Opinión

Lo que el año se llevó


Aquella mañana el cielo había amanecido nublado, pero más nublado estaba el espíritu de los caminantes al hacer un inventario de todas las atrocidades políticas y morales acontecidas en el recién ido 2005 que, según argumentaron todos durante aquella fúnebre caminata, había representado el inicio de nuestra involución histórica, es decir, un vertiginoso retroceso al pasado más ignominioso de la triste vida social y política de Nicaragua. Nada de “nueva era” y sí mucho de edad de piedra, decían el de Managua y el de Masatepe, con carreteras robadas al presupuesto del pueblo para hacer de ellas un Ben Hur permanente; los perros, por su parte, pensaban que no eran solamente los gringos los culpables del fracaso de la revolución, sino sobretodo, los dirigentes que la traicionaron (incluidos los hoy autoabsueltos o quizás muy allá en el fondo arrepentidos) y que esa fugaz revolución ya convertida en involución es acaudillada hoy y es conducida por infalibles, mucho más atrás que cuando la estirpe sangrienta de los Somoza; hasta la época de Pedrarias de Avila.
El de Managua recordó al inolvidable poeta José Coronel Urtecho, quien este 28 de febrero estaría cumpliendo CIEN AÑOS, pues dijo que el inicio de su poema “Paneles de infierno”, venía como anillo al dedo a estos tiempos de Pedrarias hacia los que retrocedemos: “¿Quién recuerda al marrano octogenario, en su silla de mano/ el que primero se robó Nicaragua el país el gobierno la tierra para él y su familia/ el primero que vio a Nicaragua como negocio su propio negocio/ el primero que en Nicaragua estableció el negocio de esclavos la explotación y la venta de esclavos/ el primero de los banqueros y financieros usureros extranjeros de Nicaragua/ el que trajo primero a Nicaragua sus perros genocidas para guardar sus minerales/ el que mató primero en Nicaragua “dos cuentos de indios” (2,000.000)/ el primero que en Nicaragua instaló su dinastía/ el primero de la primera dinastía de Nicaragua continuada por su hija y su yerno y sus nietos tiranos usufructuarios del Imperio/ quien se acuerda actualmente en Nicaragua del peor de todos los conquistadores españoles de América y de sus descendientes asesinos?/ Todos están hundidos en el estercolero de la Historia”.
Sherlock, meditabundo como siempre pero esta vez además triste, comentó: “Pero los hechos indican que se escaparon del estercolero de la Historia, para reencarnarse en incipientes dinastías “revolucionarias”; en irredentos vasallos de gringos; en toda la clase política del país; en magistrados y magistradas; en diputados y diputadas; y hasta en Cardenales y algunos obispos. ¿Se llevó en su saco el 2005 la impunidad del asesinato de Karla Stulzer? Al parecer ya la policía aprende a acomodarse políticamente ante hechos bochornosos para algunos, o incómodos para otros que tienen poder. ¿No es esto último el caso de la muerte de los jóvenes Carlos Roiz Sotomayor y Ernesto Cantillano, en donde se aceptó la suplantación del chofer homicida? ¿Acaso no estamos en un país en donde quienes las administran adecúan las leyes para liberar narcotraficantes o delincuentes como los Centeno Roque? ¿Alguien puede creer en la “justicia” cuando un magistrado como Rogers Camilo Argüello, de la misma calaña que sus colegas, se lava las manos por la “mágica y legal” desapa­rición de 609,240 dólares, y encima calumnia e insulta a Eloísa Ibarra, por ser una periodista honesta que ejerce con valentía su profesión?”.
Watson, por primera vez serio en su vida por tan dantesco inventario, agregó: “Pero eso es ya una costumbre política inaugurada por el danielismo. ¿No ha sido la calumnia y la injuria el arma preferida para amedrentar o desca­lificar al adversario? Ahí está el caso de Herty Lewites, para no ir más largo. De ahí, al sistema de incineración hay muy poco trecho.” Viendo que Sherlock, el de Managua y el de Masatepe se quedaban extrañados por lo de el “sistema de incineración”, muy orgulloso y moviendo el rabo Watson lo explicó así: “Cuando las cosas se ponen peliagudas en una operación minuciosamente tramada, pues, como dice Sherlock, al perro más flaco se le pegan las pulgas, o dicho de otra forma para no involucrar a los del gremio, se busca un chivo expiatorio -sin pretender molestar tampoco a los chivos-, se aparenta públicamente y hasta en familia si es necesario retirarle el apoyo político, se le condena, es decir se le incinera de manera que eche mucho humo para que a través de esa cortina la gente piense que está pasando lo que no está pasando, y por debajo se le pasan algunos chambulines para que por dentro se vaya contento aunque por fuera se manifieste indignado por la traición de sus cómplices, sin mencionarlos jamás, claro está, si quiere disfrutar los estipendios pagados por su culpa absoluta y su incondicional silencio. Esto es un poco parecido -continuó sin ninguna modestia-, al lavado de personas. ¿Para qué esforzarse en entender en términos legales lo que ocurre cuando la Corte Suprema de Justicia condena y suspende a unos pelagatos jueces y abogados, y luego un Tribunal de Apelaciones los ampara, y vuelta a comenzar, hasta que ya casi nadie entiende por qué de tanto lavar a esas personas de un lado a otro, desaparecen en la amnesia colectiva, pero no aparecen los 609,240 dólares.?. Y ahora en el 2006, a manera de continuación del 2005, se fijaron en qué clase de lavado de pecados edilicios le pegaron al desertor domado Gerardo Miranda, quien de desertor y traidor pasó, en una misma noche, a ser un súper espía como no lo hubo ni en la guerra fría?”.
Sherlock no salía de su asombro por el acertado léxico político, inventado por Watson, y hasta se le hacía imposible bajar las orejas.”La verdad –dijo a manera de conclusión el de Masatepe-, es que el 2005 se llevó la dignidad del país entero”.

Jueves 12 de enero del 2006.