Opinión

Herodes y los Magos de Oriente


Todavía estaban gozando los perros, este primer jueves de 2006, con la idea de que hubieran amanecido churucos en Año Nuevo todos los pelones de Nicaragua, cuando el de Masatepe en un gesto reflejo se pasó la mano por la cabeza para comprobar una vez más una evidente deserción capilar. Watson, como ya era habitual en él hasta el fastidio mismo, se colgaba de los cachetes de un ya casi resignado -por edad y sabiduría- Sherlock, quien después de gruñirle llamándolo al orden, inició la plática de esta manera: “Supe que por fin la iglesia acordó permitir el uso del condón, incluso a los célibes y a quienes hubieren hecho votos de castidad, con tal de que éste sea de color negro, para que así siempre tengan presente el color del pecado”.
Watson, quien como se recordará es de pelaje negro y con ojos de tizón, se tiró una carcajada canina e iconoclasta como siempre comentó: “¿Entonces los negros viven en pecado, y mortal cuando están erectos? Al paso que vamos se van a poner en uso los condones por afinidad ideológica: Los conservadores los van a usar verdes; los liberales, rojos; los nazis, blancos; los gay, rosados, y qué mala suerte las de los militantes de partidos con diversos colores en sus banderas. Aquello va a parecer un arcoiris”. El de Managua y el de Masatepe instaron a los perros a que abandonaran tan prosaica conversación y que buscaran un tema acorde con esta época de Año Nuevo.
“Pero que conste -protestó Sherlock-, que ese tema del condón es de actualidad y lo seguirá siendo mientras el sida continúe sus estragos cual una afrenta mundial, y cause tantas muertes en la humanidad. Es la plaga del siglo y el mayor flagelo, el cual no se puede soslayar con una farisaica retórica eclesiástica, de parte de quienes ni siquiera la practican en casa, como lo demuestra la enorme cantidad de curas pedófilos. ¿Estaban practicando sexo seguro todos los niños violados en Estados Unidos? Es una atrocidad combatir este problema con hipocresía y oscurantismo. Digo esto, y me callo, no sin dejar de recordar que en Nicaragua la peor plaga es la de la corrupción, y que ésta ha contado hasta con licencia cardenalicia. Para ella no se ha inventado todavía el condón que la detenga, como lo prueba la promiscuidad en que viven diputados, magistrados y dirigentes políticos con todo y confesores, que ya no solo no tratan de ocultar el que son portadores del VIH/CORRUPCION, sino que se han propuesto contagiar a más personas, para que así sus propias acciones se vean como una práctica normal”.
El de Managua trajo a colación un tema más acorde con el del jueves anterior, en que se conmemoró la matanza de los Santos Inocentes, pues según dijo el nicaragüense vive entre Herodes y Pilatos, y lo bambolean entre ambos. Pilatos, un verdadero magistrado de estos tiempos, lavándose las manos al decir que la justicia es ilegal, ilícita e inexistente. Herodes, Rey de Judea y embrión de los caudillos nicaragüenses, buscando cómo asegurar su poder y mandando a asesinar cualquier posibilidad de inocencia que pudiera poner en peligro su hegemonía de dictador. Según Mateo, dijo, sucedió así:
Al nacer Jesús en Belén de Judea, en tiempos del rey Herodes, ocurrió que unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén y dijeron: -¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto su estrella en el naciente, y venimos a adorarle. Al oírles, el rey Herodes se agitó, y, con él, Jerusalén entera; y, reuniendo a los grandes sacerdotes y sabios del pueblo les preguntó dónde había de nacer el Cristo, y le respondieron que en Belén. Entonces llamó a los magos y fingiendo un sano interés les pidió que cuando encontraran al niño se lo dijeran para ir él también a adorarle.
Adoración típica de los caudillos –comentó-, en cuyo corazón en realidad anida un propósito asesino, como cuando Somoza García, días antes de asesinarlo, abrazó a Sandino, lo cual históricamente se conoce como “el abrazo de la muerte”. La traición agazapada en el alma del mentiroso, que rehuye la imprescindible y ética búsqueda de la verdad.
En fin, guiados por la estrella se fueron los magos y encontraron al niño con María y lo adoraron postrándose ante él. Y abriendo sus arcas le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra, y se fueron a descansar. Pero en sueños tuvieron aviso de que no volvieran a ver a Herodes, pues el verdadero propósito de éste era asesinar al niño y se marcharon a su tierra por otro camino, y María y el niño huyeron a Egipto, pues un ángel también les avisó de las intenciones de Herodes, y éste, al ver que los magos lo habían engañado, se encolerizó y mandó a matar a todos los niños de Belén, de menos de dos años.”
-”¿Y el niño sobrevivió?”-, preguntó conmovido Watson. “Sí, respondió Sherlock, pero lo mataron más tarde cuando ya era un hombre de treintitrés años, pero lo que hicieron, como diría Ernesto Cardenal, fue enterrar una semilla.”