Opinión

La social democracia en 2006


Alba del 2006. Mientras en América Latina arrasan con todas las elecciones. Pero en Europa, en la oposición o en el poder los partidos social-demócratas y socialistas enfrentan cada uno a su manera el desafío del empleo y la adaptación al Estado providencial. Sucede en Gran Bretaña, Italia y los países nórdicos, donde las grandes centrales sindicales tienen un discurso muy mesurado.
Para los socialistas franceses, el cambio es una tentación. Acuciados por una izquierda radical que en 2002, atrajo suficientes electores para poner en jaque a Lionel Jospin y en 2005 condujo la campaña victoriosa del no al referéndum sobre la Constitución europea. La extrema izquierda, su ala más arcaica, tiene un discurso radical y estrategias complejas. Laurent Fabius, antes encarnación del centro izquierda, defensor de la economía de mercado, ahora busca seducir a la franja radical. La dirección del PS está en jaque.
El Partido Social Demócrata alemán reacciona con el fin de no recibir el impacto brutal de la tentativa de su antiguo presidente, Oscar Lafontaine, de navegar sobre la impopularidad de las reformas sociales del anterior gobierno para construir una nueva fuerza de izquierda. En una entrevista del periódico mensual, Vorwärts, el ex canciller Gerhard Schröder acusó a Lafontaine de traición y de populismo. Su intención es consolidar al partido uniendo los residuos de la social-democracia del Este y del Oeste. Se juntó con Gregor Gysi, antiguo presidente del Partido del Socialismo Democrático, que permanece bien plantado en las regiones del este de Alemania donde sucedió a fines de 1989 al Partido Comunista para crear una nueva formación radical, fundada el año pasado por sindicalistas opuestos a las reformas, el WASG (Alternativa electoral por el trabajo y la justicia social), que ha obtenido 2 % en las elecciones regionales de Rhenania, perdidas por el SPD en beneficio de la derecha. Las dos formaciones han decidido aliarse para las elecciones venideras. Tan solo el anuncio los propulsó al 11 % en las encuestas.
El presidente de la academia política de la Friedrich Ebert, Thomas Meeyer subraya: “Esto cambia significativamente la situación política. Van a formular una línea populista de izquierda, keynesiana, con el eslogan de grandes programas de gastos e inversiones publicas, un relanzamiento de la demanda, sin reducción de los gastos del Estado ni reforma del Estado-providencial. No es realista, pero tendrá un poder de movilización en las capas sociales desfavorecidas y en los medios más a la izquierda”.
La social-democracia en los países del Este está en plena reconstrucción sobre las ruinas de los antiguos partidos comunistas. Caminan sobre la fuerza del mercado para obtener el crecimiento manteniendo un mínimo de protección social.
En Suecia, la social-democracia domina la escena política pero su modelo está enfrontado a un crecimiento progresivo de las desigualdades. Tratan de resurgir reforzando al Estado-providencial, pero se enfrentan a resistencias de opinión, mientras que el pequeño Partido Comunista que los apoyaba está perdiendo velocidad. Frente de las elecciones parlamentarias, el primer ministro, Göran Persson, está débil y la centro derecha lo derrota en las encuestas por primera vez en 8 años.
En los Países-Bajos, los traballistas fueron humillados en el referéndum sobre la Constitución europea por la izquierda radical del Socialistische Partij, animador de la campaña del no. Han abandonado el sueño de la gran alianza de izquierda. El SP ha desarrollo durante la campaña argumentos teñidos de populismo y de demagogia que significaron una ruptura con el Partido del Trabajo (PVDA), dirigido por Wouter Bos.
Aquí la testarudez de cierto güis echará por tierra la gran posibilidad.
Vicerrector de la UCC.