Opinión

El crecimiento económico y la ética de Confucio


El profesor Paúl R. Krugman, célebre economista norteamericano, miembro del Grupo de los Treinta, hace algún tiempo se entrevistó con el entonces hombre fuerte de Singapur, Lee Kuan Yew, quien aseguraba que “el rápido crecimiento y bienestar de los países de Asia del Este, tenía sus raíces en el “el dinamismo interior y creatividad del hombre asiático”.
Peter Druker (1997) condicionó el estado de dinamismo y creatividad de las personas a un clima corporativo donde debe tener preeminencia la libertad, sin ese clima organizacional transparente donde se es libre para tomar buenas iniciativas y formular cuestionamientos a la alta gerencia, la innovación y la creatividad son letra muerta.
Siempre que leo la cita me gusta, así sea sólo por la ironía: si alguna vez hubo un caso de desarrollo de arriba hacia abajo, de una nación que creció, no debido a la iniciativa de los individuos, sino porque el hombre a cargo tenía una visión y se la impuso a sus conciudadanos, esa fue la Singapur del señor Lee.
Lo anterior sugiere que ha diferencia de lo que vaticinaba Peter Druker relativo a la importancia de la libertad para generar creatividad y espíritu innovador, el hombre de Asia del Este del que hablaba el señor Lee, desarrolló su espíritu empresarial en un clima organizacional, donde los líderes asiáticos impusieron la visión y todo mundo trabajó por alcanzarla.
Lo interesante es, no obstante, destacar que estos países denominados por el Banco Mundial (BM) como países con economías de alto desempeño, incluyen las naciones musulmanas de Malasia, Indonesia, el reino budista de Tailandia, las ciudades – estados de origen chino de Singapur y Hong Kong y las inconfundibles culturas de Corea y Japón, prácticamente todos estos países lograron su crecimiento económico bajo regímenes más o menos autoritarios.
Y ante semejante diversidad cultural y religiosa, todos estos países, sin excepción, lograron extraordinarias tasas de crecimiento, comparten características como: alta propensión al ahorro, una educación básica excepcionalmente buena y, en consecuencia, altas tasas de alfabetismo y grandes destrezas matemáticas. La pregunta es ¿cómo es que estos países, culturalmente tan diferentes, comparten características tan comunes, lo que por sí solo explica su opulencia económica? ¿Por qué en medio de la diversidad hay tanto en común? La verdad, nadie lo ha podido explicar.
El politólogo norteamericano Samuel Huntington ha argumentado que toda esa área geográfica comparte la cultura de Confucio, sin embargo, esto también se aplica a Indonesia o Malasia, aunque la verdad es que en el sudeste asiático la cúpula de los negocios está compuesta, en su mayoría, por personas de origen chino.
Max Weber, quien desarrolló diferentes ensayos sobre la ética protestante y el espíritu del capitalismo, argumentó en forma memorable que la “ética protestante” explicaba el surgimiento económico de Europa Noroccidental; quizás una “ética de Confucio” de grandes ahorros y respeto por la educación es el denominador común del éxito económico de Asia.
Lo más importante es que el modelo asiático de desarrollo descartó las ingenuas y perversas nociones del laissez- faire y su teoría ecológica del libre mercado, apostando por un gobierno que promocionaba activamente los negocios de particulares, protegiéndolos de la competencia extranjera hasta cuando estuvieran preparados para exportar, subsidiándolos con crédito barato y en general, utilizando al Estado como un instrumento de desarrollo económico.
El autor es el Director de la Escuela de Economía y Negocios de la UCC y candidato a Doctor en Ciencias de la Administración y Economía