Opinión

No volverá el pasado


“¿No será que somos nosotros los que estamos en el “estercolero de la historia” por culpa de unos políticos, sobre todo los caudillos, con vocación de pasado? Por mi parte debo reconocer que el único respiro que he sentido de estar en el presente, fue cuando gobernó doña Violeta --comenzó la plática aquella mañana el de Masatepe--. Es más, diría que cuando terminó su buen gobierno, había dejado al país orientado hacia el futuro. Pero vino Alemán, con una voracidad sin límites y como dijo José Coronel Urtecho: “Vio a Nicaragua como un negocio se robó Nicaragua, el país, el gobierno, la tierra para él y su familia”, y después lo compartió todo con el otro caudillo, y así piensan seguir hasta el fin de nuestro días hacia atrás, hacia el pasado, pero hacia un pasado peor como lo es todo pasado que se repite”.
El de Managua asintió, y dijo: “Tenemos que luchar contra el pasado, y reivindicar al poeta José Coronel Urtecho quien en su poema “No volverá el pasado”, con el optimismo con que a una gran mayoría nos entusiasmó la aurora de la Revolución, afirmaba: “No volverá el pasado/Ya nada de lo que es será lo que era/Es el principio de una nueva historia/ La vieja historia se acabó, ya no puede volver/ Esta, ya es otra historia/ Otra historia distinta de la historia/ Otra historia contraria a la historia/ Precisamente lo contrario del pasado”, y cantar y vociferar hasta el infinito con las nuevas generaciones: “No volverá el pasado/ Ya el pasado es realmente pasado/ El presente presente el futuro futuro”. No podemos permitir que desde hoy los caudillos nos nieguen el futuro mientras transforman el presente en pasado. Eso es lo que están haciendo junto con toda la clase política de este país, incluso aquellos quienes creen no ser propiedad de los caudillos, y peor aún aquellos quienes para no ser propiedad de los caudillos, se engañan pensando que es menos peor ser propiedad de los gringos, y hacia ellos van sumisos --fortaleciendo así el demagógico antiimperialismo de uno de los caudillos-- para que les digan quiénes y cómo van a gobernar Nicaragua”.
“Se repite la Historia y lo peor de la Historia pasada, --reflexionó Sherlock--, y los gringos una vez más no se dan cuenta de que lo que están propiciando con sus intromisiones e injerencismo, es el surgimiento de un nuevo Sandino. Un Sandino que no hace pactos y que iría junto con todo su pueblo “hacia el sol de la libertad o hacia la muerte”. Un Sandino dispuesto a recuperar la dignidad del nicaragüense; un Sandino sin Corte Celestial que le maneje una Corte Suprema Corrupta; un Sandino que construiría carreteras hacia el progreso y que encarcelaría a los delincuentes políticos; un Sandino que estaría desde ya salvando de su destrucción al Lago Cocibolca, preservándolo como reserva nacional, evitando la destrucción de su fauna natural e impidiendo negocios a costa de la extinción de esa fauna; un Sandino reafirmando nuestra soberanía sobre el Río San Juan, dotando de escuelas y centros de salud los poblados más lejanos de nuestro Río y de todo el Caribe nuestro y querido; un Sandino come Rondón y come Wabul; un Sandino omnipresente en todo el territorio nacional y no únicamente en Managua; un Sandino que dignificaría la profesión de médicos y maestros pagándoles los salarios que se merecen y no los miserables que imponen los suscriptores de tratados de libre comercio que nos esclavizan; un Sandino que velaría porque vitales instituciones como el Ejército y la Policía no se corrompan con el narcotráfico, ganen salarios como corresponde a quienes protegen nuestras vidas y nuestras fronteras, y que sobre todo impediría que los políticos trataran de manipular a estas instituciones; un Sandino que reduciría el número de magistrados y diputados y sus megasalarios, para que todo vaya acorde con las posibilidades de este país; un Sandino de verdad, como el que asesinó Somoza en 1934, ahora resurgiendo en el alma de cada patriota nicaragüense, y proclamando a los cuatro vientos que en Nicaragua no habrán caudillos ni resucitarán las paralelas antihistóricas y que por ello mismo no volverá el pasado”.
Sherlock ya terminaba su alocución jadeando de fervor patriótico, a la vez que estremeciendo las conciencias de Watson, el de Managua, el de Masatepe y de Caresol que se les había unido aquella mañana frente a la casa de José Antonio Sanjinés, quien incluso aplaudía con un entusiasmo que le hacía recordar sensaciones olvidadas de cuando el Frente Sur: “Ojalá que este consenso nuestro contagie a todo el país y que muchos políticos depongan personalismos, megaegos y con un sentido absolutamente nicaragüense, sin injerencismo gringo, busquemos y encontremos entre todos nuestra propia salida hacia la luz, la ética, la moral, la libertad, el progreso, todo sintetizado en el futuro”.
“Porque de lo que podemos estar seguros por nuestro esfuerzo presente, dijeron todos a coro, es que:
¡No volverá el pasado!”.