Opinión

La visita de Vargas Llosa


Conocí a Mario Vargas Llosa, no recuerdo si en 1982 o en 1983, en ocasión, creo, del inicio de las obras del proyecto Lechero “Chiltepe”. En el marco de la pequeña celebración, el entonces Ministro de Agricultura y Reforma Agraria, comandante Jaime Wheelock, había invitado a un almuerzo de campo a un ministro de Economía de la Alemania Federal que nos visitaba.
El otro invitado era Vargas Llosa, y el ministro Wheelock me invitó a que lo acompañara. De los cuatro yo era el mayor en edad, ya que el ministro alemán era muy joven, más aún que Wheelock. Recuerdo que el joven ministro alemán pontificaba sobre los peligros del curso económico de la revolución y era el que llevaba la iniciativa de la conversación, en ocasiones apuntalada y reforzada por Vargas Llosa, yo apenas intervenía y Wheelock con serenidad, suavidad y aplomo explicaba, sin antagonizar al alemán, el curso económico que la revolución había decido tomar. Por supuesto, el gran Vargas Llosa con dificultad recordará la reunión, mucho menos que me recuerde a mí, que sólo observaba.
Desde entonces me di cuenta de su compromiso político con los ricos, y su entonces inconfesado, desprecio por los pueblos latinoamericanos empobrecidos. Quedando obvio éste después en sus fracasadas campañas en busca del poder político para promover e imponer la supremacía de la oligarquía, en este caso peruana, que es el sueño de todo hijo de casa latinoamericano. Vargas Llosa no obtuvo el poder, su máxima ambición, lo que lo hace ahora un intelectual político frustrado, por debajo de sus contemporáneos del “boom” y dando opiniones negativas sobre presidentes de grandes países latinoamericanos.
¿Por qué viene Vargas Llosa a Nicaragua? La razón obvia es que el gobierno lo invitó a recibir la Orden Cultural Rubén Darío. ¿Quién lo invita y por qué? No creo que la invitación emane de mi querido poeta Julio Valle, actual Director del Instituto Nicaragüense de Cultura, pues creo que Julio no corta flores con ese maistro. Tampoco creo que venga de su conocido Sergio Ramírez, pues Vargas Llosa se siente incómodo ante la presencia de Sergio, porque sabe que éste es mucho mejor novelista que él y eso también incomoda a Sergio.
Yo exploraría otros dos caminos, que en realidad son el mismo. Puede venir de una sugerencia del Departamento de Estado a nuestra Cancillería, que se asume como una orden, y de ahí al secretario privado del Presidente, el poeta Ariel Montoya, quien, a como buen poeta, no gusta de los novelistas políticos fracasados, pero no tiene más remedio que ejecutar la invitación, inteligentemente comprendiendo la misión del invitado que es: la promoción de la derecha política nicaragüense.
El otro camino, ambos son anovelados, pues el sujeto es un novelista, es una sugerencia de parte del derechista internacional, amigo de Vargas Llosa, Carlos Alberto Montaner, coautor de un libro intrascendente y estúpido llamado Manual del perfecto idiota latinoamericano, en donde lo único que ha dejado claro el pasar del tiempo es que los únicos perfectos idiotas latinoamericanos son los tres autores del libro y el autor del prólogo Mario Vargas Llosa, hermano de otro de los autores. Probablemente de todo esto, incluida la razón por la cual recibiría la Orden Cultural Rubén Darío, no se daba cuenta Vargas Llosa, ya que él es un promotor oficioso de las oligarquías, el capitalismo salvaje y el imperialismo, y sólo se dio cuenta de su misión hasta que Montaner le dijo que no olvidara mencionar a Eduardo Montealegre y Herty Lewites, cuyos nombres tuvo que anotar, pues no los había escuchado nunca, y que eran los candidatos de los yankees, misión que cumplió a cabalidad.
En días recién pasados END publicó una entrevista del gran novelista, realizada por Erick Aguirre y Edwin Sánchez, que viniendo de Erick, un escritor mucho más profundo y sólido, y de Edwin, más brillante, suelto y ameno, que Vargas Llosa, se me antoja, que la entrevista era más una burla suave e irreverente al novelista que Erick califica como conocidísimo, que un homenaje al gran escritor y miembro del “boom” latinoamericano.