corto ni perezoso combatió con sus hermanos Fadrique Alfonso, Tello y Sancho, los Infantes de Castilla, a su hermanastro Pedro I, llamado el Cruel, con sobrada razón, porque entre sus atropellos se llevó en el saco a la madre de los jóvenes, a la pobre doña Leonor, que encarceló, torturó y asesinó, dándole el servicio completo, sopa de muñeca y jarabe de palo a full time.
Volviendo a la miniatura, muestra el Rey ropas brillantes, suponemos que sedas fondo azul claro y capa con jubón, doble forro verde esmeralda, con arabescos rodeando floresotas tipo crisantemos y a lo interno un tono parejo rosa llamarada, casi fucsia. El hombre con la mano izquierda delgada, delicada, acaricia el corpiño con actitud femenina. Hay sabiduría en el trabajo del artista, los ojos entornados del Rey no lo retraen del mundo, antes bien, centran andróginamente su condición dual, bi, hetero y homosexual, representada por la espada que oprime y alza con la mano derecha y la punta del chalequillo que manosea con la izquierda. Después de doscientos sesenta y un años, la gente elucubra, supone, conjetura, inventa hipótesis, el miniaturista tomó la historia del personaje por su aspecto singular, ya que ser puto en la España medieval era tan jodido como en la de Franco, sólo después que el Caudillo por la gracia de Dios estiró la pata, se produjo el destape, todo mundo quería culiar con todo el mundo, era la movida, en las Ramblas y la Gran Vía repartían esquelas ofertando sexo de todos los colores y sabores, aparecieron por millares las revistas pornos y la mariconada cobró carta de ciudadanía hasta ser oficializada mediante los matrimonios gay del año pasado, así la Península Ibérica reivindicó por medio de las cortes, los particulares e innatos apetitos de su venerado y justo Rey castellano.
Pero ser playo, joto o marica para Enrique II no fue ningún problema, tenía poder ¿y al poder quién le buja?, aparte de que se le mojaba la canoa cuando le daba su pinche y puñetera gana. El chavalo bello se nos casó a los diecisiete años con doña Juana Manuela de Castilla, Señora de Villena, Escalona y Peñafiel, con la que tuvo a Juan, la Leonor y la Juana, y además panzoneó a otras damas de la corte que le parieron catorce hijos. Felicidades majo y buen provecho.
Chontales, Nicaragua
Equipo Coordinador
Horizonte de Palabras
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