Opinión

¿Y ahora quién es dependiente?


Si el gran economista argentino Raul Prebisch viviera actualmente, sin duda se preguntaría si el mundo está al revés. Su teoría de la „dependencia“, que tuvo una gran influencia, argumentaba que si los países pobres dependían demasiado de la exportación de productos primarios nunca alcanzarían la profundidad industrial necesaria para sostener un crecimiento acelerado. Se empantanarían, en cambio, en un ciclo de precios decrecientes de las materias primas a nivel global y una participación cada vez menor de los ingresos.
La respuesta de política favorita de Prebisch, el proteccionismo, resultó desastrosa para los muchos países latinoamericanos y africanos que le hicieron caso. Pero el hecho es que durante muchos años, Prebisch parecía haber predicho acertadamente las tendencias a largo plazo de los precios de los productos primarios. Los implacables avances en la agricultura y la extracción de recursos presionaron a la baja los precios de las materias primas, sobre todo durante los años ochenta y noventa. Con pocas excepciones, los países que se concentraban en la exportación de esos productos tuvieron desempeños muy pobres, mientras que muchos países asiáticos con pocos recursos se adelantaron.
Sin embargo, hoy en día, a medida que los gigantes asiáticos, India y China, se unen a la economía global, los precios del petróleo, el oro, el trigo y casi todas las demás materias primas están aumentando de manera explosiva. Si bien siempre habrá ciclos --por ejemplo, los precios del petróleo probablemente caerán antes de que vuelvan a empezar a elevarse-- la tendencia de largo plazo de muchos productos primarios se mantendrá claramente al alza durante algún tiempo.
Lo que muchos negociadores comerciales y otras personas encargadas del diseño de políticas parecen no haber reconocido todavía, aunque Prebisch se habría dado cuenta de inmediato, es que estos dramáticos acontecimientos tienen grandes implicaciones para el equilibrio global del poder. En efecto, tal vez ningún otro aspecto de la globalización económica habrá de plantear retos mayores a los líderes mundiales en las próximas décadas.
Hay muchas preguntas. ¿Están preparados los países ricos de hoy para una era de codependencia en la que ellos necesiten tanto las materias primas como los países en desarrollo necesitan las importaciones industriales y la tecnología? ¿Están preparados para el inevitable flujo de poder e influencia hacia los productores de materias primas a medida que éstos se hagan mucho más ricos? ¿Cómo se enfrentarán las dos superpotencias del mundo, China y Estados Unidos, al hecho de que hay regiones exportadoras de productos primarios importantes en África, el Medio Oriente y el Asia Central que están llenas de Estados nación mal formados?
Algunos profetas autoconsagrados describen el problema como uno de recursos naturales finitos en el que el mundo se está quedando sin materias primas críticas a un ritmo alarmante. Hoy en día, muchos respaldan la teoría del „pico de Huppert“ sobre la producción petrolera, que sostiene que hemos llegado a los límites superiores de la capacidad de producción, los pozos se están secando y todo empeorará a partir de ahora.
Sin embargo, como señala el destacado historiador del petróleo, Dan Yergin, los profetas de la desgracia ya han declarado al menos cuatro veces que el mundo se está quedando sin petróleo. Cada vez, la amenaza se evaporó debido a mejoras radicales en la tecnología. A finales del siglo XIX, la extracción del petróleo implicaba dragar con mulas. Actualmente nadie se sorprende de las perforaciones a 3,000 metros bajo el fondo marino. Ha habido mejoras similares en todos los sectores de la minería de metales y la agricultura.
No, el mundo no está a punto de quedarse sin materias primas. Lo que sucede, en cambio, es que la integración de 2.5 mil millones de personas (nada más China y la India) a la economía global está produciendo un cambio en la demanda que con seguridad ejercerá mucha mayor presión al alza sobre los precios de las materias primas de la que cualquier adelanto tecnológico pueda compensar. Así, al menos durante los próximos 50 a 75 años, y tal vez hasta que los humanos comiencen operaciones mineras en Marte en algún momento de los siglos venideros, los precios de muchos recursos naturales se
elevarán.
¿Se desestabilizará la política mundial por el reequilibrio del poder económico global que se desprenda de ello? La Primera Guerra Mundial, por supuesto, estalló en parte por la preocupación alemana de que las demás potencias coloniales tenían una proporción muy alta del suministro mundial de petróleo y materias primas. Igualmente, en la Segunda Guerra Mundial Japón temía por la estabilidad de su abasto extranjero de petróleo y otros recursos naturales. ¿Surgirán tensiones similares entre China, con su carencia de recursos (y donde incluso la escasez de agua es un probema) y Occidente?
Afortunadamente esto no parece probable por el momento, sobre todo dado el enfoque sobrio y pragmático de los líderes chinos en cuanto a sus problemas de recursos. Los chinos están mirando hacia regiones como África con la esperanza de hallar socios comerciales estables. No comparten el proselitismo político de los estadounidenses, quienes no sólo quieren comerciar con los exportadores de materias primas, sino también convertirlos.
Por otra parte, también están los líderes estadounidenses que hablan de hacer que Estados Unidos sea autosuficiente en su abasto energético. Pero eso es en esencia una broma: complacientes con ellos mismos, tal vez, pero autosuficientes, jamás. Es comprensible que gran parte del mundo árabe considere la invasión de Iraq como la piedra angular de la verdadera estrategia de Estados Unidos para asegurarse un suministro estable de energéticos. Si están en lo correcto, sólo nos queda esperar que Estados Unidos tenga un plan B.
Mientras tanto, los precios de las materias primas seguirán elevándose y actualmente los exportadores de petróleo son los mayores responsables del enorme déficit comercial de los Estados Unidos. Tal vez la estrategia estadounidense de hoy sea tratar de deberle tanto a los países exportadores de materias primas que éstos tengan que depender de que Estados Unidos esté contento. Eso es algo que Prebisch jamás habría previsto.
Kenneth Rogoff, ex economista en jefe del FMI, es profesor de Economía en la Universidad de Harvard. Copyright: Project Syndicate, 2005.
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