Opinión

Postal a Ernesto Castillo


Quien lea la columna de Opinión de Ernesto Castillo Martínez, aparecida en EL NUEVO DIARIO del viernes pasado, bien creerá que está leyendo algo escrito por una persona íntegra, correcta y honesta. Deseo expresar que desde septiembre del 79 hasta mayo del 81, fecha en que tuve que irme al exilio involuntario, experimeté las arbitrariedades del señor Ernesto Castillo Martínez.
Soy el hijo menor de Miguel Castro Duarte, un hombre honesto y trabajador de Jinotega. Él fue confiscado arbitrariamente por órdenes de Ernesto Castillo Martínez, sin que jamás hubiera tenido derecho a defenderse. Si bien es cierto mi padre q.e.p.d fue somocista, a como él mismo lo declaró siempre, también es cierto que aún dentro de las filas del somocismo habían personas íntegras y honestas, dedicadas al trabajo, y nunca aprovechadas de prebendas ni puestos públicos. También hay personas honestas en el PLC, FSLN y en todos los partidos. Y entre esos hombres probos del PLN contaba mi padre. Después de cienes de viajes a Managua y miles de engaños de parte de Ernesto Castillo Martínez, mi padre murió en la desgracia, porque el procurador general de la República, el fariseo de hoy Ernesto Castillo Martínez, lo dejó en la calle. Mi padre no tuvo ya recursos ni para sus medicinas básicas.
Parece ser que don Ernesto Castillo Martínez entiende por torturas solamente las físicas, como las que dice él que sufrió bajo el régimen de Somoza. ¿Y las torturas morales y espirituales, don Ernesto? Su actuación como procurador general dejó mucho que desear. Más que resentimientos, dejó desgracias, injusticias y miseria en miles de hogares nicaragüenses. Desgraciadamente usted no tiene la potestad de devolverle la vida a mi padre y a muchos otros que murieron de pena moral, en la desgracia, por culpa de usted, señor ex procurador general de Justicia de Nicaragua. ¡Dios nos libre en el futuro de funcionarios públicos como usted!
Berlín, Alemania