Opinión

Dominga y las clínicas previsionales


Karla Castillo

La noticia de que la periodista Dominga Tercero había sido víctima de una posible negligencia médica, mantiene conmocionado al gremio de la comunicación, quizá porque nos hace recordar que, al igual que cualquier otro ser humano, estamos expuestos a la mala praxis de los discípulos de Hipócrates y que, peor aún, como cualquier trabajador vamos a ser vistos como un cliente más en las clínicas médicas previsionales.
Dominga es una mujer dinámica, madre de dos jovencitos que oran junto a los demás miembros de su familia para que se recupere pronto del derrame cerebral que la atacó en diciembre, después de una tardía operación de apendicitis que le realizaron en la previsional a la cual estaba afiliada.
“Es hormonal”
Según se ha comentado, desde el quince de diciembre Dominga se presentó a la clínica donde se atendía, quejándose de dolores abdominales, pero los médicos, al parecer ninguno especialista, diagnosticaron simples problemas hormonales y la enviaron a su casa.
Dos días después era intervenida quirúrgicamente por la apendicitis que se le había presentado desde antes de la primera consulta. Pero ya Dominga no despertó normal, pues mostró síntomas que pusieron en alerta a su hija, quien dio la voz de alarma y nuevamente escuchó la versión de los médicos de que su mamá tenía problemas hormonales. Nada de eso ocurría, pues a esas alturas la mujer sufría de un derrame cerebral que podía provocarle graves secuelas o incluso, la muerte.
Los médicos se apresuraron en señalar que ese padecimiento no tenía cobertura del Seguro Social, por tanto no la atenderían. Al ver la inoperancia de los médicos de la clínica previsional, la hija de Tercero decidió trasladarla al Hospital Militar, donde entregó una cantidad de dinero como depósito, correspondiente al aguinaldo y pago de vacaciones de su madre, que ya fue “devorada” por los gastos de su tratamiento, primero en la Unidad de Cuidados Intensivos y luego en una sala de recuperación, ya que gracias a Dios, la periodista resistió el derrame.
Es de preguntarse ¿quién cubrirá los gastos astronómicos en los que ha incurrido la familia para preservar la vida de esta mujer? La clínica previsional a la que estaba afiliada evidentemente no se hará responsable, apegándose a la maldita tabla de cobertura del INSS, que les sirve como carta de impunidad, a la hora de una desgracia con un paciente.
Los compañeros de trabajo de Dominga le han colaborado en lo que pueden, pero evidentemente, son personas asalariadas. Sus familiares no acababan de terminar el trance por la recuperación de otra hermana, quien fue sometida a una delicada cirugía, cuando ocurrió el derrame de Dominga y los encontró sin recursos suficientes.
La lógica me dice que el Instituto de Seguridad Social debería responder por esta evidente negligencia médica, por permitir que una clínica provisional brinde servicios deficientes a sus clientes.
Esto, porque da la casualidad que el derrame ocurrió exactamente después de una cirugía postergada irresponsablemente por un pésimo diagnóstico, y peor aún, por haber ignorado el derrame, pese a que Dominga mostraba signos inequívocos, lo que la expuso a más daño, sufrimiento y la llevó a un paso de la muerte.
¿Y la recuperación de Dominga? Al ser una persona con secuelas de derrame cerebral ocurrido en una etapa prematura de su vida --ella ronda los 40 años de edad--, su recuperación será lenta y por supuesto, costosa. No podrá trabajar por algún tiempo, todo por una mala práctica médica que la dejó a la deriva, a pesar de todas las cotizaciones que cumplidamente le deducen de su salario y que alimentan las cuentas del INSS y de la previsional de marras.
Al escribir este comentario, recién he leído sobre dos casos más, ocurridos siempre en clínicas previsionales. Uno, un hombre de 38 años que falleció porque no le atendieron a tiempo ni adecuadamente una pancreatitis, y el otro, un niño al que le fue extirpado un testículo por razones desconocidas. ¿Será mucha casualidad?
El INSS debería auditorear la capacidad de servicio en las empresas médicas que aspiran a ser previsionales. Y más aún, estar atento al tipo de servicio que allí brindan a los asegurados, no somos un número más, somos seres humanos expuestos a cualquier arbitrariedad o al ánimo de los médicos y demás personal que atiende en dichos establecimientos, más comerciales que de salud.