Opinión

Rubén Darío: clásico de la lengua española


La reciente inclusión de una antología en inglés de la poesía y prosa de Rubén Darío en la famosa colección Penguin Classic es un acontecimiento literario que, afortunadamente, ha ocurrido durante el año del Centenario de la aparición de la obra cumbre de Rubén: “Cantos de Vida y Esperanza” (2005).
Todos los nicaragüenses debemos sentirnos orgullosos por el ingreso de Darío a tan prestigiosa colección, lo cual viene a confirmar lo que con tanto acierto han afirmado sus mejores críticos: Darío es ya un clásico de la lengua española. No es suficiente considerarlo como el fundador del Modernismo y el renovador de la lengua de Cervantes. Es eso y mucho más.
Como bien afirma Arturo Torres-Rioseco, quien fue catedrático de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de California: “Pasará el Modernismo y el nombre de Darío vivirá lo que viva nuestro continente. Su obra seguirá siendo materia de estudio para eruditos y poetas, y se repetirá el caso ya tradicional entre los grandes poetas de todos los países, porque su obra es la resultante de todos los esfuerzos dispersos de los poetas anteriores que en forma de antena se alarga hacia el futuro para mostrar a los que vendrán nuevos senderos de belleza y de armonía”.
Antes, en su famosa refutación al crítico inglés y profesor de la Universidad de Oxford, Sir Cecil M. Bowra, nuestro erudito dariano Ernesto Mejía Sánchez había dicho: “Darío y Lorca son clásicos porque ya no se les imita; se les estudia, se les lee, como puede leerse y estudiarse a Bécquer y a Garcilaso, pero no se les imita”. Y agregaba: “No es por la imitación de los menores por lo que sobrevive un poeta. Un poeta vive --si se permite el retruécano-- por lo que tiene de no imitable, por lo inimitable personal que tiene y lo caracteriza”.
En mis viajes por América Latina y Europa suelo siempre indagar en las librerías si están a la venta obras de Darío. Es realmente sorprendente encontrar muchas nuevas ediciones de “Azul...”, de los “Cantos de Vida y Esperanza”, nuevas ediciones críticas de sus obras y muchísimas antologías de la poesía y prosa de Darío.
Y es que la renovación de la poesía castellana llevada a cabo por Darío es de tal magnitud que Pedro Henríquez Ureña asegura: “De cualquier poema escrito en español puede decirse con precisión si se escribió antes o después de Rubén Darío”. Y Luis Alberto Cabrales, juzgando que las reformas de Darío no sólo incidieron en la poesía sino en el instrumento mismo, en la propia lengua, que fue así libertada de viejas ataduras, llega a decir que: “De tal manera enriqueció la lengua castellana que con la misma justicia con que se le denomina lengua de Cervantes, podría llamársele lengua de Darío”.
“Cuando un poeta como Darío ha pasado por una literatura, todo en ella cambia”, nos enseña Jorge Luis Borges. “Todo lo renovó Darío: la materia, el vocabulario, la métrica, la magia peculiar de ciertas palabras, la sensibilidad del poeta y de sus lectores. Su labor no ha cesado y no cesará; quienes alguna vez lo combatimos, comprendemos hoy que lo continuamos. Lo podemos llamar el Libertador”. “Ser o no ser como él, precisa Octavio Paz. De ambas maneras Darío está presente en el espíritu de los poetas contemporáneos. Es el fundador”. “Darío es ese, señala nuestro Pablo Antonio Cuadra, que pone en pie el castellano para una segunda salida --aún mejor que la primera-- como el Quijote. Él mismo sirve de guía, de capitán: es el renovador”.
Darío estaba plenamente consciente de la crítica que suscitaba, y suscitaría en el futuro, su obra renovadora. En una ocasión afirmó: “Tanto en Europa como en América se me ha atacado con singular y hermoso encarnizamiento. Con el montón de piedras que me han arrojado pudiera construirme un rompeolas que retardase en lo posible la inevitable ola del olvido”.
Podemos estar seguros que la ola del olvido no podrá jamás superar ese rompeolas, que más bien se agiganta día a día, cuando las mentes más lúcidas de la crítica contemporánea externan juicios, como el del gran filósofo español Julián Marías: “La forma concreta de influencia de Rubén Darío fue la de la innovación --hay otras--; desde entonces, todos --salvo Unamuno, y ni siquiera esta excepción es absoluta-- van a navegar bajo ese pabellón azul. Dicho con otras palabras, es Rubén quien fija el nivel en la poesía española”.
Managua, 18 de enero de 2006.