Opinión

La izquierda latinoamericana y la agencia


En 1848, los maestros Marx y Engels declaraban, a través de su Manifiesto del Partido Comunista, que un fantasma recorría Europa. En la actualidad, esta frase se puede parodiar diciendo que: una realidad recorre América Latina. En este sentido sería inadecuado mencionar los gobiernos de izquierda que, en lo que va de las dos últimas décadas, han asumido el poder en nuestro continente. Interpela ahora la izquierda latinoamericana para desafiar la tozudez de Francis Fukuyama, quien, siguiendo a Hegel, decía que la historia había terminado cuando cayó el bloque socialista.
Debido al agotamiento de la narrativa liberal y de la barbarie del libre mercado, los sujetos, hasta estos momentos marginados, están realizando movimientos eruptivos que rompen con los modelos tradicionales y verticales heredados en algunos casos de las dictaduras (caso Chile) de las inconsistencias institucionales desajustadas debido a las corruptelas del liberalismo (Nicaragua, México, Bolivia, Argentina y Brasil) y la ruptura con sistemas y regímenes rígidamente bipartidistas (Venezuela y el mismo México).
En base a lo antes expuesto, estos nuevos sujetos han realizado en la sociedad latinoamericana una especie de descentramiento que opera bajo rúbricas ideológicas atávicas y otras muy novedosas, las cuales un autor como Anthony Giddens llama “agencia”. Por ello, las plataformas de Michelle Bachelet en Chile, Evo Morales en Bolivia, Hugo Chávez en Venezuela, FSLN en Nicaragua son las demandas sociales más amplias, plurales e incluyentes que a la postre se han vuelto la teleología de sus narrativas. Es decir, sus propuestas están terciadas más hacia al lado de lo “social” que hacia lo político.
Se introduce aquí un matiz muy importante. Estas nuevas propuestas, vistas como la “agencia” de la plataforma de estos nuevos sujetos son, a su vez, la ontología a través de la cual, en forma discursiva, se reconoce su conducta sociopolítica. ¿No es eso lo que Bachelet, Morales, Chávez y el FSLN, por ejemplo, dan a conocer cuando hablan de la redistribución, de la educación desde otras ópticas, del mejoramiento de los niveles sociales de los marginados, excluidos o subalternizados?
Esto tiene diversas variantes, pues los sujetos han sabido negociar el reconocimiento que ontológicamente les pertenece y que, debido a conceptualizaciones de la elite letrada, les fue retenido. Morales confronta esas conceptualizaciones, lo mismo que Chávez, cuando Ramonet afirma que a la elite venezolana le llaman el mono, al igual que Ollanta Humala en Perú lo está haciendo. Es decir, estos sujetos están oponiéndose a Fukuyama, pues han creado su propio proyecto para hacer historia.
Esto, a su vez, ha venido creando un proceso de fortalecimiento y transformación de la objetividad social de estos sujetos. Es sintomático, entonces, que se reinventen los mecanismos de movilización, de agendas y plataformas sociales en las que los puntos fijos han venido quedando atrás. ¿Acaso un líder como Lula no lo ha demostrado? El mismo Chávez cuando dejó de lado los rencores debido al fallido golpe pone en evidencia esto que venimos diciendo. Al igual que el FSLN y el comandante Daniel Ortega cuando ha venido logrando un acercamiento con la Iglesia y otros sectores como la empresa privada nicaragüense.
Estos puntos son determinantes, pues implican la necesidad de la utopía. Ésta aún vive desde la óptica de la agencia propuesta por Giddens. Dicho de otra manera, la izquierda, siguiendo los parámetros de la “agencia”, ha venido reconstruyendo la utopía en el sentido de una nueva sociabilidad y relacionalidad con los esquemas representados en la nación. Esta reconfiguración va de la mano con una nueva concepción de la participación social, de los grados de organización y democracia que existen dentro de la sociedad. ¿No es ésta una disposición en la cual la izquierda ve igualdad y la “agencia” y la derecha ve colapsos y economicismos atroces nada más?
Esta puesta en juego va hacia designios que la izquierda actual latinoamericana valora y caracteriza substanciales para la restauración ética de la política, tales como relaciones en la que se ven involucrados componentes tan importantes como la familia, los barrios, las ciudades, las etnias, las organizaciones políticas, los órganos de representación, entre otros.
Además, esta izquierda, tal y como lo han afirmado sus líderes (Morales y Bachelet son los casos más recientes), reconceptualizan la idea y la praxis del Estado en lo que refiere al manejo que han hecho de éste los gobiernos fondomonetaristas. En este sentido, la izquierda tiene que lograr la fundación de una nueva forma de democracia, la cual compatibilice desarrollo económico con integración social. La premisa principal de esta democracia re-inventada por la izquierda latinoamericana es que toma en cuenta lo que el mismo Giddens llama parámetros sociales y culturales de los individuos, a través de los cuales logran la significación de la agencia, para luego ordenar y organizar sus actividades.
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