Opinión

Llega un nuevo mundo


El crecimiento sostenido de los países llamados BRIC (Brasil, Rusia, India y China) está reconfigurando el mundo. Guayaberas, sombreros, belenes, artesanía local típica de muchos países latinoamericanos se están produciendo en China. A la pujanza de estos países se suma el desprestigio de EU en el plano internacional después de casi media década de intentar imponer unos valores sin coherencia.
La superpotencia ha gastado millones de dólares para “democratizar al mundo” y darle su versión de libre comercio. Pero no sólo no han cambiado los valores en el mundo del Islam, sino que han brotado más que nunca grupos extremistas dispuestos a reafirmarse a través de la destrucción. Tampoco ha fructificado su ambición de crear un área de libre comercio desde Canadá hasta Patagonia.
Estados Unidos paga caro decir que la democracia y la libertad son sus valores cuando ha provocado la inestabilidad política de países, algunos de ellos democráticos, por medio de operaciones encubiertas. A esto le podemos sumar Abu Ghraib, Guantánamo y las prisiones secretas de la CIA en Europa, que calla más que nunca.
No se trata de casos aislados, sino de una tendencia sistemática surgida a partir de la crisis de los misiles. En los sesenta, los intentos de invasión a Cuba y las guerras de Corea, Vietnam e Indochina para evitar el Efecto Dominó. En los setenta, la guerra sucia en el Cono Sur. En los ochenta, el escándalo Irán-Contra y las guerras en Centroamérica. Desde la llegada de Bush, enemigos por todos lados: Afganistán, Iraq, Irán, Siria, Corea del Norte, Libia, Venezuela, esto sin contar el movimiento interno de las ex repúblicas soviéticas y del país musulmán más poblado del mundo: Indonesia. Todo con tal de cercar a una imparable maquinaria china.
En común, los “enemigos” sólo tienen una resistencia a dejar que tanto instituciones controladas por el G-7 como los gobiernos directamente dicten sus modelos políticos, económicos y sociales. Porque si EU ha querido en realidad extender la democracia en Oriente Medio, ¿por qué ha respaldado a un régimen tan autocrático y represivo como el de Arabia Saudita?
América Latina no duerme, y busca ya modelos de cooperación y sistemas de gobierno distintos. Pero sobretodo, gobiernos que encuentran su fuerza en su discurso antiimperialista. En estos países, quienes apoyan el Consenso de Washington alertan que la nueva oleada socialista disuadirá a los grandes inversores para dejar a sus países en ruinas. Esto es falso, al menos parcialmente, ya que algunos países de Latinoamérica han encontrado un nuevo y grande inversor: China.
El presidente chino Hu Jintao hizo una gira por Latinoamérica a finales de 2004, cuyos frutos fueron varios convenios comerciales. Esta semana, Evo Morales inició su gira asiática, la cual confirma el intercambio comercial que busca su país. Además, Jintao se confiesa seguidor del Gran Salto que llevó acabo Deng Xiaoping, el arquitecto de la reforma socialista-capitalista china.
Tampoco vale vanagloriar el notable y real crecimiento económico de muchos países cuando aún existen éxodos a gran escala por el abandono y la miseria de las zonas rurales. Estos países tienen frente a sí el gran reto de erradicar su pobreza extrema, que alcanza el 50% de la población en algunos casos.
Al nuevo socio chino hay que mirarlo con cautela y no caer en ilusiones porque, después, llega la decepción. Hay que tenerlo en cuenta, negociar con él y buscar sitio en Asia para los productos locales.
Además, a pocos kilómetros de los países hispanoamericanos se encuentra Brasil, otro país BRIC que tiene sus propias características, a pesar de todos sus problemas de corrupción. Es preciso aprovechar la inercia de este gigante, para buscar un modelo de cooperación Sur-Sur porque, si algo ha quedado claro, es que las cumbres, como la última del desarrollo celebrada en Hong Kong, han sido quimeras que aplazan el compromiso de los más poderosos.
Muchos argumentan que Occidente está en crisis por falta de valores. No es así. Se ha valorado el tener por encima del ser, el dominar por encima del cooperar. Algunas veces la democracia y la libertad han sido parches para ocultar el consumismo en que están basadas algunas sociedades.
Quizá sea momento de que los pueblos busquen sus valores dentro y que cooperen con otros para que su gente viva mejor. Es justo, posible y necesario.
Periodista
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