Opinión

Los nuevos diáconos


Hasta hace poco tiempo era común que los párrocos de San Antonio y del templo de Santiago Apóstol de la ciudad de Jinotepe organizaran las visitas de su eminencia reverendísima cardenal Miguel Obando y Bravo a las parroquias de la arquidiócesis que gobernó desde la década de los 70 hasta el mes de mayo de 2005. En la organización y bienvenida a sus visitas, colaboraba además del párroco, el resto del clero de Jinotepe y de Carazo, los dirigentes y organizaciones laicas, las monjas de los distintos colegios católicos y otros miembros destacados de tan vieja y rígida institución religiosa: la Iglesia Católica, Apostólica, Romana y Mariana.
Pero en días pasados, ante la inminente visita de S.E.R. el señor Cardenal, esto ya no fue así. El secretario político departamental llamó con anterioridad a la militancia para informarles que los 7 alcaldes sandinistas del departamento declararían al ilustrísimo cardenal Obando hijo predilecto de Carazo, que el único alcalde liberal se sumaría al ágape y que había que organizar un acto espléndido y masivo, digno del compañero Cardenal.
Explicó cómo se conformarían las comisiones de trabajo y llamó a los asambleístas y militantes a reproducir el mensaje entre la población para que la asistencia fuera numerosa. Que durante el evento debía de corearse la consigna: Obando, Cardenal de la Paz, Carazo te saluda.
Informó, además, que ya estaban hechas las coordinaciones entre el comité de campaña (¿?) con las respectivas alcaldías, la Policía Nacional, la Juventud Sandinista y otras instancias para que el acto fuera exitoso. Aclaró que en Managua se palanquearía para que los medios noticiosos le dieran cobertura nacional a dicho evento. Que al día siguiente, la Asamblea Nacional le otorgaría formalmente el título de Cardenal de la Paz, y que también enviarían a Estocolmo una propuesta para que monseñor se le otorgara el premio Nobel de la Paz. Que todo eso y más se merece el señor Cardenal por los servicios prestados a la patria y al partido que representa al sector más pobre de nuestro pueblo.
En efecto, el 18 de mayo –otrora día de la dignidad nacional- llegó el Cardenal a las 4 en punto de la tarde, pero desde la una y treinta estaban tocando los chicheros en el parque universitario de la ciudad, repetían una y otra vez la canción de Roberto Carlos que dice “Tú eres mi hermano del alma, realmente mi amigo...” y el secretario político animaba a los primeros militantes que iban llegando a que lo acompañaran con los coros, entonando la canción con una fuerza y con una sonrisa indescifrable.
Ahí miré a doña Paddy, doña Alguita, don Juan, y otros más, los mismos que siempre han venerado al Cardenal, solo que ahora en segundo plano, los alcaldes, de elegantes corbatas y trajes nuevos lo llevaron en el Cardenalmovil hasta el sitio de la reunión, las bases del partido no fallaron, fueron los primeros en llegar y cantar más.
El alcalde Portocarrero Silva, con la emoción que le quebraba la voz y a nombre de sus homólogos caraceños, fue el encargado de llevar el mensaje de agradecimiento y reconocimiento a tan notable personaje, resumiendo en pocos minutos los enormes méritos de alguien que, según sus palabras, tenía mucho qué hacer todavía por nuestro país.
Desde las bancas del templo de Santiago Apóstol, abarrotadas de compañeros revolucionarios, destacó la voz de mi amigo Raúl, quien sugería que al señor Cardenal se le construyera un monumento más grande que el del Santo Papa que se encuentra en una esquina de la parroquia, y que fue construido por otra administración sandinista. En todo caso, argumentaba Raúl, el Papa es polaco y el cardenal es “nuestro”.
El acto siguió con las propias palabras de Obando, quien agradeció a los alcaldes tan oportuna distinción en momentos de grandes definiciones para el pueblo de Nicaragua. La misa concelebrada fue impresionante y llena de devoción mariana. Los últimos en irse fueron los pre-candidatos a diputados, entre ellos el propio secretario político, que maneja con palo y plomo la estructura del partido.
Al saludar a un grupo de conocidos y amigos, militantes de vieja y nueva data les pregunté: ¿Hola, andan dándole la bienvenida al Cardenal? Sí, contestaron, de aquí vamos a la misa en la parroquia, solo comulgamos y volvemos a salir para tomar posiciones, es que somos de su seguridad, vos sabés... No, pensé yo, no sabía, ni me lo imaginaba.
Ah caray, el Cardenal está fuerte, reflexioné. Quién sabe cuántos servicios religiosos podrá celebrar todavía, quién sabe cuántos servicios a la patria le quedan por dar, aun ya retirado... La tarea es dura, pero no importa, Su Eminencia ya tiene sus nuevos diáconos, los que manejan al municipio como una parroquia.
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