Opinión

¿Avance o retroceso?


2006 será un año político definitorio. Hacia un nuevo salto cualitativo a tono con los cambios de la región y del mundo, o hacia una prolongación del actual estancamiento, o peor aún hacia un franco retroceso, conforme a los dictados del neoliberalismo.
Un año de cambios sustantivos estimulados por los grandes éxitos de los pueblos del Sur, o de contención a estos cambios mediante una inusitada escalada de la agresión permanente de los gobiernos del Norte.
Un año también estimulado por las dos efemérides fundamentales, de Nicaragua y de la región, que expresan la concreción de los objetivos históricos de la lucha por la independencia, la soberanía, y la identidad nacional, como es el sesquicentenario de la Guerra Nacional, en el caso de Nicaragua; y de la unidad regional como un medio para garantizar la pervivencia de las naciones americanas y su gravitación en la geopolítica mundial, como lo es el ciento ochenta aniversario de El Congreso Anfictiónico, en el caso de la región.
Pero un año igualmente frenado por las mismas fuerzas que en su oportunidad quisieron liquidar Nicaragua y Centroamérica y que igualmente hicieron abortar el inmenso esfuerzo bolivariano por la integración política regional. Fuerzas que ahora se encuentran mucho más agresivas que nunca, quizás por lo debilitadas que se encuentran. Un año frenado por el neoliberalismo, una suerte de filibusterismo moderno.
El balance de la historia nacional y regional continúa gravitando, pues, alrededor de la lucha por la independencia, la soberanía y la identidad nacional, contra las fuerzas empeñadas en entregarlas al extranjero. Aunque éstas están perdiendo terreno aceleradamente a nivel regional.
El panorama electoral
Entonces, en las elecciones generales de noviembre de este año nuevamente se enfrentarán las fuerzas nacionalistas contra las fuerzas entreguistas. Y ambas recurrirán a la historia nacional y regional para potenciar sus posiciones. Las primeras convocando la solidaridad americana para reforzar la unidad regional, y las segundas asiéndose de-sesperadamente al inveterado intervencionismo de Estados Unidos.
Una lucha que girará en torno a la democracia. Y así será, para asombro de las fuerzas entreguistas. Porque en América realmente se está poniendo a prueba la democracia: como un método para decidir un determinado sistema de organización social, y no como un fanfárrico rito para reafirmar el capitalismo como único sistema —ahora en su despiadada fase de neoliberalismo.
En realidad, se está poniendo a prueba el respeto de la comunidad internacional a la voluntad popular de los países del Sur expresada democráticamente a favor de un sistema de organización social que reivindica la soberanía integral en contra de la sobreexplotación neoliberal.
En Nicaragua, sin embargo, la situación es más compleja. No sólo porque todavía vive las secuelas de la guerra revolucionaria con un altísimo nivel de intervención norteamericana, y porque Centroamérica continúa siendo el reducto de la dominación extranjera, sino también por la propia problemática interna de los partidos políticos mayoritarios del país.
La mayor secuela de la guerra revolucionaria continúa siendo la incapacidad de Washington de asumir su derrota en Nicaragua. De superar el escarnio permanente que esta derrota significa para su orgullo imperial, por no haber liquidado para siempre al sandinismo y a los sandinistas, como en su tiempo lo hizo con Zelaya y el zelayismo. Un acicate permanente para la venganza, que sin duda alcanzará el pico más alto en las elecciones generales de noviembre de este año —estimulada además esta venganza por el gobierno actual, que también se lamenta de la pervivencia vigorosa del Frente Sandinista.
Éstas serán en realidad las elecciones nicaragüenses más intervenidas por Estados Unidos. Más que las de 1928 y de 1932. Con el agravante de que éstas lo fueron bajo la intervención militar directa, que despertó el rechazo de la comunidad internacional; mientras que las de noviembre de este año están siendo intervenidas desde ahora mismo con la complicidad de esta comunidad, toda de corte neoliberal.
El pueblo desde luego rechaza este intervencionismo pero al mismo tiempo se siente intimidado por la avalancha desinformativa de la propaganda norteamericana y en general occidental en contra del Frente Sandinista, tan intensa como efectiva por la normalidad con que la enfocan los medios alineados al neoliberalismo, que le dan al intervencionismo un tratamiento de normalidad, convirtiéndolo en parte de la convención social.
Y esta realidad se agrava aún más porque los llamados candidatos alternativos a la presidencia de la República, y a otros cargos de elección popular, también aprueban este intervencionismo descarnado. Precisamente porque de él dependen sus posibilidades de éxito.
La situación del PLC
El Partido Liberal Constitucionalista (PLC) continúa debatiéndose entre un nacionalismo circunstancial, en apoyo de su máximo líder, y la temerosa, imprecisa y a veces demagógica decisión de reivindicar el liberalismo doctrinario de sus fundadores: Máximo Jerez, José Santos Zelaya, José Madriz y Benjamín Zeledón.
Por esta razón, constantemente el PLC se ve obligado a hacer gestos contradictorios: reafirmando su confianza en Washington y ratificando su compromiso incondicional con la democracia neoliberal, por una parte, y por la otra alejándose de la dependencia que le impusieron José María Moncada y Anastasio Somoza García. Los primeros celebrados y alentados por sus precandidatos presidenciales y para diputados, y los segundos cada vez más restringidos a la familia del ex presidente Arnoldo Alemán y sus allegados más íntimos.
Y es que el problema de Arnoldo Alemán no son los precandidatos disidentes, llamados alternativos, sino Washington, que inclusive podría escamotearle sus diputados a la Asamblea Nacional, después del triunfo.
La situación actual del PLC es trágica para Nicaragua. Porque, objetivamente, la derrota de Arnoldo Alemán favorece la política intervencionista de Washington, y porque no se le puede apoyar sin renunciar a los principios. Una disyuntiva real y una decisión arriesgada, sobre todo tomando en cuenta que aunque la posición del PLC es coyuntural eventualmente podría derivar en permanente. Una incógnita indescifrable. De solución nunca demostrable, solamente presentida.
La posición del Frente Sandinista
Por su parte, el Frente Sandinista tiene a su favor las nuevas circunstancias nacionales, regionales, y del mundo.
En el ámbito nacional, el desprestigio de tres gobiernos neoliberales que durante quince años han entregado totalmente el país al extranjero en perjuicio neto de la población, de la independencia y de la soberanía nacional; la nueva y productiva relación con la jerarquía católica y la profundización de su relación con las distintas denominaciones evangélicas; y su exitosa política de convergencia nacional a través de la cual ha logrado el control de casi noventa gobiernos municipales que a su vez son responsables de más del setenta por ciento de la población total del país.
A nivel regional, el impetuoso movimiento popular en contra del neoliberalismo y a favor de la identidad nacional, del desarrollo humano equitativo, y de la unidad regional como un medio para avanzar en el objetivo histórico de preservar la soberanía y lograr un peso específico determinante en la geopolítica universal, que tantos éxitos ha alcanzado en distintos países. En este sentido, será muy importante el triunfo del PRD en México, y por otras razones el de Oscar Arias en Costa Rica, porque su propia calidad de Premio Nobel de la Paz se verá obligado a impedir la intervención extranjera en el próximo proceso electoral, reivindicando el Acuerdo de Esquipulas.
E internacionalmente, el repudio universal a la política norteamericana de absoluto desprecio al Derecho Internacional y de violación sistemática a los Derechos Humanos, incluidos sus propios ciudadanos.
Pero también el Frente Sandinista está luchando cuesta arriba, frente al barrage ilimitado de la propaganda norteamericana y de la Comunidad Internacional en su contra y a favor de los llamados candidatos alternativos; y frente a una opinión pública cuyos distintos estratos superiores han asumido en diferente grado el convencionalismo social prefabricado por Washington en el sentido de que todo lo que está en contra del Frente Sandinista y particularmente de Daniel Ortega Saavedra es legítimo, y viceversa: es la ilegitimidad la que lo rodea.
Campaña anti Frente Sandinista
Y si bien es cierto que la política de estigmatización de la izquierda le ha producido a Washington resultados adversos en la región, en Nicaragua esta campaña aún podría tener efectos distintos, por las condiciones propias del país.
Lamentablemente, pues, los errores que interesadamente se le atribuyen al Frente Sandinista —que son los más—, y los que realmente comete el partido, pequeños y grandes, le permiten a
Washington y a sus aliados darle visos de legitimidad a su ilegítima intervención; y al establecimiento mediático neoliberal magnificarlos.
Porque el capitalismo real es imaginario y obligadamente recurre a la creación de imágenes positivas para la derecha y sus candidatos, y a destruir la de los de izquierda, creando para éstos la máxima imagen negativa. Imágenes que continuarán marcando con mayor intensidad la tónica de la propaganda electoral contra el Frente Sandinista.
Entre estas imágenes, en primer lugar se encuentra el manejo del Pacto con el PLC, no siempre exento de contradicciones, que ha involucrado a los Poderes del Estado y a otras instituciones autónomas. Y como subproducto del Pacto, pero de tal envergadura que lo trasciende, los vicios de la administración de justicia a todo nivel, que han alcanzado su máxima evidencia en el caso de los llamados narcodólares, frente a los cuales los magistrados aparecen actuando como magistrales prestidigitadores. Un manjar mediático.
Pero además está el hecho real de su actual heterogeneidad ideológica, producto de intereses diversos y fuente de contradicciones de toda índole, que lo inmovilizan. Por ejemplo, la evidente contradicción entre las posiciones de Daniel Ortega Saavedra, más apegadas a los objetivos estratégicos del Frente Sandinista y de la izquierda regional, y el quehacer político de sus principales cuadros, tan fuerte una posición como la otra que se neutralizan entre sí. Contradicciones que Washington y la derecha local aprovechan para efectos de imagen negativa.
Por todo esto el Frente Sandinista está obligado a asumir ahora una doble responsabilidad histórica: frente a Nicaragua y frente a la región, y no debe correr el riesgo de entrar debilitado al proceso electoral de este año. Debe corregir al máximo todos estos errores, comprometiendo además toda su habilidad política para liquidar la disyuntiva de avanzar o retroceder.
Managua, 2 de enero de 2006