Opinión

Los fabulosos Beatles


En diciembre de 1962, abordé en el puerto de Barcelona, España, el Donizetti, un trasatlántico italiano que me dejaría en Panamá, después de navegar el Atlántico, atracar en el puerto de La Guaira en Venezuela y pasar por el Canal de Panamá. Venía a Managua, para de inmediato trabajar en el departamento de ingeniería de la Nicaragua Machinery Company.
Tengo evocaciones borrosas de la visita hecha a Caracas, asimismo del cruce por el Canal, toma del avión en Panamá y llegada vía Managua, a mi ciudad natal, Masaya. Recuerdo, dos o tres días después, estaba ante Carlos Gómez Argüello, dueño de la empresa que me acogió por casi una década y proporcionó grandes logros personales, unidos a sólidos lazos de amistad.
Pero del viaje y vivo en mi mente está, el conocer a Tim Maxwell-Hase y a su hermana menor Bib, dos inglesitos que viajaban a Perú, para encontrar a sus padres. Ellos, con un tocadiscos portátil, me debutaron ante el grupo de Liverpool. Quedé atónito ante aquel Love me do y PS I love you. Un nuevo sonido, un nuevo estilo, una nueva manera de hacer Rock, fascinó a mi ser.
Quizás tomó un año el penetrar en nuestro ambiente, pero cómo lo hicieron aquellos muchachitos nítidamente vestidos a la inglesa, con cortes de cabellos llamativos, maneras refinadas y bendecidos por Dios con el don de la genialidad. Llegaron para quedar colmados de leyendas entre nosotros y como mitos, perduran e identifican.
La entrada en Europa y América no fue fácil ante la avalancha de grandes individuos de la música como Elvis y su Return to sender, Ray Charles y I can´t stop loving you, el Limbo Rock de Chubby Checker y sus otros Twist o Del Shannon, Brenda Lee, Aretha Franklin y el también bien vestidito Pat Boone. Pero, con sus composiciones e interpretaciones, la consiguieron para bellas remembranzas por aquella década de grandes cambios.
Más no debemos pasarnos de la raya. No hubo “revolución” musical alguna. Eso sí, crearon un sonido único, sólo de ellos y sus voces, por cierto inimitables, a como hiciera Dámaso Pérez Prado una década antes o Santana, un decenio después. Luego entraron en la onda hippy, no tan solo en sus actuares, sino también con su música y letras de conceptos muy propios como Let it be, que consagra para siempre el contenido filosófico.
Por otra parte, hay que aceptarlo, existieron o existen para ciertos estratos. Nunca entraron en el gusto de la gente de color, de sectores menos privilegiados o de escasa instrucción. Llama asimismo la atención, tampoco actuaron por la América nuestra, pero ello no empaña en nada la genialidad referida. Fueron fabulosos. Sí, de fábula, por ende mi admiración desde aquel día en alta mar, hasta siempre y por ello, el título de esta oferta.
¡Ay, Lupita!