Opinión

Hacer de la infraestructura cultural una prioridad de la agenda nacional (Nueva generacion)

A propósito del artículo de Ulises Juárez Polanco, “Como dijo García Márquez, si la patria es pequeña, uno grande la sueña…”

Estimado Ulises:
Muy interesante su artículo del 04/12/05 sobre la importancia de fomentar la literatura, el arte y el desarrollo cultural del país. Una de las cosas que usted destaca es que nuestra gente sigue leyendo, pese a que las bibliotecas públicas todavía dejan mucho qué desear y los libros son relativamente costosos, de lo que se desprende que la creatividad de nuestra gente se potenciaría grandemente si las condiciones fueran menos desfavorables.
Producir cosas interesantes en un mundo competitivo y globalizado, cuando el país no cuenta con la infraestructura con la que sí cuentan otros, es un extraordinario desafío; de ahí que la gran calidad de la producción de Nicaragua siempre ha sido un enigma para mí. Usted menciona a Rubén Darío, este gran coterráneo que, para decirlo metafóricamente, es único en el sentido de que, habiendo nacido y crecido en país sin minas, exportó oro y diamantes finos. Increíble. Darío entregó sus productos en mercados mil veces más desarrollados que los de Nicaragua, y por mucho tiempo se sostuvo principalmente con los ingresos de su producción, lo que de por sí es una verdadera odisea para cualquier escritor.
Le escribo, sin embargo, porque usted se refiere al tema de las bibliotecas públicas. Tengo veintitantos años de no vivir en Nicaragua, pero siempre que voy a León, mi ciudad natal, me imagino una moderna, en un sitio de fácil acceso, con libros y computadoras, en donde adultos, adolescentes, niños y familias pueden concurrir y en donde les sea posible hacer una variedad de actividades recreativas, incluyendo escuchar música y, más generalmente, educarse, pues las bibliotecas facilitan la educación informal –crítico en un mundo globalizado-- y potencian el desarrollo literario y cultural.
No tengo una respuesta acerca de cómo mejorar la infraestructura cultural – y no solamente de León, sino de todo Nicaragua--, pero se me ocurre que un objetivo importante de su generación puede ser impulsar un plan y programa nacional de bibliotecas que sea sostenible y que se constituya en componente importante de la infraestructura cultural del país. Admito que esto es un tremendo desafío. Hace unos días, tuve la oportunidad de ver por Internet una entrevista con Julio Francisco Báez en el programa “Esta Semana”, en la que aludió, entre otras cosas, a la falta de transparencia de las propuestas de presupuesto del país, que todavía carecen de proyecciones de todos los ingresos y gastos, y en que no sabemos a ciencia cierta en qué se está gastando o invirtiendo y con qué resultados. De modo que la gente, por razones obvias, rehúsa contribuir, en particular cuando la reputación de nuestra administración pública está muy en entredicho, por decir lo menos. Con contribuciones limitadas como las que tenemos, sostener un plan nacional de mejoramiento de la infraestructura cultural es otro verdadero desafío.
No obstante, creo que los interesados en el desarrollo cultural del país, fundamental en un mundo progresivamente globalizado, deben preconizar la importancia de que exista un plan y un presupuesto nacional para el fortalecimiento de la infraestructura cultural constituyéndose en vocero y promotor de su importancia para el desarrollo del país. Incluso, se me ocurre que se podría aprovechar el clima electoral del 2006 para demandar de los candidatos que la infraestructura cultural sea prioridad en la agenda futura del gobierno y del país, para lo cual se pueden conseguir recursos de la cooperación externa.
Termino con un pensamiento de Coelho, que usted menciona en su artículo, muy inspirador en las circunstancias actuales. Específicamente, en El Alquimista, el escritor invita a sus lectores a perseguir vehementemente sus objetivos y sueños y a encontrar lo que él llama el “mito personal”, es decir lo que percibimos como una misión importante en nuestra existencia terrenal transitoria, independientemente de lo escabroso del camino. Es mi esperanza que el desarrollo de la infraestructura cultural del país se convierta en “mito personal” suyo y de su generación.
Reciba un saludo cordial.