Opinión

Los avances en nuestra sociedad política


Otras veces lo he sostenido. El modelo político que se inauguró en los 90 no es una democracia, en el sentido etimológico profundo de este concepto (gobierno del pueblo, administrado por el pueblo, para servir a los intereses del pueblo). En este modelo, existe una perfecta desarticulación entre los intereses de los representados y los intereses de quienes aparecen como sus representantes; todas las decisiones económicas y políticas de naturaleza sustantiva las toman actores que no sólo no son electos, sino que son extranjeros; el poder institucional lo ejerce una minoría de cipayos fuera del pueblo, sin el pueblo, contra el pueblo. Sólo quienes degradan el concepto y lo hacen equivalente a procedimientos electorales pueden, por inercia hacia los lugares comunes o por vulgar cinismo, catalogar este modelo como una democracia.
Sin embargo, si comparamos la sociedad política somocista, la que terminó en el 79, con la sociedad política actual, la que comenzó en el 90, en esta última se revela una importante humanización en el ejercicio del poder y una relativa disminución de la exclusión política. En este sentido, el modelo actual es políticamente menos autoritario y restrictivo que el que funcionó durante la dinastía Somoza. Esto se puede poner de otra manera. Y afirmar que desde la caída del régimen somocista hasta hoy, ha habido algunas conquistas democráticas en nuestra sociedad política que aún conservan su vigencia.
¿Cuáles han sido estas conquistas?
Los derechos humanos
Ha habido un cambio sustancial en cuanto al respeto de los derechos humanos, especialmente manifiesto en hechos como que ya no existe el zoológico de los Somoza, y la tortura y el asesinato han desaparecido como prácticas sistemáticas en las cárceles. Dos factores primordiales explican este giro humanizador.
*) Uno, un cambio de calidad en el origen y naturaleza de las fuerzas armadas (Ejército y Policía). Éstas, por una parte, perdieron el carácter patrimonial con que funcionaban durante el somocismo; y por otra, construyeron sus propios valores sin que fuesen una copia del ejército gringo. De su raíz fundacional hasta hoy, los valores en las fuerzas armadas se han degradado mucho; y en ello la nefasta gestión de Javier Carrión con su monomanía de ingresar al “tubo estadounidense”, fue especialmente corrosiva. Sin embargo, todavía estos valores distan de ser un calco mimético de los del ejército USA.
*) El otro factor explicativo, tiene que ver con que en la conciencia colectiva la defensa de los derechos humanos se ha internalizado como una convicción con arraigo, herencia de que esta defensa constituyó la consigna central en las movilizaciones populares contra el régimen somocista.
Hay que recordar esta conquista porque los ritos electorales y la complicidad mediática, suelen ocultar que en nuestro continente sigue siendo una práctica usual la tortura y los asesinatos cometidos desde órganos del Estado. Un organismo no sospechoso de opuesto al Establishment, que posee una cosmovisión eurocéntrica aunque éticamente responsable, es Amnistía Internacional. Amnistía Internacional registra como prácticas usuales la tortura y el asesinato desde el Estado en los siguientes países: Colombia, México, Perú, Brasil, Bolivia, Argentina, Haití, República Dominicana, Paraguay, El Salvador, Honduras, Guatemala, Ecuador, Jamaica, Guayana, Bahamas, y Trinidad y Tobago.
Un caso especial para registrar en nuestra memoria es el de Estados Unidos. Especial, porque Estados Unidos, su gobierno, se autoerige paradigma de la civilización universal. Y porque en Nicaragua sus procónsules, los que permanecen y los que con recurrencia nos visitan, no cesan de dictar cátedra sobre derechos humanos y democracia. Salen a la luz cada vez más documentadas, incluso por medios del Establishment, las crecientes prácticas de torturas y asesinatos que el gobierno de Estados Unidos desarrolla, a lo largo y ancho del mundo. Allí están los detalles, al alcance de quienes no quieren vivir en un planeta amnésico, primero de Bagram y Abu Ghraib, después de Guantánamo, y ahora de las mazmorras secretas y globalizadas.
La Ley de Autonomía
La segunda gran conquista normalmente pasa inadvertida. Es la de que en el imaginario institucional se ha reconocido la alteridad cultural y étnica de la sociedad nicaragüense, con la promulgación de la Ley de Autonomía de 1987. Más allá del abismo que aún existe entre el reconocimiento institucional y la realidad práctico – histórica, y de los límites de la misma ley aunque sea, en su ámbito, la más avanzada del continente (una ley así no la tiene Bolivia o Guatemala, ni Perú o México, ni Costa Rica, Chile o Brasil). Este reconocimiento ha significado un robusto golpe a la cosmovisión etnocéntrica y racista de la oligarquía, empeñada en rechazar la diversidad étnica y cultural de la población del Caribe, como parte del imaginario de nuestra comunidad cultural y política. (Dos ejemplos precisos de sistematización de esta perspectiva oligárquica son: Carlos Cuadra Pasos con su propuesta de “colonialismo espiritual” de la Costa Atlántica; y Pablo Antonio Cuadra, con su trunca visión de “El Nicaragüense”).
Que nuestra región caribe ya no se llame Zelaya y que Puerto Cabezas sea Bilwi, son hechos que tienen una trascendencia mayor que la que comúnmente se percibe. Son hechos que nos abren espacios para alguna vez (cuando tengamos soberanía), construir una comunidad política que no sólo elimine la brutal exclusión económica, social y de género, sino que nutra su interculturalidad en la afirmación de un respeto a su diversidad.
Pequeños espacios para disentir del sistema
Por último, en los medios se abrieron ciertos espacios que persisten, a pesar de una tendencia a su clausura, que permiten expresar y mostrar perspectivas que no coinciden con la visión del mundo que promueve la dominación interna y externa (conceptos sinónimos a dominación interna y externa, serían: sistema, establecimiento, “establishment”, o con más rigor sistema imperial de dominación, que incluye una trama de actores internos y externos).
De los medios escritos, Barricada en su mejor momento de autonomía informativa, precisamente antes del asalto de Tomás Borge, tuvo esos espacios; END en su página de opinión los conserva, aunque su enfoque informativo se parezca cada vez más al de La Prensa; ciertas publicaciones mensuales y semanales los tienen. En el caso de los medios radiales, algunos los conservan. En la TV nunca existieron ni existen.
En un planeta donde impera el pensamiento único, chato y opresivo, es fundamental la conquista y conservación de estos espacios, aunque languidezcan y sean pequeños. Por pequeños y lánguidos que sean, abren rendijas para tener voz contra el conformismo y la obsecuencia, y rechazar el divorcio entre la realidad y la memoria. Ojo sí, en no confundirlos con eso que desde la SIP y sus congéneres se denomina como “libertad de prensa” o “libertad de expresión”, o más retóricamente como “combates por la libertad de la palabra”. Eso de la SIP y corifeos no es libertad de expresión, sino libertad empresarial, que es algo completamente diferente. Es otra cosa. Es la facultad que se arrogan los empresarios de medios para convertir la información en mercancía al servicio del poder y la riqueza, de monopolizarla para manipular, embrutecer y dominar a los pueblos. Es la facultad de utilizar los medios para vender morbo y violencia, para irrespetar la privacidad de los pobres, para ocultar, inventar y tergiversar los hechos, para invisibilizar a los humildes y darle protagonismo a los poderosos. Es uno de los mecanismos más brutales de acumulación y dominación que tiene el capitalismo contemporáneo.
El epílogo
El epílogo de este artículo constituye su componente más relevante. Y es que ninguna de estas conquistas que reseñamos y hacen referencia a auténticas transformaciones democráticas, se originó con los procedimientos electorales que se vienen celebrando de 1990 hasta hoy, y que la derecha y sectores claudicantes que fueron izquierda llaman como “la democracia”. Todas estas conquistas medulares que le dieron un viraje positivo al sistema político heredado del somocismo, nacieron con el proceso revolucionario de los 80. Son realmente una creación de la revolución sandinista.