Opinión

Aprovechando los enredos de don “Artemio”


Al autor que se esconde detrás del seudónimo “Artemio Cruz” me lo imagino postrado en una cama de enfermo, divagando sobre el mundo, de la misma forma que lo hace el revolucionario corrupto inmortalizado por Carlos Fuentes en su novela. Y es que las confusiones mentales de mi crítico en su artículo “El Evangelio según San Andrés” (El Nuevo Diario, 6 de enero, 2006) me recuerdan al “verdadero” Artemio Cruz cuando en el penúltimo párrafo nos dice: “Yo no sé…no sé. . .si él soy yo…si tú fue él…si yo soy los tres… tú…te traigo dentro de mí y vas a morir conmigo…Dios…él…lo traje adentro y vas a morir conmigo…los tres…que hablaron…Yo…lo traeré adentro y morirá conmigo…sólo….”
No importa que Don “Artemio Cruz” no haya logrado entender ni mi artículo sobre la izquierda ni mi libro sobre el providencialismo. Lo que realmente me importa y entusiasma --y de verdad me entusiasma-- es la oportunidad que me ofrece el escrito del cada vez menos misterioso articulista, para ampliar mi trabajo. Así pues, trataré de esclarecer los nublados mentales y corregir los equívocos históricos y las falacias (errores de lógica) que se manifiestan en el artículo escrito por don “Artemio” (no sé si a dos o cuatro manos).
Para empezar, quisiera despejar, en un próximo artículo, la confusión que se expresa en uno de los argumentos centrales de don “Artemio”: “El fetichismo religioso no es privativo de las sociedades atrasadas como la nuestra. En Estados Unidos, por ejemplo, el fetiche religioso se invisibiliza –-a los ojos de [Pérez] Baltodano, incapaz de ver la viga en las sociedades desarrolladas-- cuando se convierte en moneda corriente el dólar, cuya divisa es: In God we trust (En Dios confiamos)”. Aprovechemos los embrollos mentales de don “Artemio” y tratemos de transformar su oscurana en claridad.