Opinión

El catecismo, según San Andrés


He disfrutado hasta el paroxismo más hilarante (es decir, me he vaciado de la risa) con la lectura del ensayo del doctor Andrés Pérez Baltodano, (catedrático canadiense de origen nicaragüense, especialista en sociología, política y economía) titulado: “La izquierda se moderniza, la derecha se estanca” (Envío No. 285, diciembre 2005 y END, tres entregas, 29, 30 y 31 de diciembre 2005). Pienso que los articulistas, analistas y politólogos debemos modernizarnos y recuperar un sentido lúdico de la política. La política es un juego por el poder que casi siempre nos hace llorar, más cuando se pasan leyes o se toman medidas que nos afectan directamente. Pero como a nosotros solamente nos hace falta llorar y sudar sangre - algunos lo logran no en Gethsemaní, sino con el dengue hemorrágico- debemos reírnos de los políticos y politólogos.
Leyendo a este eminente intelectual, tengo la impresión que debe ser muy joven, porque sólo conoce el marxismo light consumido en su era postmoderna. A ese izquierdismo que se refiere APB, se lo puede sobredeterminar y criticar, con una poderosa y anacrónica lente ilustrada, la de Jean Jacques Rousseau, quien para el catedrático, desde hace más de 300 años está marcando el norte ético-político de las organizaciones sociales: “…para lograr su verdadera institucionalización, los modelos de organización social deben ser capaces de transformar el poder en autoridad y la obediencia en un sentido de obligación ciudadana.”
Pero si ni en las mejores familias democráticas, léase Estados Unidos o Europa, han desaparecido los fantasmas de la coerción y la represión para cumplir las leyes. Si bien en estas sociedades los ciudadanos pagan con devota obligación sus impuestos, siempre están estudiando e inventando escudos fiscales o llevando directamente a grandes jurados a los Al Capones de siempre. Ver de nuevo Los Intocables.
Ni la magia epistemológica de este iluminado pensador, me puede hacer creer que el comunismo de Marx o el fascismo equivalgan a liberalismo. Ante la aparente derrota del comunismo, podemos intentar alzar como verdad el aserto de Rousseau. Pero en el horizonte profundo de la ideología comunista hay una apuesta por la desaparición de las clases, el Estado y el Poder. Esta utopía por la que muchos reman, el nihilismo crítico del postmoderno, la obvia, no puede leerla y la ha descartado del marxismo, convirtiendo a éste en una Coke Light bien fría.
Para profundizar en su análisis, el mago Baltodano, recurre con regocijo feliz a la atrabiliaria concepción de Santiago Argüello sobre el fetichismo religioso como raíz del caudillismo político nicaragüense. Ésta es una de las más grandes falacias o yerros en el evangelio de San Andrés. En primer lugar el fetichismo religioso no es privativo de las sociedades atrasadas como la nuestra. En Estados Unidos, por ejemplo, el fetiche religioso se invisibiliza –a los ojos de Baltodano, incapaz de ver la viga en las sociedades desarrolladas- cuando se convierte en moneda corriente, el dólar, cuya divisa es: In God we trust (En Dios confiamos). Y el dólar tiene más devotos que cualquier procesión patronal, la Semana Santa o las Purísimas. ¿O no Chon? Y en Europa, algunas sociedades evolucionadas, siguen creyendo que el poder de los reyes es de origen divino y que estos personajes gastones y dispendiosos (con lo que no les cuesta) representan la unidad nacional. Todavía nosotros los nicaragüenses, que creemos en Tata Combito, Minguito o Guachán, no pensamos tamaña estupidez en pleno siglo XXI. ¿Onofre?
Así mismo no sé cómo Baltodano, con su tesis del providencialismo religioso convertido en fetichismo revolucionario y causante de todos nuestros males, interpreta la confrontación de las masas nicaragüenses con Su Santidad Juan Pablo II, el Papa, en la Plaza 19 de Julio, durante su primera visita en 1982. Hecho fuerte en el ámbito estrictamente religioso e independiente de la manipulación del aparatchik sandinai. Para mí, fue un duelo al atardecer, un ajuste de cuentas, entre dos interpretaciones de la fe cristiana. Pese a todas las manipulaciones del poder, el evento es trascendental y muy significativo para cualquier análisis sociológico. Otra muestra que el providencialismo religioso no es óbice para las prácticas políticas del nicaragüense, es la primera derrota de Daniel Ortega mediante el voto. ¿Borregos no?
La comparación aventurada, liviana e irresponsable entre el Padre Nuestro, hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo y el ¡Dirección Nacional Ordene!, es tan sonso en su extrapolación, que no merece ningún comentario. Maestro Baltodano, le recomiendo dejar la mecánica popular de la sociología. Recuerde que en sociedades como la alemana, dueña de la mejor tradición filosófica occidental –exceptuando a los griegos-, hasta hace 60 años se desgañitaban gritando ¡Heil Hitler!
Me parece irrisoria la ingenuidad sociológica y la total ausencia de sospecha epistemológica sobre el mercado y la política en el catecismo de san Andrés Pérez Baltodano. Maestro, usted es lo suficientemente leído y experimentado, para saber que existe un principio político universal, no privativo de Nicaragua y que a la letra reza: “La política es la búsqueda del bien común mediante la demagogia. ¡No me diga que usted piensa que Bush, Mulrooney, Schroeder, Blair o Tanaka están más allá de la demagogia? No menciono siquiera la exhuberancia latina de los ilustres demagogos Aznar, Zapatero o Berlusconi.
Otra tragedia griega, a nivel teórico, son las hipótesis ingenuas, ideológicas y librescas de APB sobre el mercado o los mercados. Aquí la cosa es peor. Con la ingenuidad que lo caracteriza, este nicanadiense no incluye en su visión analítica del mercado el fenómeno de la corrupción. A esta altura del partido, después de grandes escándalos de corrupción en Alemania, Estados Unidos, Japón, no se puede obviar mucho menos negar que: “La corrupción ha demostrado ser una herramienta imprescindible para el desarrollo de todos los mercados, incluyendo al mercado de la política.”
Análisis como los de san Andrés los encuentro interesantes pero ligths, extemporáneos, incompletos y desubicados. Aquí en Nicaragua con o sin los análisis de Baltodano, Vargas, Núñez, Quezada, Chamorro, Correa, Montalbán y otros, la política criolla y nuestra clase política se moderniza. Tanto a diestra como a siniestra. Esto es inevitable. Ojalá que los analistas se modernicen, puedan captar el movimiento y no se queden solamente con las hojas del rábano. Porque en río confuso y revuelto, ganancia de pescadores. ¡Tomemos el anzuelo!