Opinión

Hombres fuertes o liderazgos colectivos


La corte constitucional de Colombia ha decidido recientemente descartar los alegatos de inconstitucionalidad presentados contra la reforma a la Constitución que permite la reelección consecutiva, beneficiando a Álvaro Uribe, actual presidente. Las preferencias electorales apuntan a que Uribe podría ser reelecto sin mayores problemas. Amigo de EU, del gran capital y los medios de comunicación global, no hay problema, puede seguir siendo presidente, es democrático (¡!). En Costa Rica, la Constitución fue reformada para permitir al ex presidente Óscar Arias competir por la presidencia. En Perú, Fujimori continúa amenazando con regresar y presentarse a las próximas elecciones. Y así, una tras otra, las sociedades latinoamericanas abandonan sus diversas tradiciones constitucionales al reformar las cartas fundamentales “al gusto del cliente”. Este cliente es el hombre fuerte del momento; Uribe, Arias, Chávez, etc.
La figura del hombre fuerte o el caudillo es muy particular en Latinoamérica. Nació hija de las formas coloniales de organización, justo durante las luchas independentistas en el continente. Comúnmente se trató de hacendados criollos que devinieron en ‘generales’ de una tropa formada principalmente por sus peones y otros peones de los vecinos cercanos. Así, se erigieron en luchadores por la independencia y más tarde en luchadores por la libertad y justicia contra el otro ‘general’ que estaba en turno. Una vez en poder, terminaban reproduciendo la misma forma de ejercer poder que tenía el ‘general’ contra el que lucharon. Eran y son fenómenos cíclicos.
Hoy quedan pocos llamados “generales”, pero muchos que les imitan muy bien, ahora se les llama “coronel” Gutiérrez, “doctor” Uribe, “ingeniero” Fujimori. Normalmente el personaje usa un lenguaje mesiánico, bondadoso, casi paternal y promete luchar hasta el final contra la injusticia y la pobreza. Es un mensaje populista que casi puede sonar revolucionario para engañar a los oídos de izquierda y al menos redentor, para confundir a las derechas tradicionalistas. Con el tiempo, el caudillo adquiere más habilidades para sobrevivir, aunque también se mete en laberintos y se aísla. ¿Pero qué tiene de malo? ¿Por qué hay alharaca contra este tipo de líderes? La mayor razón para rechazar esa forma de poder y de hacer política es que las sociedades latinoamericanas necesitan formas de organización que estén sobre las voluntades individuales y de grupos. Esas formas de organización se llaman instituciones. La existencia y fortalecimiento de las instituciones es la única forma conocida hasta hoy de alcanzar justicia, paz, desarrollo y si se quiere llamar así, ‘felicidad’. Un pueblo que vive en función de voluntades individuales y/o de grupos económicos y políticos es un pueblo pobre, preso de los antojos de alguien, va a ser siempre un pueblo con hambre. Sólo las instituciones perduran y garantizan la satisfacción de las aspiraciones colectivas.
¿Existen los hombres fuertes porque falta educación y la gente no sabe distinguir entre populismo y productividad? ¿O entre populismo y progreso? ¿O entre populismo y revolución? Para justificar el apoyo a un líder falso de éstos, es común el argumento de que “es el único que viene aquí”, o “es el que trae proyectos”, o “es el que llega a las bases”. Si la falta de educación explica la existencia del caudillo, ¿cómo es que entre los seguidores de esos líderes negativos hay también gente preparada, gente que estudió, profesionales? Es cierto que no son eminencias académicas, pero son gente con elevado nivel académico. Algunos de ellos incluso escriben sus adulaciones al líder en las páginas de este periódico. A veces se ven en problemas para defenderlo, como aquel que defendió un pacto como una alianza antioligárquica, y ahora quién sabe cómo explica el pacto con la oligarquía que su líder sorpresivamente alcanzó con Bolaños. Así, la existencia del hombre fuerte no se explica sólo por la ausencia de educación e información.
¿Existen los caudillos por razones culturales e históricas? No parece. Los caciques y líderes precolombinos eran precisamente los que más sabían. No eran exactamente los más guerreros los que devenían en líderes indígenas, no, eran los que más sabían. De la palabra saber, conocimiento, sabiduría. Pero, ¿son los caudillos de hoy sabios? Solamente al escucharlos hablar, al revisar su uso del lenguaje, al contemplar su oratoria, usted puede decir si son preparados o no. Evidentemente son inteligentes, pero no son sabios. Entonces, no se trata sólo de razones culturales e históricas.
Finalmente, las influencias religiosas e ideológicas tampoco explican la existencia del caudillismo u ‘hombre fuerte’; hay caudillos de diversas religiones e ideologías políticas. Lo que sí se puede apreciar en muchos casos de liderazgos fuertes y negativos es que son la falta de educación, la ausencia de información, las manipulaciones religiosas y las malentendidas ideologías en combinación con el hambre las principales razones de la existencia de los ‘hombres fuertes’.
En Nicaragua, el desarrollo humano y económico crecerá en la medida que se formen liderazgos fuertes pero colectivos, nacidos de la militancia política, racional y crítica; liderazgos con propuestas realistas y creativas. Liderazgos colectivos que hablen con la verdad al pueblo y no hagan promesas falsas, que prometan sólo lo posible dentro del período de gobierno, lo que se puede hacer en 4 ó 5 años. Liderazgos, además, capaces de rejuvenecerse solos, naturalmente, que no necesiten “luchar hasta el final” para hacer una buena contribución a su patria. Liderazgos colectivos que una vez hayan intentado llevar adelante los programas de gobierno y se encuentren con síntomas de desgaste, tengan la humildad de decirle a los nuevos: “Bueno, jóvenes, hicimos lo que pudimos y ya no podemos más, ahora les toca a ustedes, adelante”. Principalmente necesitamos liderazgos colectivos que se dediquen a formar instituciones, pues es la mejor herencia para el país y la única garantía para salir del atraso que los ‘hombres fuertes’ sólo ayudan a profundizar. Ojalá ya estén formándose esos liderazgos, pues al país le hacen mucha falta.