Opinión

Accidentes mortales


Como parte de una pandemia debemos referirnos al elevadísimo número de accidentes de tránsito que nos sitúan como uno de los países con los índices más elevados de mortalidad por esa causa. Según la asociación civil, las muertes registradas por esa clase de accidentes en 2005 ascendieron a 3138, lo cual equivale a un promedio diario de casi 9 víctimas mortales y a un promedio mensual de 260. Cifras aún más alarmantes si se les compara con los índices de otros países. 211 en España y 195 en los Estados Unidos.
Llamamos la atención sobre el número de muertes originadas en accidentes de tránsito y señalamos las posibles causas que los ocasionan. Nos enfrentamos a un problema que tiene que ver tanto con el gobierno como con los particulares. Por un lado, hay fallas en el sistema de controles y sanciones. Por el otro, los conductores no cumplen con las normas de tránsito y de seguridad vial. ¿Si no se sanciona por incumplir las leyes, para qué acatarlas? Parece que la anomia se extiende también en lo referido a la seguridad vial.
Además, debemos señalar con preocupación que muchas de las decisiones adoptadas en los últimos tiempos desde distintas dependencias del Estado han contribuido a crear un ambiente menos seguro en materia vial y con ello, a elevar las posibilidades de accidentes mortales. En efecto, se han suprimido los controles de velocidad por radares. Ello debido a irregularidades en el procedimiento que dieron lugar a abusos en la aplicación de sanciones. Pero la cuestión no debería pasar por suspender los controles, sino por solucionar las irregularidades.
Tampoco se ha hecho efectiva --seguramente por cuestiones económicas-- la legislación que obliga a las empresas de transporte público de pasajeros a colocar en todos los asientos cinturones de seguridad. El cumplimiento de dicha norma es todavía muy limitado. Sólo el chofer y los pasajeros sentados en los primeros asientos del vehículo tienen correas para ajustarse a los asientos.
El estado de los vehículos en muchos casos es obsoleto y éstos no son aptos para el traslado de personas; la rigurosidad de los exámenes psicofísicos y de aptitud para conducir, así como el estado de las rutas, avenidas y calles, son cuestiones que deberían estar permanentemente en la mira de las autoridades, ya que son factores que inciden mucho en los accidentes de tránsito. A todo ello debe agregarse el incumplimiento de las normas por parte de los conductores, muchos de los cuales manejan sin utilizar el cinturón de seguridad, en estado de ebriedad o estimulados por otras sustancias más peligrosas o a velocidades prohibidas, asimismo violando las señalizaciones de los semáforos y otras regulaciones viales.
Es de esperar que las autoridades y los particulares tomen clara conciencia de lo que ocurre en materia de accidentes de tránsito cuando las normas en vigencia no son cumplidas, cuando las sanciones no se imponen, cuando las campañas de educación y seguridad vial responden a estímulos espasmódicos y cuando los controles no son sostenidos en el tiempo. La anomia, la desidia y los intereses económicos deben desaparecer; de lo contrario, mientras sigan influyendo en los aspectos referidos a la seguridad vial, será difícil, sino imposible, abandonar los primeros puestos del lamentable ranking mundial de muertes en accidentes de tránsito.
Urge hacer algo, comisionado Cordero.
Vicerrector UCC