Opinión

Elementos característicos de la integración


La voluntad política desempeña un papel fundamental en la integración, y funciona como el ‘viento’ que ha de llevar al ‘barco de velas’ a buen puerto. Dependiendo de la misma serán mejores o peores los resultados de la integración.
En ese sentido, parto de una visión con una buena voluntad política, en donde, en primer lugar, debemos partir de que el fin último de la integración ha de ser el bien común, la misma debe existir para el bien de las personas que la forman no siendo entonces un fin, sino un medio. Más que un elemento característico, ha de ser el norte a seguir, tanto en el día a día de la agenda como en el sentido de objetivo final.
La búsqueda del bien común desempeña entonces, un papel fundamental, al convertirse en un elemento característico transversal a todos los demás, puesto que cada uno de ellos ha de presentarse en búsqueda del mismo en todos los planos temporales. Se trata del respeto a la dignidad humana –como factor incluido y presupuesto en el mismo bien común–, y por ende a los derechos fundamentales del ser humano, los cuales habrán de estar plenamente garantizados en el corto plazo.
Ahora, cuando decimos que con el bien común a largo plazo, se espera que todas y cada una de las personas pertenecientes al bloque gocen de los bienes creados por la integración, estamos haciendo referencia a la garantía de ejercicio de los derechos fundamentales básicos y de los derechos de segunda y de tercera generación. Así mismo, hago referencia a la justicia social, entendida en primera instancia como coincidencia de la justicia legal, por medio de la cual se garantiza un mínimo de seguridad interna para todos. Por ello, me atrevo a creer que el nuevo bloque habrá de fomentar la paz regional y podrá llegar a garantizarla totalmente en un mediano plazo.
En cuanto al bienestar material, que es indispensable para el logro del bien común, habrá de entenderse no solamente la posesión de ‘cosas’, sino de las ‘cosas mínimas’ para un buen vivir. Ahora, sobre los demás bienes no he hecho referencia, pero las ‘cosas mínimas’ de supervivencia son indispensables para hablar de una verdadera justicia social, puesto que el bien común exige que haya una suficiente cantidad disponible de bienes materiales para llevar a cabo una justa redistribución de los mismos.
Respecto del tipo de integración, en términos económicos, que es deseable alcanzar, entendemos que en el corto plazo se podría formar una zona de libre comercio para permitir la flexibilidad suficiente para que cada país miembro pueda integrarse sin tener que cerrar su economía como consecuencia de un arancel externo común elevado. Tengo entendido que cinco años serían suficientes para que se puedan absorber los ajustes necesarios en los mercados de bienes y de factores -sobre todo las adaptaciones que tienen que experimentar las personas en el mercado de trabajo- que normalmente se producen por la consecuente reasignación de recursos para lograr la eficiencia de la producción cuando se elimina el sesgo anti-comercio de las economías más cerradas.
Es en esta etapa cuando deben ser máximos los esfuerzos de contención social, de explicación y de comunicación de los beneficios generales a largo plazo. La contención social debe incluir dirigirse con la verdad a los sectores y personas perjudicadas, ofreciéndoles una amplia gama de programas de adecuación, los cuales sucintamente podrían incluir el reentrenamiento laboral y subsidios decrecientes y/o permanentes para el desempleo en ciertos sectores, según las personas desempleadas sean reentrenables o no.
A los quince años (mediano plazo) se podría alcanzar el estadio de Unión Aduanera. Esto es así, porque la Unión Aduanera sería sostenible luego de los necesarios procesos de ajuste para que los países puedan readecuar sus estructuras productivas, de modo que se pueda profundizar la integración con un Arancel Externo Común. Como enseñan la experiencia y la teoría económica, al llegar a este punto se debe tener coordinadas de manera permanente e irrevocable las políticas monetarias y fiscales; en el primer caso, a través de la fijación de los tipos de cambio de forma irrevocable con previa referencia a canasta de monedas fuertes (v.g. euro-dólar), y en el segundo caso, con niveles razonables y armonizados de disciplina fiscal y de presión impositiva.
En la misma línea, en esta etapa deberían normalizarse e igualarse el tratamiento a inversores de distintos países –intra y extra zona– y sectores. Asimismo, tanto la eliminación de trabas paraarancelarias como la homologación del tratamiento aduanero de las mercaderías y servicios, deberán ser totales cuando se cumpla el plazo de lo que hemos denominado mediano plazo y se empiecen a dar los primeros pasos hacia el mercado común completo.
Finalmente, el proceso se completaría con la formación de un mercado común, a cuarenta años vista y una vez que se haya perfeccionado el funcionamiento de la Unión Aduanera y se hayan consolidado sus instituciones con el previo establecimiento –diez años antes de la Unión Monetaria–. No se debe dejar de resaltar que resulta fundamental para la formación sostenible del mercado común, la existencia de fuertes lazos de asociatividad comercial entre empresas y personas de los países miembros, enmarcados en un desarrollo pronunciado del capital civil y la sociedad civil; todo lo cual con una clase media consolidada permitiría hacer irreversible estos procesos de integración.
Todo esto, se lograría con los plazos previstos sólo bajo la hipótesis de ‘buena’ voluntad política y del rápido desarrollo del capital civil. Aunque teniendo en cuenta un escenario más probable con una no tan buena voluntad política, entendemos que se alcanzaría la zona de libre comercio en el mediano plazo y la unión aduanera en el largo plazo –de aquí a cuarenta años–, con pronóstico reservado respecto de alcanzar a organizar un mercado común alguna vez si es que estos ‘vientos políticos’ no cambiaran de dirección. Es por eso que es indispensable y un deber para todos los intelectuales y gente en la política o cercana a ella, persuadir a la clase dominante y la opinión pública de los beneficios de seguir el norte de la integración.