Opinión

Tiempos para contribuir a la convivencia en América Latina


En el continente europeo, los ciudadanos que practican ideologías conocidas como comunistas, socialistas e izquierdistas ejercen sus actividades políticas en un ambiente de convivencia, compiten en los procesos electorales en iguales condiciones que otras fuerzas.
Desde luego, cuentan con bases institucionales sólidas, orden, culturas altamente desarrolladas, las cuales facilitan vivir en democracia auténtica; por otra parte, la izquierda transitó paulatinamente del criterio revolucionario al de la convivencia entre capital y trabajo, bajo principios prioritarios de justicia social y equidad, como valores por encima de la acumulación de capital.
Los políticos europeos no toleran injerencismos de ninguna naturaleza, y no porque se pueda pensar en nacionalismos trasnochados, sino por la responsabilidad que tienen con los ciudadanos, por construir países en crecimiento sostenido y la preocupación de mejores condiciones de vida.
Comunistas, socialistas, izquierdistas han comprendido que se vive una época de cambio, de revisión de errores y redefinición de ideologías, compiten con las llamadas derechas sin recurrir a la violencia, ni procedimientos oscuros. El socialismo tiene diferentes modelos.
En países pequeños que por varios años estuvieron bajo la bota comunista, sus gobernantes trabajan para emular a países de crecimiento rápido, no existen consignas internacionalistas. Países pequeños como Estonia y Eslovenia, en su nuevo ambiente, partieron de cero y hoy han logrado crear países estables y prósperos, cada uno tiene mucho de qué sentirse orgulloso.
Contrario a esas sociedades civilizadas, en el continente latinoamericano existe una diversidad de culturas, una frágil institucionalidad, no se respetan las leyes y uno que otro país puede considerarse que avanza en una verdadera democratización, en su mayoría, los líderes políticos son cavernarios.
El continente americano, por siglos ha sido dominado por intereses geopolíticos y comerciales del poderoso vecino del Norte, lo que facilitó la explotación de varios recursos naturales que enriquecieron a familias del extranjero y nada dejaron a países y trabajadores nacionales, sólo pobreza, no aportaron nada al crecimiento.
Por otra parte, ese dominio fue proclive a imponer por muchos años gobiernos dictatoriales que garantizaran sus intereses, especialmente militares; los ciudadanos se vieron privados de sus derechos, brillando ausencia de ley, equidad, justicia y democracia. Esta realidad corrompió a los políticos criollos y despertó el estilo de gobiernos títeres y autocráticos.
Por largos años América Latina fue orientada bajo el criterio de “América para los americanos”, y cuando la confrontación este-oeste, el gobierno norteamericano introdujo el terror al comunismo, llevando bajo la manga la intervención política y la protección al gran capital norteamericano; la bandera por muchas décadas fue la democracia, que nunca llegó, e impedir el acercamiento de otras potencias al continente. Comunismo fue un bolsón que incluyó al socialismo en general para proteger intereses norteamericanos en la región y a las dictaduras criollas.
Desintegrado el bloque soviético, se acabó el cuco del comunismo, pero el gobierno norteamericano apareció con la bandera de la democracia y el terrorismo para dar continuidad solapada a la política “América para los americanos” y mantener injerencia y dependencia de Estados Unidos, que ha venido buscando desesperadamente un tratado continental por la vía comercial para lograr un mejor control de países latinoamericanos.
Al desaparecer el equilibrio mundial que jugaba la URSS, las corrientes socialistas perdieron influencia, el capitalismo en su forma más reaccionaria se impuso en todo el globo, poniendo en apuros, incluso, a la social democracia europea occidental y su principal creación, el Estado del bienestar.
Surgió así la propaganda del temor a la izquierda, intensificada en países pequeños con gobernantes títeres como en Nicaragua, enfatizando la campaña del raído cuento de la necesidad de la inversión extranjera y la democracia. Mensajeros a sueldo van y vienen a predicar los peligros de caer bajo gobiernos de izquierda.
Los términos izquierda y derecha son muy utilizados para organizar la competencia de partidos políticos y para configurar conexiones entre éstos y los ciudadanos. Los espectaculares cambios ocurridos en Sudamérica plantean al gobierno norteamericano y a la región, importantes preguntas sobre el significado y la importancia de las ideologías izquierda-derecha.
¿Qué sentido tiene, en efecto, la dimensión izquierda-derecha en la actualidad? ¿Qué temas políticos específicos subyacen las dimensiones más importantes del conflicto político?
La introducción de una competencia política real ha hecho necesario el desarrollo de un vocabulario totalmente nuevo para describir las actitudes ideológicas y las posiciones de los partidos políticos.
El pensamiento socialista forma parte de los grandes componentes de la cultura moderna y contemporánea, y quienes creen que su historia terminó en 1991, se equivocan. Es imposible eliminar un cuerpo de ideas, un pensamiento político, una tradición de lucha que ha existido durante siglos, creer que va a desaparecer luego de la derrota de un ensayo por muy aplastante que haya sido. Existen, no uno, sino varios modelos de socialismo; la derrota de uno de los modelos no significa el colapso de la idea y los principos del socialismo.
El derrumbe del comunismo ha provocado el desarrollo de diversas democracias nuevas. No se debe hacer, igual que se hizo del comunismo, un bolsón del socialismo y perseguirlo. Hay que reconocer que el proceso de globalización y de tiempos de relaciones multilaterales con otros países, regiones, son tiempos de convivencia, tolerancia, las hegemonías tienen que desaparecer, y cada país latinoamericano trabajar por sus intereses nacionales.
La idea del socialismo que atrajo a millones perdió su influencia, y el vacío fue rápidamente ocupado por la última creación ideológica de los círculos más reaccionarios: el neoliberalismo.
Los presidentes de izquierda de América del Sur son heterogéneos en conceptos ideológicos y políticos; unos, como en Chile, Uruguay y Brasil, comparten muchas de las características de la Social Democracia europea, no son hostiles a EU, pero creen que estrechar vinculaciones con cualquier gobierno, es siempre la mejor política.
Quiérase o no, el capitalismo crea sus anticuerpos y éstos se vuelven socialismo o anarquismo o comunismo o feminismo o ecologismo, etc., que se entrelazan y frecuentemente se complementan. Los excesos del mercado, las privatizaciones y la acumulación del capital, tarde o temprano volverán a restaurar los hilos que unen a los rebeldes del presente a su pasado.
El populismo y esos movimientos que se hacen llamar revolucionarios, no son socialismo, son movimientos violentos que nunca tendrán capacidad de solución a la problemática social, son prospectos de dictaduras, que a la hora de llegada, borran los derechos humanos de los pueblos que engañan.
Por siglos, ni el capitalismo ni el socialismo han resuelto las contradicciones sociales de América Latina, pobreza y desocupación son lacras de estas ideologías en las últimas décadas, que no muestran perspectivas de solución futura. Un elemento perturbador en la región, es también, el sentimiento generalizado del anti-norteamerismo, que de no moderarse, la convivencia y tolerancia en el continente no será viable.