Opinión

Eloísa, estamos contigo


Hace algunas semanas tuve la oportunidad de platicar con Eloísa Ibarra. Fue al lado del escritorio donde narra sus historias, en la sala de redacción de EL NUEVO DIARIO. Ella es una periodista obstinada con su profesión. No acepta declaraciones evasivas o transcribe frases hechas. Refleja la necedad de un minero. Sabe que excavando con persistencia revelará incómodas historias. Tras varios años de leer sus reportajes, finalmente tuve la oportunidad de conocerla. Pude rellenar la silueta que mi imaginación había delineado de ella con la viva impresión de una mujer de semblante humilde y agudos argumentos.
El nombre de Eloísa ha sido noticia varias veces. La causa es lo que normalmente ocurre cuando reportajes periodísticos lastiman el ego de algún poderoso. Esto genera agresiones de quienes creen tener poder suficiente para aplastar a los que osan cuestionarlos. El resultado es una batalla desigual entre prepotentes mentes obtusas y voces cuya única fuerza radica en la demanda de razón.
Ahora Eloísa está nuevamente en los titulares porque se ha metido en problemas con un magistrado de la Corte Suprema: Rogers Camilo Argüello, quien es uno de los principales señalados por un fraude judicial. Él fue el artífice de una resolución que permitió el robo de 609 mil dólares de las cuentas del órgano judicial. El dinero era producto de un decomiso por lavado de dinero. Desde que el caso se hizo público, Eloísa ha estado tras cada uno de los cabos sueltos que las autoridades intentan desesperadamente maquillar.
Mientras departía con funcionarios militantes del Frente Sandinista, en una celebración de fin de año, Argüello fue consultado por un grupo de periodistas sobre su participación en el robo de los 609 mil dólares. En lugar de responder, Argüello arremetió contra Eloísa. Señaló que era ella la que debía ser investigada por encubrir un delito que se habría cometido contra una de sus hijas. Además acusó al ex marido de la periodista de delincuente y consumidor de drogas. “Tómense la tarea los medios de comunicación de investigar su conducta” alegó el magistrado en referencia a Eloísa.
A la semana siguiente, tratando de ser diferente a otros funcionarios que rebalsan de arrogancia, Argüello difundió una carta en la que pidió disculpas y se retractó de las ofensas que propinó contra la periodista. Al mismo tiempo renunció a su inmunidad en caso de que ella siga un juicio por daños a su honor; pero en lugar de asumir plena responsabilidad, el magistrado se declaró víctima de una persecución por parte de los medios de comunicación y con ello intentó justificar su agresión.
En la referida carta, el magistrado expresó que sus declaraciones no corresponden a su modo de ser o pensar. “Más bien fueron producto de señalamientos de una campaña en mi contra durante más de tres meses, y que los medios de comunicación social de este país han mantenido fuerte campaña en contra de mi persona, campaña que me ha afectado emocionalmente con repercusiones serias también para los miembros de mi núcleo familiar” fue el argumento de Argüello. Eloísa desestimó la carta del funcionario judicial. Advirtió que éste deberá dar sus disculpas ante un juez.
A nuestro criterio la reacción Argüello mostró una ínfima capacidad de argumentación y desprecio a la integridad de las personas. Como hace mucho lo expuso Arthur Schopenhauer en su obra “Dialéctica erística”, una de las peores estratagemas en las disputas es “cuando se advierte que el adversario es superior y que acabará no dándonos la razón”, entonces “se adopta un tono ofensivo, insultante, áspero”, agregando que “el asunto se personaliza, pues el objeto de la contienda se pasa al contendiente y se ataca, de una manera u otra, a la persona”. Este filósofo del siglo XIX se quejó amargamente que “el esclarecimiento de estos artilugios de la limitación y la incapacidad, hermanadas con la terquedad, altivez y falta de probidad” le producían náusea.
Puede ser que algunos no compartan el estilo periodístico de Eloísa. Habrá quienes prefieran guardar silencio amparándose en la concepción de un periodismo pulcro. Otros, como es nuestro caso, quizá no aprueben que ella recurra a los tribunales para contraatacar al magistrado judicial (esto es legitimar instrumentos legales que sirven para asesinar a las ideas libres). Pero ninguna de estas objeciones es suficiente para pasar por alto el asunto. De nuestra parte, censuramos sin dispensa alguna el ataque de Argüello en contra de Eloísa.

(jalopez@probidad.org).
Este artículo es responsabilidad de Probidad.