Opinión

Bolivia


Bolivia es el país andino por antonomasia, aunque también lo es amazónico, como lo son Venezuela, Colombia, Ecuador y Perú. Chile es exclusivamente andino, y Argentina colinda con el Brasil en las provincias de Misiones y Corrientes, y con Bolivia con las de Jujuy y Salta. De hecho, la actual Bolivia, o Alto Perú del periodo colonial, perteneció al Virreinato del Perú hasta 1776, en que fue transferido al de Río de la Plata.
La junta de Buenos Aires, desde 1810, intentó varias veces independizarlo para añadirlo a la nueva nación, pero no fue sino hasta 1825 que el Libertador, Simón Bolívar, envió a Sucre a liberar dicho territorio y fundar la “República de Bolívar”. El Libertador se convirtió entonces en su primer dictador.
En 1829 Santa Cruz, de padre español y madre india, asumió la presidencia. Luego vendría una larga lista de caudillos y dictadores, el peor de todos fue Mariano Melgarejo (1818-71), mestizo, que se conoció como el “Azote de Dios”. Temerario e ignorante (de él se cuenta que creía que Napoleón y Bonaparte eran dos personas), mantenía su propio ejército y un harem de mujeres. Él fue el verdadero responsable de la tragedia de Bolivia al vender parte del territorio a Brasil y conceder derechos de explotación de yacimientos de nitratos a Chile en la provincia de Atacama, en el Pacífico, que más tarde Bolivia perdería en la Guerra del Pacífico (1870-83).
Ya en el siglo XX, la trilogía, la “Rosca”, como la llamaban popularmente, de los Barones del Estaño, Patiño, Hochschild y Aramayo, prácticamente gobernaron el país en su propio beneficio. De Patiño, que era asimismo “cholo” o mestizo, se dice que era uno de los hombres más ricos del mundo, con residencia en París, pero nacido en Cochabamba. Sin embargo, los verdaderos dueños del país eran los banqueros de Nueva York.
En 1936, David Toro, Coronel del ejército, expropia a la Standard Oil Company de New Jersey (ESSO) y pretende imponer nuevos impuestos a las compañías de estaño, por lo que es derrocado. En 1938, otro oficial del ejército, con el curioso nombre de German Bush, nacionaliza las minas, crea escuelas y declara la supremacía de los derechos humanos sobre los intereses mineros. Un buen día amanece muerto; la versión oficial es que “se suicidó”.
En 1940, el general Peñaranda asume la presidencia, “un cholo con poca educación”, favorece a las grandes compañías, indemniza a la Standard por $1,500.000 dólares, una enorme suma entonces. En diciembre de 1943 es derrocado y sustituido por otro militar, Gualberto Villaroel, apoyado por MNR (Movimiento Nacional Revolucionario), cercanos a Perón, en Argentina, y el OIR (Partido Izquierdista Revolucionario). El mentor del MNR es el conocido intelectual Víctor Paz Estensoro. EUA no reconoce al nuevo gobierno. Villaroel acaba siendo linchado por las turbas.
En 1951, Paz Estensoro, llamado desde su apacible retiro académico en Buenos Aires, asume la presidencia. Entre otras cosas interesantes, realizó una ambiciosa reforma agraria que, en parte, fracasó por dos razones fundamentales: dinero y tecnología, o mejor dicho, la falta de ellas. Una verdadera reforma agraria es lo más caro del mundo. ¿Qué gana un campesino con un pedazo de tierra sin acceso a préstamos pagables y, sobre todo, tecnología? Y no cualquier tecnología, sino de punta, como dicen, porque tiene que competir en grandes ligas: Miami, Japón, Europa.
Es bueno tener en cuenta todos estos datos para pronosticar el futuro inmediato de Bolivia con un líder radical como Evo Morales. En realidad, yo no creo que sea tan radical, si por radical entendemos insensato. Lo voy a decir en pocas palabras. Evo Morales puede sorprender a todo el mundo, igual que lo ha hecho, inusitadamente, Hugo Chávez en Venezuela. Hugo Chávez utiliza la retórica fidelista, inclusive hasta más vocinglera, pero financieramente es todo un lince. De hecho, a pesar de su retórica incendiaria, digamos que no ha matado la gallina de los huevos de oro, que es el petróleo.
Según un reciente artículo del Wall Street Journal, el coronel Hugo Chávez ha manejado el asunto del petróleo con suprema sagacidad, enriqueciendo a Venezuela en forma nunca vista antes y sin, que es lo importante, provocar la ira de las grandes compañías.
Indudablemente hay que reconocer que con Chávez, con todo y su estentórea retórica cuartelera, nunca antes ha estado Latinoamérica más cerca de unirse a través del ALBA, contrapuesto al ALCA, económica y políticamente. Eso sí, bajo el liderazgo callado, pero efectivo, de Lula en Brasil, que ya empieza a descollar entre las grades economías mundiales al lado de la India, como se vio en la última reunión de la OMC en Hong-Kong.
Si Evo Morales, aunque sin mucha experiencia, se deja persuadir y orientar por estos dos líderes, y logra primero un entendimiento en la propia Bolivia con la provincia disidente de Santa Cruz, que, además, no dará un paso sin contar con la aprobación de Brasil, y luego con las compañías mineras y de gas, bien podría salir adelante. Tiene el instrumento, como lo tiene Chávez, en su caso, el gas; pero si impensadamente comete los viejos errores que cometieron sus antecesores llevados por un nacionalismo arcaico, le podría costar caro. Evo Morales da la impresión de ser un hombre inteligente y sagaz (“ladino”, diríamos en vernácula), además de prudente, y si se rodea de gente capaz, pudiera realizar el milagro de hacer de Bolivia una Suiza enclavada en medio de la imponente cordillera andina. Él también, por esa misma posición, tiene que mediar entre los dos grupos (“clusters”, dicen ahora) de naciones divididas, como los hemisferios del cerebro por esa misma cordillera: el hemisferio Atlántico, compuesto por Venezuela, Brasil, Uruguay, Paraguay y Argentina; y el hemisferio Pacífico, compuesto por Colombia, Ecuador, Perú y Chile, líder favorable a un TLC continental. Talvez la misión de este indio aymará es unir las Américas.
No hay que olvidar, sin embargo, que el mayor reto que enfrenta el flamante presidente de Bolivia es el de llegar a un acuerdo realmente justo entre Chile, Perú y Bolivia. Hablo de derecho y justicia, no fuerza. Bolivia es, fundamentalmente, un país andino, y por tanto “pacífico”, o sea que mira al Océano Pacífico, no al Atlántico, al que tiene que llegar a través de un laberinto de diversos ríos hasta desembocar al Río de la Plata. No me explico la transferencia de 1776, o tal vez por su misma inaccesibilidad del lado de Perú. O sea que, en cierto sentido, el verdadero Perú es el Alto Perú, o actual Bolivia. Y en este sentido, no podía un granadino y caribeño como el Libertador entender esta situación.
Precisamente una indiscreción de su parte en su carta dirigida a San Martín antes de su célebre encuentro en Guayaquil, alegando que Ecuador pertenecía a “Colombia”, hizo que éste se retirara molesto del encuentro. Esto selló el destino de Latinoamérica. Bolivia no lo es por Bolívar, aunque lleve su nombre, bien merecido, por otra parte, por llevar a cabo la total liberación del dominio español en la batalla final en Ayacucho el 9 de diciembre de 1824, sino que debiera ser una sola nación, como en tiempos de los Aymarás, el Alto Perú, el fabuloso Potosí, y luego el estaño, y ahora el gas, que pudiera mover montañas y acelerar la tan esperada Unión Sudamericana. Para ser justos a la memoria del Libertador, Bolívar no quería la división de ambos países, pero se dejó convencer por Sucre, quien halagó su vanidad proponiendo nombrarla como el del Libertador.
Y ahí comenzaron los males, porque la Gran Colombia es una cosa, apenas andina, y otra muy distinta el orgulloso Virreinato de Perú con sede en Lima. Sólo Nueva España (México) lo superaba en honor y antigüedad. Éste es el reto que enfrenta Evo Morales, el primer indio puro elegido presidente de la nación que está en el mero corazón de América y guarda los restos del Che Guevara.
N. B. Benito Juárez era también indio puro (zacateca), pero ya hispanizado.