Opinión

Michelle, má belle


Para los que vivimos la experiencia del golpe militar dado en operación conjunta por las Fuerzas Armadas chilenas y la administración de Richard Nixon en los Estados Unidos, el 11 de septiembre de 1973, en contra del gobierno legítima y democráticamente constituido de la Unidad Popular presidido por el Dr. Salvador Allende Gossens, el triunfo de la Dra. Michelle Bachelet Jeria es una reivindicación histórica. Esa reivindicación además de otorgarme una satisfacción íntima de carácter político, desde el domingo me ha hecho tararear “Yo pisaré las calles nuevamente”, de Pablo Milanés, y misteriosamente --no me explico por qué—“Michelle má belle”, de Los Beatles.
Michelle Bachelet, Presidenta electa de Chile, es hija del general de la Fuerza Aérea Alberto Bachelet Martínez, a quien el presidente Allende le encargó la distribución para toda la población chilena, de los escasos bienes de consumo de primera necesidad. Era un militar de honor, acrisolado por la honradez, la verticalidad y además con una sensibilidad social y humanística que lo hacían estar muy cerca de las posiciones políticas que en la sociedad chilena pugnaban por un cambio radical.
En aquella sociedad chilena de 1972-1973, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de los Estados Unidos de América, no son tapazos --los hechos han sido suficientemente probados y documentados hasta por el mismo Congreso americano--, financiaba asonadas, huelgas de mineros y paros de transporte. Se pretendía tumbar al gobierno a partir de la creación del caos, la violencia, la inestabilidad y el hambre. El abastecimiento principal de alimentos para este largo país (4,000 km) se realizaba a través del transporte terrestre. En no sé qué mes de estos aciagos años, los camioneros financiados por la CIA y como buenos empresarios privados, decretaron un paro total de transporte para provocar el desabastecimiento, la hambruna, el malestar social y condiciones para el golpe que habían planeado.
Frente a tales circunstancias, los estudiantes universitarios fuimos movilizados para que en camiones del Gobierno, del Ejército o de cooperativas afines a la Unidad Popular, contribuyéramos con el cargue y descargue de víveres. A mí me tocó trabajar unos días cargando y descargando harina. La harina, para las costumbres alimenticias de la sociedad chilena, es tan vital como para nosotros el arroz y los frijoles.
Una vez que terminamos nuestra labor, en una bodega al norte de Santiago, nos habló un militar de pelo entrecano, de cuerpo atlético, de serena y firme palabra, nos agradeció el aporte del movimiento estudiantil revolucionario a la solución de la crisis y nos entregó valiosos elementos para entender la coyuntura que vivía el país. Yo pertenecía a la izquierda revolucionaria del movimiento estudiantil, éramos muy críticos a las blandenguerías de los comunistas y los socialistas guatones, pero me identifiqué plenamente con las palabras de ese militar. Un compadre me dijo: “Ese gueón, es mi general Bachelet”.
Durante el golpe, a mí, como a todos los latinoamericanos revoltosos, me tocó huir o esconderme, muchos amigos míos padecieron torturas y prisión en el Estadio Nacional de Chile, el cual la dictadura fascista convirtió en campo de concentración y muerte. El alcohólico apresado en el toque de queda, que se desespera por su caña de vino o grapa, que quiere escaparse por las mallas del Estadio, es asesinado fríamente por un certero disparo de Fal. El joven down caminando sin entender las órdenes de los milicos, que le gritan que se detenga, pero en su nerviosismo producto del caos es incapaz de descifrar el mensaje y una ráfaga fría lo saca de penas. O los mismos gélidos simulacros de fusilamiento a medianoche, en la madrugada, vividos por muchos amigos míos en el Estadio Nacional de Chile. Simulacros donde la víctima regresaba cadáver y sólo la solidaridad humana, el calor de los compañeros, literalmente las caricias de ternura, lo hacían volver a la vida.
Es significativo, emocionante y prometedor, que la primera presidenta socialista de Chile, sea Michelle Bachelet. Una mujer es la tercera Presidente Socialista, antes en la historia están Salvador Allende y Ricardo Lagos. Bachelet es una mujer que ha prometido erradicar la pobreza, lograr una mayor equidad social, proporcionar mayor seguridad a la población chilena, completar y mejorar el desarrollo alcanzado en educación y salud en este país austral. Michelle Bachelet ha dicho no albergar deseos de venganza en su corazón, pero tampoco olvida la justicia. Y la dictadura fascista de la fuerzas armadas jefeadas por Pinochet cometieron muchos crímenes que no están quedando ni van a quedar impunes. Mucha sangre cruzó bajo el puente, y muchos cadáveres flotaron en el Mapocho o el Bio Bio. Pero en estas elecciones, el reo asesino Augusto Pinochet Ugarte no ejerció su derecho al voto. Pinochet pudo botar gobiernos, pero esta vez no pudo votar. Merci beaucoup Michelle, má belle...