Opinión

La discriminación y los nuevos movimientos sociales


Antes hablábamos simplemente de movimientos sociales, refiriéndonos al movimiento obrero y campesino, es decir, a movimientos que luchaban por intereses de clase; salarios, en el caso de los obreros; tierra, en el caso de los movimientos campesinos.
Algunas veces, los movimientos clasistas elevaban su protesta más allá del ámbito del patrón o del terrateniente, lanzándose contra el régimen político o contra el sistema económico. En estos casos, la reivindicación era acompañada por visiones del mundo cultivadas en medios intelectuales provenientes de las llamadas clases medias, no necesariamente surgidas del seno de los reclamantes.
Últimamente, asistimos a nuevas reivindicaciones, nuevos derechos y a nuevos movimientos sociales. Estos nuevos movimientos sociales han sido objeto de múltiples interpretaciones. Sumándome a la indagación de sus causas y características, quisiera someter a consideración la tesis de la discriminación como factor sobresaliente en la motivación y surgimiento de los mismos.
A diferencia de los anteriores movimientos sociales que se enfrentaban a una clase, a un régimen político o a una situación de explotación, los nuevos se enfrentan a una relación cultural, en este caso a la relación de discriminación. Entre estos nuevos movimientos tenemos dos ramilletes a los cuales quiero referirme: el de la discriminación sexual y el de la discriminación étnica. Por supuesto que los movimientos sociales anteriores, obreros o campesinos, en ciertos casos también estaban sometidos a situaciones de discriminación, por ser mujeres o indígenas, pero privaba, en el derecho reclamado, la reivindicación clasista.
Entre los nuevos movimientos sociales, vinculados a la discriminación sexual, quizás el caso más paradigmático sea el del movimiento feminista. Este movimiento nace en la clase media, interpretado por las mujeres de extracción urbana, es decir, por el sujeto más consciente de su propia situación de discriminación. No se trata pues de un gesto de solidaridad con los oprimidos o explotados, sino de una conciencia y una acción llevadas a cabo por los propios sujetos discriminados. Junto a este movimiento encontramos otro movimiento similar, como es el de los gays y lesbianas. Igual que el anterior, los reclamantes se alzan contra el trato discriminadamente diferenciado que reciben por su condición u opción sexual. La opresión, represión, censura o discriminación, no está basada estrictamente en intereses económicos, ejercidos por un empresario o por un terrateniente, tampoco se trata de acciones punitivas contra una protesta determinada. La discriminación contra las mujeres, los gays o las lesbianas, es una actitud permanente perpetrada contra ellos por el hecho de ser lo que son: mujeres, gays o lesbianas. También aquí, la discriminación sexual o de género incide a su vez en los otros flagelos sociales en que los sujetos se encuentran.
Los sujetos discriminados, pueden cuestionar viejas leyes y proponer nuevas leyes, pero su lucha no se agota en la legalidad, sino que reclaman, junto al fin de la discriminación, el reconocimiento de su condición por parte de la sociedad en su conjunto. Su visión del régimen político y del sistema económico está connotada por la discriminación de parte del mundo heterosexual.
Otro de los nuevos movimientos sociales es el de los indígenas. Anteriormente, conocimos rebeliones indígenas contra las autoridades constituidas, frente a situaciones de opresión, esclavitud o maltrato. Ahora se trata de movimientos que luchan contra una situación que no se sitúa estricta o necesariamente en el seno del poder institucional, sino que se extiende a los valores sociales de la comunidad en que viven. Los movimientos sociales indígenas luchan contra el racismo y la discriminación existente, emancipándose al mismo tiempo de sus propios complejos de inferioridad. Luchan por ser reconocidos como ciudadanos en igualdad de condiciones que el resto de ciudadanos pertenecientes a otras etnias más favorecidas.
Emparentados con los movimientos indígenas encontramos los movimientos étnicos, étnico-nacionales o de los migrantes, es decir, ciudadanos que por pertenecer a una etnia o nación diferente, son discriminados por las etnias o naciones que se encuentran en situación de ventaja frente a ellos. Aquí la reivindicación apunta a ser reconocidos o considerados bajo los mismos derechos que el resto de ciudadanos de las otras etnias o naciones. Al igual que en los casos anteriores, el reclamo va dirigido contra unos valores que se encuentran encarnados en toda la sociedad en su conjunto.
Podríamos hacer extensivo el criterio a los movimientos cívico-políticos, o movimientos de la sociedad civil, que luchan por el reconocimiento y el derecho a la participación en una política que hasta ahora estuvo monopolizada por el gobierno, los partidos políticos, la jerarquía católica y las élites intelectuales. El sujeto de estos movimientos sería el conjunto de ciudadanos organizados, más que el ciudadano aislado, la discriminación sería la falta de reconocimiento para ejercer el derecho que les confiere la ley, y su reclamo sería la participación en igualdad de condiciones que los ciudadanos adinerados, notables, de una religión oficial, o cualquier otro grupo con cuotas significativas de poder, presión o influencia en la sociedad.
Estos nuevos movimientos sociales no empiezan su lucha buscando cómo cambiar el régimen político o el sistema económico, pero en la medida que luchan por cambiar los valores o las relaciones sociales, emprenden una nueva radicalidad que apunta a cambiar la cultura o la civilización en su conjunto, lo que influye a su vez en el cambio al sistema socioeconómico y al régimen político. Son parte, pues, de una revolución silenciosa o, lo que es lo mismo, de una revolución desde abajo que tiende a cambiar el conjunto de la sociedad.
La revolución francesa comenzó reivindicando los derechos universales del hombre y del ciudadano, a la cabeza de los cuales estaban la libertad, la igualdad y la fraternidad. Si tuviéramos que responder cuáles son los derechos de los nuevos movimientos sociales en su conjunto, no dudaríamos en señalar a los derechos humanos, especialmente a los que se reivindican, pues sólo lo que se reclama se convierte en derecho, tal como dice el lema del Cenidh: “Derecho que no se defiende, derecho que se pierde”.