Opinión

Agua o tilapias


Francisco Chamorro

Durante la última semana de diciembre y los primeros días de enero de este año, EL NUEVO DIARIO publicó una serie de artículos sobre la contaminación del lago Cocibolca por el cultivo de tilapias en jaulas frente a las costas de Altagracia, en la Isla de Ometepe. Otros medios de comunicación le dieron seguimiento a la noticia desde otros puntos de vista.
Después de darle una cobertura exhaustiva, agotar todas las fuentes noticiosas y la opinión de los expertos sobre el tema, que casi por unanimidad afirman que la crianza de tilapias en el Gran Lago contamina ese recurso hídrico, es frustrante ver que una vez finalizada la publicación de las notas periodísticas, todo vuelve al silencio. Frustrante tratar de poner en agenda temas que consideramos vitales para el futuro del país y que no exista una reacción de parte ni de las instituciones del Estado ni de la “sociedad organizada”.
Este tema del agua está siendo tratado, cada vez más, como un asunto geopolítico. Hay algunos politólogos y filósofos que aseguran que las próximas guerras de la humanidad, los principales conflictos del mundo, serán por el control del agua. Esta teoría va ganando cada día mayor número de adeptos, y si es cierto que todavía no se ha realizado ningún conflicto bélico por esta razón, se asegura que esto cambiará debido a una población mundial en ascenso y a unos recursos hídricos estáticos.
El problema es que el agua es un recurso que se da por sentado en muchos lugares, es muy escaso para los 1.100 millones de personas que carecen de acceso al agua potable, a las que habría que sumar otros 2.400 millones de personas que lo ingieren sin un saneamiento adecuado. En Ciudad de México, Santiago de Chile y Lima se agotan las reservas subterráneas del líquido. El bombeo excesivo del manto acuífero ha provocado que la capital mexicana se hunda más rápidamente que Venecia; ahora el agua se trae desde una distancia de 200 kilómetros.
Las críticas que recibimos los que trabajamos en los medios de comunicación por la preferencia que supuestamente tenemos por exaltar los temas políticos, fue echada al trasto de la basura en un encuentro que tuve recientemente con un conocido, que al analizar la serie de trabajos sobre la referida contaminación me dijo: “Ideay, parece que no tenían nada que publicar”. Desgraciadamente esa es la actitud de la mayoría de los ciudadanos, creemos que es más importante la operación del dedo de un caudillo que preservar y aprovechar el mayor recurso hídrico del país.
Al final, la institución que otorgó el permiso para el cultivo de los peces sólo dio la cara para, en una actitud muy humana de culpar a otros, pero que desdice de una agencia estatal, culpar a la industria hotelera en la Isla de Ometepe de estar contaminando el lago, como si eso los eximiera de la responsabilidad de haber otorgado el permiso. Sin embargo, ahora lo que tenemos son dos problemas: las tilapias y los hoteleros.
La falta de agua no está tan lejos como creemos, ya la gente está marchando en San Marcos. Ya está listo un proyecto de Corea del Sur-Nicaragua para llevar agua a Juigalpa, desde las costas de ese departamento en el lago Cocibolca. El agua de este enorme lago sería suficiente para abastecer a todas las ciudades y pueblos de nuestro país.
Nicaragua ha sido bendecida por la cantidad de recursos hídricos, sin embargo, nos hemos encargado de irlos contaminando uno a uno. El lago Xolotlán y la laguna de Tiscapa son los más dramáticos, pero desgraciadamente no son los únicos.
El caso del lago Cocibolca es el más preocupante, por cuanto es uno de los recursos hídricos más grandes del continente y los niveles de contaminación aún son pequeños y manejables, sin embargo, para revertir esta tendencia y conservarlo para que sea una fuente de agua potable para futuras generaciones es necesario empezar a actuar desde ya.
El caso del cultivo de tilapias en la cercanía de la Isla de Ometepe tal vez sea el caso más emblemático de cómo el interés comercial de una compañía atenta contra el bienestar de todo un pueblo y del futuro ambiental de un recurso tan basto como el Cocibolca. Todavía las autoridades no se han puesto de acuerdo si el cultivo del mencionado pez contamina o no las aguas del Gran Lago, sin embargo, podemos decir sin temor a equivocarnos que el cultivo de tilapias contamina más que si no existieran.
Tal vez si el dueño del cultivo de tilapias fuera un tico, ya el gobierno hubiera actuado junto al apoyo entusiasta de la mayoría de la población nicaragüense, para cerrar dicho negocio, ya que parece que la población nica únicamente se mueve para “defender” su soberanía.