Opinión

Algunos problemitas


En tiempos de campaña electoral, conversar con los dirigentes principales del partido político Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (fmln), es como pretender agarrar un erizo sin lastimarse.
Así pues, me he encontrado el otro día con uno de esos conspicuos dirigentes, y ha sido en una cola, en una inmensa e interminable cola de banco. Del «banco amigo»: el Agrícola Comercial, que de agrícola sólo le queda el nombre. Cola, por lo demás, que en otra época, hay que decirlo con toda franqueza, si las cosas no anduvieran tan locas en el mundo, hubiese sido calificada como una amenaza para la civilización occidental y otras delicias de esas. Pero ahora no, dicen, los que mandan, los que saben mandar, que hay que agradecer a la vida por estas colas...
La conversación con el eximio dirigente del fmln fue de lo más placentera, mientras no recalamos en el tema siempre peliagudo de la situación concreta de su partido.
Cuando le dije que el fmln no iba a durar mucho (en el sentido cuantitativo) si seguía fragmentándose, como es ya su inveterada costumbre, el dirigente efemelenista me salió al paso con una respuesta contundente: “Era necesario que todos esos se fueran”. Depuración del linaje, pensé.
Oído esto, no quise desaprovechar la ocasión de lanzar algunas estocadas un rato y desenvainé unos interrogantes corrosivos.
¿Sabés en cuantos municipios (de los 262 del total nacional) el fmln sacó “0” votos en las últimas elecciones municipales?, le aventé bocajarro. El erizo saltó asaz irritado, aunque no menos sagaz: “Bueno, sí, en varios municipios de La Unión, en el norte de San Miguel, en parte de Chalatenango, en algunas áreas de San Vicente y en el norte de La Paz estamos así”.
Continué: “¿Y tenés noticia de los municipios en los que el fmln sacó no ‘0’ votos, pero sí quedó ubicado en la última posición?”. El erizo se sacudió el cuerpo extraño y respondió enérgico y con soltura: “En otros lugares no nos va bien, no te lo voy a negar, pero somos optimistas respecto a que esos obstáculos los lograremos saltar con éxito. Hay algunos problemitas, hombre, pero ya pasarán”.
Cuando yo conocí al ahora reposado y hasta barrigoncito funcionario prominente efemelenista, a mediados de los años ochenta del siglo pasado, era un audaz e irreverente dirigente guerrillero. Pero ahora constato que aquellos años los ha sepultado bajo piedra y lodo. Sus respuestas son las de un señor defensor a ultranza de la actual errática trayectoria política del fmln. Quien antes fue un solvente espadachín manco en medio de diestros y aviesos ortodoxos esgrimistas, es hoy sólo un quisquilloso funcionario incapaz de pasar corriendo por las furiosas brasas de la crítica.
La plática, a medida que los sablazos se incrementan, va trocándose en agria discusión, apenas disimulada por una cordialidad mutua que se sostiene sobre el dedo gordo del pie izquierdo de ambos.
Llegamos, sin quererlo quizás, al tema de la audacia. Y nos enfrascamos en el sentido estricto del término audacia. El dirigente efemelenista opina que la audacia tiene reglas. ¿Puede alguien creer eso? Entonces me descompongo y le contra argumento, no bien sin sorna, que precisamente las acciones audaces van contra las reglas, son la manopla que quebranta las manidas reglas establecidas.
A esas alturas de la discusión, que ha sido monitoreada por una docena de personas (nuestros compañeros de cola), tenemos los dos la sangre caliente, sin embargo, hacemos todo lo posible por mantener la compostura y así no romper el delgadísimo hilo que nos ha permitido conversar durante estos años de posguerra. Por eso, y sin previo acuerdo, nos disponemos al cierre.
No quiero retirarme sin decirle al dirigente efemelenista un par de cosas que sé le saben a hiel, como por ejemplo que hoy por hoy el fmln no es el agrupamiento político-social capaz de catapultar un nuevo imaginario de transformación social, por la sencilla razón que ha reducido su accionar político al modesto quehacer de un atolondrado adminículo electoral.
Y querría seguir, pero la tenida termina cuando al funcionario efemelenista lo llaman por un alta voz (al modo de las terminales aéreas), para que se aboque a la ventanilla correspondiente y así finiquitar su transacción bancaria, que ojalá no tenga también algunos problemitas.

En San Salvador