Opinión

Apuntes sobre los encuentros sociales (Nueva generacion)


El hombre es un ente social, necesita alimentarse de la comunicación y del intercambio de ideas con los demás. Su miedo al fracaso es el primer encuentro social digno de celebrarse; sin fracaso no hay descubrimiento. Si está solo, crea personajes que por irreales que parezcan, alimentan la comunicación del hombre. Las fiestas, por ejemplo, son encuentros sociales que exigen buen estado de ánimo. A las fiestas uno se “prepara psicológicamente” para estar contento. La persona en la fiesta, se vuelve dócil al consumo de drogas y se aprecia un paisaje singular del comportamiento humano.
Todo encuentro social entonces, incluso el luto, es placentero por contexto. El luto insiste en que las personas se desahoguen llorando. En este encuentro la causa es triste, pero genera bienestar a la persona en duelo. Quien vive el duelo en sí, es apoyado, es el centro de atención, es “abrazado”. Por su parte, quien focaliza la atención en esa persona se siente “solidaria” sin necesariamente “serlo”. Se arriesga al doble engaño que tienen los valores morales del individuo. Se puede decir, que el luto es una descarga emocional positiva sobre un evento negativo. Es también una fiesta u otra manera de expresión colectiva.
La reunión social con los medios de comunicación es irreal, es impuesta por la necesidad de formar parte del mercado grande de la información. La reunión social con la lectura de un periódico, por ejemplo, es una reunión que no se retroalimenta en absoluto. Los medios informativos son tan descentralizados que no dan espacio para desconfiar de la información. Cuando el lector descree lo que lee, es porque cuestiona su conocimiento. Sin embargo, eso no obstaculiza el paso sobre-informado de las noticias que rellenan el espacio cerebral de los lectores “al día”. Dicha información adopta una pose nihilista, porque niega el conocimiento y, por ende, la existencia. El conocimiento se niega si no se pone en contraste, como pasa con el conocimiento impuesto a un público masivo.
Las fiestas familiares son encuentros sociales primitivos. La familia es unida en los núcleos conservadores amplios y en los liberales generalmente angostos, está separada. La familia es el primer encuentro social político. Una de las causas principales de la reunión de las familias coloniales, por ejemplo, son las tertulias políticas y el chismorreo. Hablar a espaldas de las personas es un acto de hipocresía, pero hablar a espaldas del político es un vicio socialmente aceptado. Las familias coloniales tradicionalmente hablan de cultura en un sentido absoluto y convierten la cultura en tradición y patrimonio. Cuando la cultura pasa a ser propiedad privada, la cultura se vuelve de colección. Las familias coloniales suelen coleccionar la cultura. Aunque haya serias discrepancias entre los miembros de la familia, los encuentros sociales centralizan el pensamiento antagónico. Esto se amplifica cuando las familias actúan por un instinto de conservación en un mundo construido a la imagen y semejanza de los estereotipos católicos.
Las reuniones sociales por trabajo son reuniones pervertidas, pervierten (valga la redundancia) el sentido afín que tienen los encuentros sociales. Los grupos de trabajo convergen sobre un tema asignado, protocolariamente y ensayan antes de reunirse. Son grupos encontrados por una agenda y un calendario como sucede en el colegio de temas. Las reuniones laborales son prácticas, como ejercitar la puntualidad y el orden, y tienen una base estresante. Se puede decir que las reuniones sociales de trabajo son militaristas, porque sólo demandan obediencia en rangos burocráticos. La burocracia de mercado implica reuniones sociales hostiles.
Los encuentros sociales religiosos son como los encuentros sociales adolescentes. Comparando el religioso con el adolescente se encuentra el mismo anhelo de estar en torno a una “causa”. Los adolescentes no piensan con quién se reúnen y socializan en X reunión durante una celebración X, actúan por aceptación de grupo. Así mismo, el religioso se registra en una secta sobre un escenario que lo envuelve engañosamente en una serie de ritos y prácticas manipuladoras y exigentes. El religioso se suma para ser muchedumbre. La base del rito-comunal del adolescente-religioso es un Ser Supremo aceptado por su gran demanda social. Los adolescentes y religiosos necesitan una guía, una meta, un objetivo. Los encuentros sociales del religioso-adolescente no son duraderos.
Los encuentros sociales en su mínima expresión son los de pareja. Dichos encuentros tienen una particularidad: su naturaleza espontánea. En este punto hay que destacar la intensidad del encuentro social, ya sea por amor o amistad. Tal intensidad puede corregir defectos de ambos individuos y abrir espacios reales de comunicación. Los encuentros sociales pares son generalmente privados y eso permite que las personas sean ecuánimes entre sí y para sí. De todo esto se podría concluir en que el encuentro social de uno a uno es mucho más nutritivo que los encuentros sociales colectivos. Es importante aceptar la realidad de los encuentros sociales: son, ante todo, manías humanas para espantar una soledad expuesta a la autosugestión. El ser humano es insomne a su propia realidad y por eso busca compañía.
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